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Por José Luis Sierra Valentí o.p.
Primeros pasos
Durante mucho tiempo la historia de las religiones dependía de las cátedras de teología en las que comenzaron a apreciar como útil el material de los arqueólogos, etnólogos e historiadores: mitos, ritualidades, oraciones, cánticos, códigos de conducta, etc. para la interpretación de la Biblia.Se superaba de este modo mirar las otras religiones como credos poco evolucionados o ramas desviadas de un tronco primigenio. También se superaba el confrontar las religiones como «religión sobrenatural» versus «religión natural» ("invención"de los ilustrados). Poco a poco se fue contemplando al judeocristianismo dentro del inmenso mapa de representaciones de lo religioso, se analizaba su lenguaje simbólico común con las otras religiones y se valoraban más las semejanzas que las diferencias.Por su parte, la filosofía empezó a perder el miedo a defender una «religión natural», a pesar de las reticencias y reduccionismos de todo género. Hubo un paso de calidad al considerar que el objeto de la historia de las religiones no era propiamente Dios —objeto de la filosofía-teodicea—, ni menos la revelación —objeto de la teología (tratado «De revelatione»)—, sino el hecho religioso en la multiforme historia de las culturas y de los pueblos. Se trataba ante todo de evitar apriorismos que no estuvieran justificados por los datos que se iban descubriendo.
La crisis de la Adolescencia
Los apriorismos reduccionistas actuaron aún durante algún tiempo. De hecho las concepciones positivista de A. Conte y el darwinismo-evolucionista ofreció mucha resistencia a la nueva ciencia. Se trataba del reduccionismo que consideraba a las ciencias exactas como el saber definitivo que liquidaba los anteriores.Más tarde, serenada ya la moda evolucionista se vuelve hacia un enfoque en que la religión aparece con la "función" de ordenación vertebradora de una sociedad, que sustenta la organización social. Los «ritos de paso» dan sentido a los relatos míticos, todo dentro de un culto organizado y vertebrado socialmente (E. Durkheim).
Primera juventud
Pero los avances etnológicos y los descubrimientos arqueológicos trajeron mucha luz sobre los estadios del paleolítico y el neolítico. «Si damos marcha atrás en el tiempo, veremos que hay vestigios de la religión y de todas las instituciones fundamentales de la humanidad hasta llegar a un punto en que se desvanecen: y ése es precisamente el punto en que también se desvanece el hombre mismo» (Marett). Los estudios y observaciones de los pueblos primitivos actuales de Australia, África, América hizo valorar de otra manera la religión de los primitivos. Mediante distintos métodos los conceptos de magia, animismo, totemismo… fueron dejando paso a la conclusión de que esas religiones menos evolucionadas y esos textos primitivos son testigos fieles de las tradiciones anteriores no escritas con las que conectan unas con otras sin solución de continuidad.También los estudios de los textos sagrados de Oriente Medio y Egipto (Textos de las pirámides, Libro de los muertos, Poema de Gilgamesh, el Avesta, los textos budistas del Japón…) favoreció un giro metodológico hacia la investigación histórica de las mil facetas en que se manifestaba del hecho religioso, superando así los anteriores apriorismos y reduccionismos.
La entrada en la madurez
Tras la organización del abundante material religioso, procedente de todos los rincones del planeta y de las más variadas religiones, los investigadores se dedicaron, ahora también, a buscar un "punto de unión" o nudo que sirviera de referencia común a esa gran variedad de la historia humana religiosa, sin caer en los apriorismos y reduccionismos anteriores.
Nacieron, entonces, diversos enfoques y escuelas. Se oyeron y siguieron con expectación las opiniones de los autores que las dirigían. Hoy la historia de las religiones es uno de los campos más fecundos y fascinantes de la meditación sobre el hombre y el sentido de la existencia que tiene la humanidad.
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