Aunque las religiones son muy numerosas,
todas ellas tienen algo en común que las define como tales
religiones y que las diferencia de otras manifestaciones,
timos o sucedáneos. Estos rasgos forman la estructura
(elementos comunes y definitorios) del Hecho Religioso):
El ámbito de lo sagrado
La actitud religiosa
Las expresiones de la actitud
religiosa
La manifestación de lo Sagrado (hierofanías)
Partamos del hecho que no existe "La
Religión" (así en abstracto), sino sólo "las religiones"
históricas (o respuestas del hombre a través del tiempo). En
todas ellas hallamos unos elementos comunes que es lo que
llamamos "estructura de una religión".
Nuestra intención al abordar una
descripción del fenómeno religioso se topa con la
imposibilidad de captarlo desde un sólo ángulo, por lo que
hay que abordarlo desde varios aspectos a la vez. Aspectos
plurales que se complementan entre sí.
EL ÁMBITO DE "LO SAGRADO"
Hay una auténtica "atmósfera", un "clima"
que baña a los fenómenos religiosos. Esta atmósfera no es
algo real (un conjunto de actos), sino una forma peculiar de
ser y de aparecer. Es algo muy vago y difícil de captar ya
que no son elementos sumados sino una forma de organizarse.
Es algo parecido a la estética de un cuadro abstracto, por
ejemplo, que no consiste tan sólo en los colores y las formas
existentes en él, sino a cómo éstas se organizan y
contrapesan entre sí para que sean artísticas. No todo el
mundo es capaz de captar dicha belleza, se necesita un mínimo
de sensibilidad.
Veamos los rasgos básicos de lo "Sagrado"
y luego como se organizan.
RASGOS DE "LO SAGRADO"
Una característica de las religiones es la
oposición entre "sagrado-profano". ¿Qué es lo que los
distingue?
Es superior: Una característica de
las cosas sagradas es que son superiores a las profanas,
tienen más poder y más dignidad. No es de todos modos
ésta una característica muy determinante. Más bien se
trata de un criterio muy general e impreciso.
Está a otro nivel: Hay tanta
diferencia entre lo sagrado y lo profano que, con
frecuencia, la oposición se convierte en antagonismo. Es
una heterogeneidad absoluta. Las fuerzas de uno y otro
ámbito son de distinta naturaleza y cada religión las
entiende a su modo. Para pasar de un ámbito a otro, las
religiones elaboran complicados ritos de iniciación.
Cada religión es, pues, una estructura
organizada en torno a un grupo de cosas sagradas, con sus
creencias y ritos, y todos sus elementos mantienen entre sí
relaciones de coordinación y subordinación.
LA "RUPTURA DE NIVEL"
Este es un concepto muy bien expresado por
Mircea Eliade. Consiste en una ruptura que se
establece con la vida "ordinaria". El hombre religioso se
comporta de una manera diferente al resto de humanos, o
incluso él mismo se muestra diferente cuando no se compromete
religiosamente. La vida "ordinaria", con sus facetas de
subsistencia biológica, de relación social con el mundo que
le rodea y de interpretación intelectual buscando el sentido
de este mundo, obliga al hombre a zambullirse en la vida "intra-mundana".
Así pues, la Religión obliga al hombre a
introducir en su vida un "supra" y un "prius"
(lo sagrado) que desplazará lo intramundano a un segundo
plano. El hombre comenzará así a existir de una "forma
nueva". Se trata del mismo mundo pero vivido de otra manera.
Es una nueva dimensión, un nuevo eje.
SIGNOS DE "RUPTURA DE NIVEL" QUE COMPORTA LO SAGRADO
La experiencia de lo "sagrado": Es
la vivencia del "mysterium tremens et fascinans". La
religión así vivida se convierte en una vivencia humilde
y exultante a la vez que galvaniza al ser humano de tal
manera que se convierte en apasionante. Es una clave
positiva y abierta que personaliza y hace feliz a quien
la experimenta.
Los ritos de iniciación (rupturas
de alcance social). Mircea Eliade en su libro "Lo
sagrado y lo profano" expone que dichas ceremonias
iniciáticas son una manifestación religiosa prácticamente
universal. Existen dos grandes formas que destacan por sí
mismas:
Ritos de pubertad: Donde el
joven se pone a vivir la divinidad, la sexualidad y la
sociedad incorporándose a una experiencia existencial
con su iniciación.
Ritos de muerte: que suponen el
fin del hombre natural para pasar a una nueva forma de
existir.
En ambas formas se necesita romper con la
forma ordinaria de ser y de existir para comenzar a ser y a
vivir de una manera enteramente nueva.
LA CONVERSIÓN Y LA ILUMINACIÓN
(rupturas interiores)
Los ritos iniciáticos suponen este estado
de ánimo sin el cual es imposible lograr "el paso de un modo
de ser a otro". "Sustituir una forma de ser por otra nueva"
es lo que llamamos conversión. Es una actitud o, más bien,
una auténtica revolución interior.
Dicha ruptura constituye un hito en la
vida del convertido. Con frecuencia es una fecha que le
recuerda el inicio de una total renovación (que surge tras
una crisis radical y dolorosa). Es un renacimiento.
Dicha conversión ilumina el camino del
hombre y constituye el fruto de "la llamada de Dios" al
hombre. El hombre ha devuelto su respuesta (activa) con "fe"
y "obediencia". El hombre renuncia a vivir su vida
intramundana por otra de horizontes más amplios (iluminación,
liberación, salvación...). Para conseguir la meta el hombre
se ayuda de técnicas y prácticas (de autocontrol, ascéticas,
yoga...).