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LA ACTITUD RELIGIOSA

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RASGOS DE LA ACTITUD RELIGIOSA

Por José Luis Sierra Valentí o.p.

RASGOS DE LA ACTITUD RELIGIOSA

1. El reconocimiento del misterio

Es un "descentrarse" (del centro del hombre al centro del Misterio) pero en el que el hombre no debe abdicar nunca de su condición de hombre, de ser libre y autónomo. Si renunciara a ello la experiencia sería destructiva (que es lo que caracteriza a numerosos sectas-destructivas o NMR en la actualidad). La religión vocea que el ser humano no es incompatible con el reconocimiento de un Dios superior a él y que el hombre como ser libre no muere en relación con la divinidad.

Recordemos que en la "ruptura de nivel" la persona humana no es succionada por el misterio, o sea que no se debe producir ninguna pérdida, minusvaloración o renuncia de ningún elemento o espacio humano (no es una fuga o una renuncia del "intramundo" sino que más bien este contacto con lo de "mas allá", lo "totalmente otro", enriquece a la persona religiosa, complementándola con nuevas facetas y horizontes. Consiste más en un "teñido" de lo humano por lo santo, tomando así lo humano otra valoración añadida sin renunciar a la propiamente humana.

2. La búsqueda de la propia salvación

El reconocimiento del Misterio comporta también un aspecto nuevo, (en la línea de la "acción-búsqueda"). No supone una pasiva renuncia al ejercicio de las posibilidades humanas sino todo lo contrario. Exige la puesta en marcha de todas las posibilidades humanas como único medio de vislumbrar el "más allá" de sí mismo, que se anuncia con la aparición del misterio. No consiste en minusvalorarse, creerse "incapaz de", o empobrecido, sino en llevar a la máxima expresión todas sus capacidades humanas (ahora enriquecidas por lo santo).

Exige, por lo tanto, superar las limitaciones (las fronteras finitas) hacia la infinitud. La actitud religiosa no es una barrera que encierra el hombre, sino una ruptura de todas las barreras que supone el carácter finito del mundo. Es hacer viable el ansia de infinitud que toda persona humana lleva impresa en su interior.

Así, pues, la actitud religiosa es una "actitud salvífica", un "evangelion" (una buena noticia), una experiencia que da color y sabor a toda la existencia humana "como el mar inmenso, está todo él penetrado de un sólo sabor, el sabor de la sal, así este sistema está penetrado de un solo sabor, el sabor de la sal" (Buda).

 

3. Distintas actitudes religiosas

La persona humana puede reaccionar de muy distintas maneras ante la presencia de lo santo. Partiendo de una misma experiencia, o de un mismo encuentro, puede generar actitudes, estilos o maneras de responder distintas y aparentemente contrarias. Destaquemos unas cuantas, a modo de ejemplo.

a) Actitud de reconocimiento. Parte de la experiencia de haber sido sorprendido por la iniciativa del Ser Supremo (el misterio, lo santo) que se revela al ser humano y su entorno (hierofanía). La persona humana no encuentra modos racionales para referirse a él, le supera en su capacidad. No puede probar racionalmente su existencia, pero si aceptar que no es incompatible con su razón. Al no poder convertirlo en una posesión intelectual, simplemente reconoce que está más allá de su capacidad.

b) Actitud de estupor. La persona religiosa manifiesta su incapacidad para encontrar en sí o en su mundo algún punto adecuado de comparación con el misterio. Todas las realidades humanas quedan reducidas a la insignificancia ante la grandeza del misterio. La sensación de estar ante algo ilimitado le anonada, le "noquea" positivamente ya que se ve incapaz de captar su magnitud. Esta actitud no está todavía adjetivada.

c) Actitud de temor. Derivada de la actitud anterior de estupor y que en segundo paso se adjetiva. El estupor puede dejar paso a:

un temor existencial, cuando la absoluta superioridad del misterio deriva en un sentimiento de dependencia absoluta.

un temor ético, cuando ante la santidad del misterio, y en comparación con la suya propia, experimenta temerosamente su radical indignidad y su falibilidad.

d) Actitud de fascinación. El mismo estupor que ha provocado una adjetivación de temor puede provocar todo lo contrario, una actitud de exaltación y de júbilo. Ante la absoluta superioridad del misterio, capta y subraya las facetas de Sumo Bien y fin último del hombre sintiéndose arrastrado fascinantemente hacia él. Así, el misterio se revela al hombre y lo salva. Dicha salvación es bipolar:

por una parte, trascendente (pertenece a un orden distinto del profano y afecta a toda las esferas humanas),

por otra parte, inmanente (el hombre es el beneficiario de la salvación y responsable de su obtención).

e) Actitud simbólica. El sujeto religioso no se limita a vivir la presencia del misterio (ya sea temerosa o fascinantemente) que se le manifiesta en las hierofanías, sino que la proyecta sobre actos, objetos y personas. Además, la celebra exteriormente con palabras, ritos y comportamientos. Piensa que su experiencia no es para sí mismo y debe compartirla con otras personas que gozan, en mayor o menor medida, de dicha experimentación ("una religión no compartida no es religión").

 

4.Actitudes no religiosas

Salta a la vista que la religión se distingue de dos fenómenos aparentemente parecidos a ella, pero radicalmente distintos: la Idolatría y la magia.

a) La idolatría: Consiste en tomar por absolutas realidades de nuestro mundo, cosas que no son sobrenaturales. Son los ídolos. Ni decir tiene que en las auténticas religiones, el Misterio es, como hemos dicho, una realidad sobrenatural, mientras que en la idolatría no hay misterio, no hay ruptura de nivel, no hay, pues, contacto con el más allá. Fallan totalmente las características. Y esta carencia es sustituída (con mayor o menor intencionalidad o ignorancia) por "hechura de manos humanas", por sucedáneos. Son simplemente timos religiosamente hablando ("tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen…").

Una actitud religioso-idolátrica (mezcla de ambas) se da en las devociones a ciertas imágenes (en cualquier religión que las acepte se da este fenómeno). Los devotos objetivizan de tal modo una imagen (por ejemplo una advocación mariana dentro del catolicismo) que pierden el sentido del referente. El culto a tal imagen acaba siendo milagrera, o superior a todas las demás, cayendo en una actitud excluyente y desproporcionada sobre la apariencia de la imagen concreta y no de lo que significa. Lógicamente se admiten graduaciones, pero la tendencia es constatable en muchos lugares y referentes.

b) La magia: Es una técnica para dominar lo oculto, lo que de primeras escapa "al poder" de la mano del hombre. La magia pretende ser un poder para orientar las fuerzas ocultas según la voluntad del que la practica. Es la técnica usada por "Aladino y la lámpara maravillosa", en los famosos cuentos de "Las mil y una noches". El mago decide: qué, cuándo, cómo, porqué, en qué medida… el ser "a su servicio" (el pretendido "misterio") debe obedecer a su amo. El hombre domina a "lo Santo". Hay una clara inversión de papeles. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los magos se atrevían a imponer su poder a los dioses y hasta les amenazaban con destruirlos en caso de desobediencia.

Pero, a veces, las prácticas religiosas pueden parecer prácticas mágicas, o pueden ser tomadas así por algunos. En estos casos no estamos ante una religión auténtica o ante una experiencia religiosa auténtica. Hay interferencias que pueden enrarecer, dañar o anular la actitud religiosa, ya que la religión no somete al Absoluto al hombre sino lo contrario.

c) Diversos tipos de magia. La magia se funda en dos principios y, de acuerdo con ellos, distingue dos tipos de magia: magia homeopática (asociación de ideas por semejanza) y magia contaminante (asociación de ideas por contigüidad).

La magia homeopática: Se basa en el principio de que "lo semejante produce lo semejante". Así, pues, el mago cree que puede provocar el efecto deseado con tal de imitarlo. Es uso frecuente en este tipo de magia intentar dañar o destruir al enemigo dañando o destruyendo una imagen suya. Sus seguidores creen que lo que le ocurra a la imagen le ocurrirá también a la persona (neutralizándola, haciéndola padecer o desaparecer).

Esta magia era practicada en la India milenaria, fue muy extendida en Grecia y Roma en la edad antigua y todavía está viva en círculos animistas y credos primitivos de nuestro tiempo. Actualmente en el Perú aún encontramos grupos indios que moldean figuras de sebo mezclado con grano con la figura de la persona que odian o temen y después las queman en un sendero por el que tiene que pasar la víctima.

Esta magia comprende también gran número de prohibiciones o tabúes. La magia negativa o tabú es evitar el suceso que se teme. Los que creen en ella piensan que, si hacen determinadas cosas, se seguirán unas consecuencias inevitables y peligrosas para ellos. Entre los primitivos, muchos de los tabúes se refieren a los alimentos, pues igual que comen animales o plantas para adquirir ciertas cualidades interesantes, temen ser contagiados de otras indeseables. Por ejemplo, entre los aborígenes de Madagascar los guerreros no comen gallo que haya muerto en pelea. Creen que si el guerrero comiera gallo muerto en pelea podría ser herido o morir en combate.

La magia contaminante: Este tipo de magia cree que las cosas que estuvieron alguna vez en contacto siguen actuando entre ellas a distancia, de modo que lo que le ocurre a una le ocurre igualmente e la otra. Es el principio de asociación de ideas por contigüidad: las cosas que estuvieron alguna vez en contacto siguen estando en contacto. El ejemplo más común de este tipo de magia es la simpatía mágica que se cree que existe entre una persona y algunas partes de su cuerpo como el cabello, la sangre y las uñas.

En algunas tribus australianas se tenía la costumbre de arrancar a los muchachos uno o varios dientes en las ceremonias de iniciación a la vida adulta y estos dientes eran luego cuidadosamente escondidos para evitar que cayeran en manos de algún enemigo.

Algunas actitudes fetichistas a ciertas reliquias, desencadenaron en épocas pasadas (y aún hoy) una auténtica cultura mágica, con apariencia religiosa, vaciando el contenido catequético y de reverente recuerdo al que estaban llamadas, por una actitud fuertemente mágica y fundamentalista que nada tiene que ver con lo religioso.

d) La hechicería. La magia no se limita a buscar beneficios o daños para los individuos. Hay también una magia que podemos llamar pública, que se practica en beneficio de la comunidad en su conjunto. En ella el mago se convierte en hechicero y actúa como un funcionario público. Como de su actuación depende en gran medida el bienestar de la tribu, la figura del hechicero tiene gran influencia y llega a igualarse en rango con el jefe o el rey. Así, pues, el puesto de brujo (o hechicero) se convierte en un puesto social sumamente apetecible para los más hábiles y ambiciosos.

El mago tiene una creencia implícita, pero firme, en el orden y uniformidad de la naturaleza. Cree que las mismas causas producirán los mismos efectos, y que las ceremonias y los conjuros apropiados alcanzarán los resultados deseados, a menos que sean contrarrestados por los conjuros más poderosos de otro hechicero.

e) Relaciones entre magia, ciencia y religión:

Magia y ciencia: En ambas no hay esta ruptura de nivel. En ambas los acontecimientos se siguen de modo regular, determinados por leyes inmutables y pueden ser previstos y calculados con precisión. Ambas se rigen por la ley de concatenación causa-efecto.

El salto en falso de la magia estriba en su concepción errónea de estas leyes, que se deriva de una equivocada aplicación de la asociación de ideas por semejanza o por contigüidad. Cuando estos principios son correctamente aplicados producen la ciencia, pero cuando lo son erróneamente dan lugar a la brujería y la magia.

 

Magia y religión: La religión se propone conseguir una ruptura de nivel, dejando que unos poderes superiores al hombre, le abran a otras dimensiones, sin perder de vista las actuales. Implica, pues, la creencia en que el misterio potencia y respeta lo humano y le llena de una dimensión "divina" (o "santa"). En cambio, en la magia este "diálogo" o experiencia enriquecedora entre el hombre y la divinidad no se da. Todo queda dentro del ámbito de lo profano. G.Widengren opina que "Religión y magia subsisten una al lado de la otra como dos reacciones psíquicas diametralmente opuestas. En la religión, el hombre percibe su dependencia del poder determinante del destino en la existencia; en la magia, piensa ser él mismo ese poder o al menos poderlo controlar..."

Dos principios distintos inspiran, pues, la magia y la religión. Ello explica la hostilidad que ha existido desde siempre entre magos y sacerdotes. Frazer considera que en un primer momento el hombre se servia tanto de conjuros y encantamientos como de oraciones y sacrificios para conseguir sus propósitos. Practicaba, pues, simultáneamente ritos religiosos y mágicos.

Esta mezcla de magia y religión todavía se encuentra en muchos lugares de la propia Europa. Una costumbre curiosa se extendió en el mundo católico con excusa de las misas por los difuntos: las misas gregorianas (dichas en 30 días seguidos) o la del día de difuntos de celebrar tres misas seguidas y empalmadas. De este modo se presionaba a la divinidad "intensivamente" y se "sacaban más almas del purgatorio" a cambio de una misa (con su pertinente estipendio, si se me permite la maldad). El convencimiento mágico estribaba en que cuantas más misas se celebraran para un determinado difunto más se sentía obligado Dios a otorgar lo que se le pidiera.

Esta mezcla de magia y religión todavía se encuentra en muchos lugares en la actualidad. Entre la gente sencilla y de baja formación religiosa se cree todavía que los sacerdotes, por el mero hecho de serlo, tienen poderes especiales. Existen muchas "devociones populares" que creen que algunos santuarios o culto a las imágenes tienen tal eficacia que Dios se ve obligado a otorgar lo que se le pide.

La magia se mezcló con la religión desde antiguo, siendo una fuente de confusionismos. Parece ser que los estudiosos de estas manifestaciones opinan que la magia es más antigua que la religión. Obedece a un mundo de ideas más primitivo. La religión, en cambio, tiene como referente la acción de seres superiores al hombre. Concepción, por tanto, mucho más compleja. Por ello mientras que las prácticas de la magia son muy similares en todas partes, las creencias religiosas difieren enormemente, no sólo en distintos pueblos, sino también en las distintas épocas de un mismo pueblo.

"Es característico de la magia que se presente con formas exteriores tomadas de la religión, sigue opinando Widengren. Muchas veces puede ser muy difícil constatar si la actitud de una persona es mágica o religiosa. Es también significativo lo difícil que es a menudo trazar los límites entre oración y conjuro. En el fondo, la diferencia es completamente clara: la oración es dirigirse a la divinidad en cuanto determinante del destino; el conjuro es una fórmula mágica en la que el hombre da expresión a su propio deseo de ser él mismo el señor del destino."

Bibliografía BREVE:

Eliade, Mircea: Mito y realidad.- Ed Kairós, 1999

Eliade, Mircea: Lo santo y lo profano.- Paidós. Col. Orientalia, 1999

Eliade, Mircea: Tratado de Historia de las religiones (Morfología y dinámica de lo sagrado). Ed Cristiandad., 1981

MARTIN VELASCO, J de D., Introducción a la fenomenología de la religión. Ed. Cristiandad, 1987

OTTO, Rudolf,  Lo Santo, lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Alianza Edit., 1980

WIDERGRANDEN, G, Fenomenología de la religión. Ed. Cristiandad, 1976