RASGOS DE LA ACTITUD RELIGIOSA
1. El reconocimiento del misterio
Es un "descentrarse" (del centro del
hombre al centro del Misterio) pero en el que el hombre no
debe abdicar nunca de su condición de hombre, de ser libre y
autónomo. Si renunciara a ello la experiencia sería
destructiva (que es lo que caracteriza a numerosos
sectas-destructivas o NMR en la actualidad). La religión
vocea que el ser humano no es incompatible con el
reconocimiento de un Dios superior a él y que el hombre como
ser libre no muere en relación con la divinidad.
Recordemos que en la "ruptura de nivel" la
persona humana no es succionada por el misterio, o sea que no
se debe producir ninguna pérdida, minusvaloración o renuncia
de ningún elemento o espacio humano (no es una fuga o una
renuncia del "intramundo" sino que más bien este contacto con
lo de "mas allá", lo "totalmente otro", enriquece a la
persona religiosa, complementándola con nuevas facetas y
horizontes. Consiste más en un "teñido" de lo humano por lo
santo, tomando así lo humano otra valoración añadida sin
renunciar a la propiamente humana.
2. La búsqueda de la propia salvación
El reconocimiento del Misterio comporta
también un aspecto nuevo, (en la línea de la
"acción-búsqueda"). No supone una pasiva renuncia al
ejercicio de las posibilidades humanas sino todo lo
contrario. Exige la puesta en marcha de todas las
posibilidades humanas como único medio de vislumbrar el "más
allá" de sí mismo, que se anuncia con la aparición del
misterio. No consiste en minusvalorarse, creerse "incapaz
de", o empobrecido, sino en llevar a la máxima expresión
todas sus capacidades humanas (ahora enriquecidas por lo
santo).
Exige, por lo tanto, superar las
limitaciones (las fronteras finitas) hacia la infinitud. La
actitud religiosa no es una barrera que encierra el hombre,
sino una ruptura de todas las barreras que supone el carácter
finito del mundo. Es hacer viable el ansia de infinitud que
toda persona humana lleva impresa en su interior.
Así, pues, la actitud religiosa es una
"actitud salvífica", un "evangelion" (una buena noticia), una
experiencia que da color y sabor a toda la existencia humana
"como el mar inmenso, está todo él penetrado de un sólo
sabor, el sabor de la sal, así este sistema está penetrado de
un solo sabor, el sabor de la sal" (Buda).
3. Distintas actitudes religiosas
La persona humana puede reaccionar de muy
distintas maneras ante la presencia de lo santo. Partiendo de
una misma experiencia, o de un mismo encuentro, puede generar
actitudes, estilos o maneras de responder distintas y
aparentemente contrarias. Destaquemos unas cuantas, a modo de
ejemplo.
a) Actitud de reconocimiento. Parte de
la experiencia de haber sido sorprendido por la iniciativa
del Ser Supremo (el misterio, lo santo) que se revela al ser
humano y su entorno (hierofanía). La persona humana no
encuentra modos racionales para referirse a él, le supera en
su capacidad. No puede probar racionalmente su existencia,
pero si aceptar que no es incompatible con su razón. Al no
poder convertirlo en una posesión intelectual, simplemente
reconoce que está más allá de su capacidad.
b) Actitud de estupor. La persona
religiosa manifiesta su incapacidad para encontrar en sí o en
su mundo algún punto adecuado de comparación con el misterio.
Todas las realidades humanas quedan reducidas a la
insignificancia ante la grandeza del misterio. La sensación
de estar ante algo ilimitado le anonada, le "noquea"
positivamente ya que se ve incapaz de captar su magnitud.
Esta actitud no está todavía adjetivada.
c) Actitud de temor. Derivada de la
actitud anterior de estupor y que en segundo paso se
adjetiva. El estupor puede dejar paso a:
un temor existencial, cuando la
absoluta superioridad del misterio deriva en un
sentimiento de dependencia absoluta.
un temor ético, cuando ante la
santidad del misterio, y en comparación con la suya
propia, experimenta temerosamente su radical indignidad y
su falibilidad.
d) Actitud de fascinación. El mismo
estupor que ha provocado una adjetivación de temor puede
provocar todo lo contrario, una actitud de exaltación y de
júbilo. Ante la absoluta superioridad del misterio, capta y
subraya las facetas de Sumo Bien y fin último del hombre
sintiéndose arrastrado fascinantemente hacia él. Así, el
misterio se revela al hombre y lo salva. Dicha salvación es
bipolar:
por una parte, trascendente (pertenece
a un orden distinto del profano y afecta a toda las
esferas humanas),
por otra parte, inmanente (el hombre
es el beneficiario de la salvación y responsable de su
obtención).
e) Actitud simbólica. El sujeto
religioso no se limita a vivir la presencia del misterio (ya
sea temerosa o fascinantemente) que se le manifiesta en las
hierofanías, sino que la proyecta sobre actos, objetos y
personas. Además, la celebra exteriormente con palabras,
ritos y comportamientos. Piensa que su experiencia no es para
sí mismo y debe compartirla con otras personas que gozan, en
mayor o menor medida, de dicha experimentación ("una religión
no compartida no es religión").
4.Actitudes no religiosas
Salta a la vista que la religión se
distingue de dos fenómenos aparentemente parecidos a ella,
pero radicalmente distintos: la Idolatría y la magia.
a) La idolatría: Consiste en tomar por
absolutas realidades de nuestro mundo, cosas que no son
sobrenaturales. Son los ídolos. Ni decir tiene que en las
auténticas religiones, el Misterio es, como hemos dicho, una
realidad sobrenatural, mientras que en la idolatría no hay
misterio, no hay ruptura de nivel, no hay, pues, contacto con
el más allá. Fallan totalmente las características. Y esta
carencia es sustituída (con mayor o menor intencionalidad o
ignorancia) por "hechura de manos humanas", por sucedáneos.
Son simplemente timos religiosamente hablando ("tienen ojos y
no ven, tienen oídos y no oyen…").
Una actitud religioso-idolátrica
(mezcla de ambas) se da en las devociones a ciertas imágenes
(en cualquier religión que las acepte se da este fenómeno).
Los devotos objetivizan de tal modo una imagen (por ejemplo
una advocación mariana dentro del catolicismo) que pierden el
sentido del referente. El culto a tal imagen acaba siendo
milagrera, o superior a todas las demás, cayendo en una
actitud excluyente y desproporcionada sobre la apariencia de
la imagen concreta y no de lo que significa. Lógicamente se
admiten graduaciones, pero la tendencia es constatable en
muchos lugares y referentes.
b) La magia: Es una técnica para
dominar lo oculto, lo que de primeras escapa "al poder" de la
mano del hombre. La magia pretende ser un poder para orientar
las fuerzas ocultas según la voluntad del que la practica. Es
la técnica usada por "Aladino y la lámpara maravillosa", en
los famosos cuentos de "Las mil y una noches". El mago
decide: qué, cuándo, cómo, porqué, en qué medida… el ser "a
su servicio" (el pretendido "misterio") debe obedecer a su
amo. El hombre domina a "lo Santo". Hay una clara inversión
de papeles. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los magos se
atrevían a imponer su poder a los dioses y hasta les
amenazaban con destruirlos en caso de desobediencia.
Pero, a veces, las prácticas religiosas
pueden parecer prácticas mágicas, o pueden ser tomadas así
por algunos. En estos casos no estamos ante una religión
auténtica o ante una experiencia religiosa auténtica. Hay
interferencias que pueden enrarecer, dañar o anular la
actitud religiosa, ya que la religión no somete al Absoluto
al hombre sino lo contrario.
c) Diversos tipos de magia. La magia
se funda en dos principios y, de acuerdo con ellos, distingue
dos tipos de magia: magia homeopática (asociación de ideas
por semejanza) y magia contaminante (asociación de ideas por
contigüidad).
La magia homeopática: Se basa en el
principio de que "lo semejante produce lo semejante". Así,
pues, el mago cree que puede provocar el efecto deseado con
tal de imitarlo. Es uso frecuente en este tipo de magia
intentar dañar o destruir al enemigo dañando o destruyendo
una imagen suya. Sus seguidores creen que lo que le ocurra a
la imagen le ocurrirá también a la persona (neutralizándola,
haciéndola padecer o desaparecer).
Esta magia era practicada en la India
milenaria, fue muy extendida en Grecia y Roma en la edad
antigua y todavía está viva en círculos animistas y credos
primitivos de nuestro tiempo. Actualmente en el Perú aún
encontramos grupos indios que moldean figuras de sebo
mezclado con grano con la figura de la persona que odian o
temen y después las queman en un sendero por el que tiene que
pasar la víctima.
Esta magia comprende también gran número
de prohibiciones o tabúes. La magia negativa o tabú es evitar
el suceso que se teme. Los que creen en ella piensan que, si
hacen determinadas cosas, se seguirán unas consecuencias
inevitables y peligrosas para ellos. Entre los primitivos,
muchos de los tabúes se refieren a los alimentos, pues igual
que comen animales o plantas para adquirir ciertas cualidades
interesantes, temen ser contagiados de otras indeseables. Por
ejemplo, entre los aborígenes de Madagascar los guerreros no
comen gallo que haya muerto en pelea. Creen que si el
guerrero comiera gallo muerto en pelea podría ser herido o
morir en combate.
La magia contaminante: Este tipo de
magia cree que las cosas que estuvieron alguna vez en
contacto siguen actuando entre ellas a distancia, de modo que
lo que le ocurre a una le ocurre igualmente e la otra. Es el
principio de asociación de ideas por contigüidad: las cosas
que estuvieron alguna vez en contacto siguen estando en
contacto. El ejemplo más común de este tipo de magia es la
simpatía mágica que se cree que existe entre una persona y
algunas partes de su cuerpo como el cabello, la sangre y las
uñas.
En algunas tribus australianas se tenía la
costumbre de arrancar a los muchachos uno o varios dientes en
las ceremonias de iniciación a la vida adulta y estos dientes
eran luego cuidadosamente escondidos para evitar que cayeran
en manos de algún enemigo.
Algunas actitudes fetichistas a ciertas
reliquias, desencadenaron en épocas pasadas (y aún hoy) una
auténtica cultura mágica, con apariencia religiosa, vaciando
el contenido catequético y de reverente recuerdo al que
estaban llamadas, por una actitud fuertemente mágica y
fundamentalista que nada tiene que ver con lo religioso.
d) La hechicería. La magia no se
limita a buscar beneficios o daños para los individuos. Hay
también una magia que podemos llamar pública, que se practica
en beneficio de la comunidad en su conjunto. En ella el mago
se convierte en hechicero y actúa como un funcionario
público. Como de su actuación depende en gran medida el
bienestar de la tribu, la figura del hechicero tiene gran
influencia y llega a igualarse en rango con el jefe o el rey.
Así, pues, el puesto de brujo (o hechicero) se convierte en
un puesto social sumamente apetecible para los más hábiles y
ambiciosos.
El mago tiene una creencia implícita, pero
firme, en el orden y uniformidad de la naturaleza. Cree que
las mismas causas producirán los mismos efectos, y que las
ceremonias y los conjuros apropiados alcanzarán los
resultados deseados, a menos que sean contrarrestados por los
conjuros más poderosos de otro hechicero.
e) Relaciones entre magia, ciencia y
religión:
Magia y ciencia: En ambas no hay esta
ruptura de nivel. En ambas los acontecimientos se siguen de
modo regular, determinados por leyes inmutables y pueden ser
previstos y calculados con precisión. Ambas se rigen por la
ley de concatenación causa-efecto.
El salto en falso de la magia estriba en
su concepción errónea de estas leyes, que se deriva de una
equivocada aplicación de la asociación de ideas por semejanza
o por contigüidad. Cuando estos principios son correctamente
aplicados producen la ciencia, pero cuando lo son
erróneamente dan lugar a la brujería y la magia.
Magia y religión: La religión se
propone conseguir una ruptura de nivel, dejando que unos
poderes superiores al hombre, le abran a otras dimensiones,
sin perder de vista las actuales. Implica, pues, la creencia
en que el misterio potencia y respeta lo humano y le llena de
una dimensión "divina" (o "santa"). En cambio, en la magia
este "diálogo" o experiencia enriquecedora entre el hombre y
la divinidad no se da. Todo queda dentro del ámbito de lo
profano. G.Widengren opina que "Religión y magia subsisten
una al lado de la otra como dos reacciones psíquicas
diametralmente opuestas. En la religión, el hombre percibe su
dependencia del poder determinante del destino en la
existencia; en la magia, piensa ser él mismo ese poder o al
menos poderlo controlar..."
Dos principios distintos inspiran, pues,
la magia y la religión. Ello explica la hostilidad que ha
existido desde siempre entre magos y sacerdotes. Frazer
considera que en un primer momento el hombre se servia tanto
de conjuros y encantamientos como de oraciones y sacrificios
para conseguir sus propósitos. Practicaba, pues,
simultáneamente ritos religiosos y mágicos.
Esta mezcla de magia y religión todavía se
encuentra en muchos lugares de la propia Europa. Una
costumbre curiosa se extendió en el mundo católico con excusa
de las misas por los difuntos: las misas gregorianas (dichas
en 30 días seguidos) o la del día de difuntos de celebrar
tres misas seguidas y empalmadas. De este modo se presionaba
a la divinidad "intensivamente" y se "sacaban más almas del
purgatorio" a cambio de una misa (con su pertinente
estipendio, si se me permite la maldad). El convencimiento
mágico estribaba en que cuantas más misas se celebraran para
un determinado difunto más se sentía obligado Dios a otorgar
lo que se le pidiera.
Esta mezcla de magia y religión todavía se
encuentra en muchos lugares en la actualidad. Entre la gente
sencilla y de baja formación religiosa se cree todavía que
los sacerdotes, por el mero hecho de serlo, tienen poderes
especiales. Existen muchas "devociones populares" que creen
que algunos santuarios o culto a las imágenes tienen tal
eficacia que Dios se ve obligado a otorgar lo que se le pide.
La magia se mezcló con la religión desde
antiguo, siendo una fuente de confusionismos. Parece ser que
los estudiosos de estas manifestaciones opinan que la magia
es más antigua que la religión. Obedece a un mundo de ideas
más primitivo. La religión, en cambio, tiene como referente
la acción de seres superiores al hombre. Concepción, por
tanto, mucho más compleja. Por ello mientras que las
prácticas de la magia son muy similares en todas partes, las
creencias religiosas difieren enormemente, no sólo en
distintos pueblos, sino también en las distintas épocas de un
mismo pueblo.
"Es característico de la magia que se
presente con formas exteriores tomadas de la religión, sigue
opinando Widengren. Muchas veces puede ser muy difícil
constatar si la actitud de una persona es mágica o religiosa.
Es también significativo lo difícil que es a menudo trazar
los límites entre oración y conjuro. En el fondo, la
diferencia es completamente clara: la oración es dirigirse a
la divinidad en cuanto determinante del destino; el conjuro
es una fórmula mágica en la que el hombre da expresión a su
propio deseo de ser él mismo el señor del destino."
Bibliografía BREVE:
Eliade, Mircea: Mito y realidad.- Ed
Kairós, 1999
Eliade, Mircea: Lo santo y lo profano.-
Paidós. Col. Orientalia, 1999
Eliade, Mircea: Tratado de Historia de las
religiones (Morfología y dinámica de lo sagrado). Ed
Cristiandad., 1981
MARTIN VELASCO, J de D., Introducción a la
fenomenología de la religión. Ed. Cristiandad, 1987
OTTO, Rudolf, Lo Santo, lo racional
y lo irracional en la idea de Dios. Alianza Edit., 1980
WIDERGRANDEN, G, Fenomenología de la
religión. Ed. Cristiandad, 1976