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EL HECHO RELIGIOSO

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2. Estructura del hecho religioso

Por José Luis Sierra Valentí o.p.

2. estructura del Hecho Religioso

Aunque las religiones son muy numerosas, todas ellas tienen algo en común que las define como tales religiones y que las diferencia de otras manifestaciones, timos o sucedáneos. Estos rasgos forman la estructura (elementos comunes y definitorios) del Hecho Religioso):

El ámbito de lo sagrado

La actitud religiosa

Las expresiones de la actitud religiosa

La manifestación de lo Sagrado (hierofanías)

Partamos del hecho que no existe "La Religión" (así en abstracto), sino sólo "las religiones" históricas (o respuestas del hombre a través del tiempo). En todas ellas hallamos unos elementos comunes que es lo que llamamos "estructura de una religión".

Nuestra intención al abordar una descripción del fenómeno religioso se topa con la imposibilidad de captarlo desde un sólo ángulo, por lo que hay que abordarlo desde varios aspectos a la vez. Aspectos plurales que se complementan entre sí.

EL ÁMBITO DE "LO SAGRADO"

Hay una auténtica "atmósfera", un "clima" que baña a los fenómenos religiosos. Esta atmósfera no es algo real (un conjunto de actos), sino una forma peculiar de ser y de aparecer. Es algo muy vago y difícil de captar ya que no son elementos sumados sino una forma de organizarse. Es algo parecido a la estética de un cuadro abstracto, por ejemplo, que no consiste tan sólo en los colores y las formas existentes en él, sino a cómo éstas se organizan y contrapesan entre sí para que sean artísticas. No todo el mundo es capaz de captar dicha belleza, se necesita un mínimo de sensibilidad.

Veamos los rasgos básicos de lo "Sagrado" y luego como se organizan.

RASGOS DE "LO SAGRADO"

Una característica de las religiones es la oposición entre "sagrado-profano". ¿Qué es lo que los distingue?

Es superior: Una característica de las cosas sagradas es que son superiores a las profanas, tienen más poder y más dignidad. No es de todos modos ésta una característica muy determinante. Más bien se trata de un criterio muy general e impreciso.

Está a otro nivel: Hay tanta diferencia entre lo sagrado y lo profano que, con frecuencia, la oposición se convierte en antagonismo. Es una heterogeneidad absoluta. Las fuerzas de uno y otro ámbito son de distinta naturaleza y cada religión las entiende a su modo. Para pasar de un ámbito a otro, las religiones elaboran complicados ritos de iniciación.

Cada religión es, pues, una estructura organizada en torno a un grupo de cosas sagradas, con sus creencias y ritos, y todos sus elementos mantienen entre sí relaciones de coordinación y subordinación.

LA "RUPTURA DE NIVEL"

Este es un concepto muy bien expresado por Mircea Eliade. Consiste en una ruptura que se establece con la vida "ordinaria". El hombre religioso se comporta de una manera diferente al resto de humanos, o incluso él mismo se muestra diferente cuando no se compromete religiosamente. La vida "ordinaria", con sus facetas de subsistencia biológica, de relación social con el mundo que le rodea y de interpretación intelectual buscando el sentido de este mundo, obliga al hombre a zambullirse en la vida "intra-mundana".

Así pues, la Religión obliga al hombre a introducir en su vida un "supra" y un "prius" (lo sagrado) que desplazará lo intramundano a un segundo plano. El hombre comenzará así a existir de una "forma nueva". Se trata del mismo mundo pero vivido de otra manera. Es una nueva dimensión, un nuevo eje.

SIGNOS DE "RUPTURA DE NIVEL" QUE COMPORTA LO SAGRADO

La experiencia de lo "sagrado": Es la vivencia del "mysterium tremens et fascinans". La religión así vivida se convierte en una vivencia humilde y exultante a la vez que galvaniza al ser humano de tal manera que se convierte en apasionante. Es una clave positiva y abierta que personaliza y hace feliz a quien la experimenta.

Los ritos de iniciación (rupturas de alcance social). Mircea Eliade en su libro "Lo sagrado y lo profano" expone que dichas ceremonias iniciáticas son una manifestación religiosa prácticamente universal. Existen dos grandes formas que destacan por sí mismas:

Ritos de pubertad: Donde el joven se pone a vivir la divinidad, la sexualidad y la sociedad incorporándose a una experiencia existencial con su iniciación.

Ritos de muerte: que suponen el fin del hombre natural para pasar a una nueva forma de existir.

En ambas formas se necesita romper con la forma ordinaria de ser y de existir para comenzar a ser y a vivir de una manera enteramente nueva.

LA CONVERSIÓN Y LA ILUMINACIÓN

(rupturas interiores)

Los ritos iniciáticos suponen este estado de ánimo sin el cual es imposible lograr "el paso de un modo de ser a otro". "Sustituir una forma de ser por otra nueva" es lo que llamamos conversión. Es una actitud o, más bien, una auténtica revolución interior.

Dicha ruptura constituye un hito en la vida del convertido. Con frecuencia es una fecha que le recuerda el inicio de una total renovación (que surge tras una crisis radical y dolorosa). Es un renacimiento.

Dicha conversión ilumina el camino del hombre y constituye el fruto de "la llamada de Dios" al hombre. El hombre ha devuelto su respuesta (activa) con "fe" y "obediencia". El hombre renuncia a vivir su vida intramundana por otra de horizontes más amplios (iluminación, liberación, salvación...). Para conseguir la meta el hombre se ayuda de técnicas y prácticas (de autocontrol, ascéticas, yoga...).