Se analiza el hecho religioso desde el
interior del propio sistema religioso: Se tiende
inconscientemente a una actitud "de defensa" de la propia
religión y ésta actúa como punto de referencia sobre el
valor o no-valor del hecho religioso contrastado.
Se adopta una actitud negativa ante el
hecho religioso, por el mero hecho de ser hecho
religioso: en tal caso la religión se considera como
formas de ver, opinar y actuar equivocados. Tal sería el
juicio que han hecho los llamados "maestros de la
sospecha", para quienes la religión no es más que meras
sublimaciones de los deseos humanos, causa de la
alienación del hombre ("opio del pueblo", o invención de
otro mundo porque se desprecia el presente, o
proyecciones del mundo infantil). Nada positivo se ve en
la religión obsesionados por prejuicios o experiencias
negativas previas.
Se adopta una actitud sincretista que
fundiría elementos religiosos y filosóficos heterogéneos.
Todo elemento humano y religioso forma parte de esta
estructura abierta, asistemática y sumativa. El poder del
Imperio Romano actuó así, formando un abigarrado panteón
heterogéneo y polivalente. En estos casos se suele
confundir las ideologías de poder o de resistencia al
poder con la religión, acabando en muchos casos en
reduccionismos empobrecedores.
Se manifiesta una actitud
pretendidamente neutral. Se pretende dar un voto de
confianza a la conciencia creyente y tratar de alcanzar
su sentido. Esta actitud es la más correcta de las
presentadas y la que recomendaríamos a la hora de
acercarse a valorar el hecho religioso, sea cual sea.