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RELIGIÓN - RELIGIONES
EXPRESIONES RELIGIOSAS

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Por José Luis Sierra Valentí o.p.

ESTRUCTURA HOLÍSTICA DEL SER HUMANO

El ser humano concebido de modo holístico, o sea en su totalidad, es todo él intercomunicado. Sus aspectos somáticos, psicológicos, culturales, axiológicos… se interconectan formando un todo único. Así, pues, sus búsquedas, sus experiencias sensibles tienen necesidad de manifestarse no sólo en esta área sino que llama en su ayuda a otras partes del cuerpo, de la cultura… etc. La experiencia religiosa se vive y se expresa a través de palabras, gestos, acciones, comportamientos...

Vamos a analizar los elementos más típicos de la expresión religiosa. Hemos de advertir que la mayoría de ellos son "expresiones simbólicas" y, por lo tanto, si queremos entenderlos, no debemos quedarnos en ellos mismos, sino que debemos mirar hacia la realidad que simbolizan.

1. EL MITO

El mito religioso es un relato, generalmente dramático, situado en un pasado remoto, que tiene como finalidad explicar el porqué y el para qué de lo que existe, referido al Misterio Ultimo.

Hay mitos de muy diversas clases. Los hay que se refieren a los orígenes de los dioses (teogonías) o del universo (cosmogonías). Otros son explicaciones de ciertos aspectos de la creación (mitos cosmogónicos) o del hombre (mitos antropológicos) o del fin del mundo (mitos escatológicos), etc.

Los mitos teístas –teogonías, cosmogonías, apocalipticos– tienen a la divinidad por objeto y expresan las relaciones fundamentales entre Dios, creador de todo bien, y el hombre, que sabe que el mundo pertenece a Otro.

Los mitos antropológicos tienen al hombre como protagonista de los mitos (por ejemplo: origen de la guerra (Caín y Abel); libertad y responsabilidad del cuidado del universo (cuidado del Paraíso…), la desviación y contradicción humana (el tema adánico de la caída). Así también el mito órfico, centrado en la migración de las almas y en su reencarnación indefinida en los cuerpos, que son cárceles del alma...

 

Todos ellos tienen como función explicar el sentido de aquello que el hombre encuentra en su existencia. Pero, con facilidad, pueden ser interpretados erróneamente, si no conocemos la estructura mítica con que están construidos.

Todo mito posee una parte externa, un lenguaje, unos referentes culturales, una poesía metafórica… que actúa como envoltorio. Y un contenido profundo, más abstracto e ideológico que es lo que se nos quiere manifestar. Es el objetivo del mito. Llegar a entender este aspecto es fundamental.

Si nos quedamos sólo en el relato literario (la letra del mito), descubriremos que es una ficción; lo que se nos narra es un acontecimiento que no ha ocurrido así o simplemente se ha inventado de planta. Pero si atendemos al significado del mito, vemos que el mito es real, describe la realidad de la vida del hombre y proclama la verdad de esa realidad. Por eso el mito es un relato en el que el hombre religioso se identifica siempre con él. En él ve reflejada su propia existencia y la entiende así, llena de sentido. El mito es lo que el misterio quiere manifestar al hombre. Comprenderlo es comprender un poco más al Misterio, a lo Santo.

 

2. LA DOCTRINA RELIGIOSA

La doctrina religiosa supone un mayor grado de abstracción que el mito. Se desarrolla a través de aclamaciones cúlticas (culto), fórmulas dogmáticas (confesiones de fe), normas prácticas de conducta (moral), elaboración sistemática de la fe de una comunidad (teología) e integración racional de la misma en la visión que el hombre tiene de sí y del mundo, etc.

a) El cauce normal para que se exprese la actitud religiosa (o culto) es una institución religiosa. Tres elementos son necesarios para ello: uno, girarse hacia el Absoluto, es decir, una espiritualidad (una mística); otro, una simbólica expresiva, es decir, una mítica (unos símbolos); y tercero, una regulación social y unifomadora de las formas de expresividad (unos ritos). Esta organización hace que la mística sea vivida y que la mítica sea comunicable. Ritos y mitos, además de unir a la divinidad, refuerzan la solidaridad del grupo.

b) Con el culto la actitud religiosa se exterioriza y se convierte en un acto compartido y gratificante de vivir el misterio a través de la alegría (fascinans) o del temor (tremens) que produce en nosotros. Sus funciones son: Indicar lo que sucedió en la actuación divina; escenificar lo que significa en el "aquí" y "ahora" de la celebración; y periodizar cuanto se ha realizado en unos momentos cronológicos (fiestas) y en un espacio acotado (templos)

c) Los principales actos de culto son: la oración (invocación reverente que eleva todo el ser hacia el Misterio en una actitud de apertura hacia lo santo; y los rituales propiamente dichos, que vienen a ser la identificación con el mito que se expresa y se exterioriza mediante una serie de acciones (ritos), gestos (símbolos) y palabras (oraciones).

d) La oración. La oración es la palabra por la que el hombre religioso eleva su mente, su corazón y todo su ser hacia el Misterio Ultimo en una alabanza, una súplica, e incluso, a veces, en una queja. La oración es, probablemente, la expresión religiosa más típica y más auténtica. Es el reconocimiento más patente de que toda la existencia está referida al Misterio Ultimo.

 

La oración brota de un sentimiento de dependencia, pero en todas las religiones su lenguaje es más próximo al amor y a la poesía que al temor. Cuando hacemos un recorrido por todas las formas de oración que nos ofrecen las distintas religiones, vemos que el hombre religioso vive una serena confianza y una gran paz ante la divinidad.

Hemos de distinguir entre oración y "conjuro". El conjuro es una fórmula mágica, uno de los componentes imprescindibles en la técnica de la magia. La recitación del conjuro tiene como finalidad producir un efecto "sobrenatural" (o más bien de control de lo oculto).

A veces hay personas que hacen un uso mágico de la oración recitando sus fórmulas para conseguir "automáticamente" algo, pero está claro que no se trata aquí de una práctica religiosa. No es ése el sentido auténtico de la oración, ni siquiera en las religiones primitivas. La oración es un sentimiento de abandono, de confianza, de reconocimiento fascinador, de temor obediente, o de rebeldía racional frente a lo Santo, frente al Misterio que se nos manifiesta. Un juego variadísimo de oraciones encontramos en todas las religiones.

 

e) El rito. Como hemos dicho antes, el hombre religioso se identifica con el arquetipo de su existencia, reflejado en el mito. Esa identificación no se produce sólo de forma subjetiva, sino que se expresa, se exterioriza mediante una serie de acciones y gestos. Son los ritos.

En las religiones mito y rito aparecen íntimamente ligados. El mito es la palabra sagrada y el rito la acción que la hace presente aquí y ahora. O bien, al revés, el rito es la acción sagrada y el mito la palabra que la explica y la motiva.

Existen ritos de conjuro para alejar peligros o evitar daños (el ruido, el soplo, la saliva, el fuego, el agua y otros gestos); ritos de tránsito, que garantizan el éxito futuro de los momentos de transición de que se compone la vida natural (el nacimiento, la pubertad, el matrimonio, la muerte); ritos de sacrificio, que introduce en el ámbito de lo sagrado una realidad profana (la "víctima") para consagrarla y que, al ponerse del lado de la divinidad, queda separada de sus usos profanos, con lo que queda asegurada la expiación y la comunión.

El mito expresa con palabras el mundo de lo trascendente y el rito lo hace presente. Así, por el rito, el hombre manifiesta "aquí" (templo, santuario…) y "ahora" (celebración, liturgia, fiesta….) con gestos, acciones y palabras la relación de unión o de compenetración entre la propia vida del hombre (lo Profano) y la realidad sobre-natural (lo Santo). El hombre religioso cree en la "eficacia de los ritos", no porque se trate de una acción mágica, sino porque son el lugar de encuentro con lo trascendente (un sacramento) y porque, en definitiva, dan un auténtico sentido a la existencia.

f) Las leyes de pureza. Otro elemento que nos encontramos en todas las religiones es el conjunto de leyes de prohibición de "lo impuro" y de adquisición de la pureza. Veamos su sentido.

El "tabú" y la impureza: "Lo que -con la palabra indonesia adoptada por los etnólogos- se llama ‘tabú’ es precisamente esa condición de los objetos, de las acciones o de las personas ‘aisladas’, ‘prohibidas’ por el peligro que su contacto lleva consigo. En general es o se convierte en tabú todo objeto, acción o persona que aparezca poseída por la fuerza de una naturaleza más o menos incierta" (Mircea Eliade)

Mediante el tabú se pretende evitar ser contagiado o poseído por esa fuerza de naturaleza incierta. Se elude el contacto con situaciones, objetos o personas que la tengan: se aísla a los muertos, a los enfermos, a la mujer en menstruación, a determinados animales, al sexo, a determinadas zonas geográficas... Todo esto es tabú.

La persona que no respeta el tabú se convierte en impura. El hombre impuro es aislado a su vez. Pierde su capacidad de relación, incluso con el Misterio Ultimo, ya que lo divino es sobrenaturalmente puro, incontaminado, inmutable, santo.

 

Las leyes de pureza y la moral: Paralelamente al ‘tabú’, encontramos en las religiones una serie de leyes para obtener la pureza requerida en el hombre. Tienen una doble finalidad: restablecer el orden perturbado por la trasgresión del tabú y hacer al hombre capaz de relacionarse con el Misterio Ultimo. Podemos decir que todas las normas morales de las religiones tienen aquí su justificación. Incluso las normas de relación con el prójimo encuentran su explicación última en la necesidad de presentarse puro ante la divinidad.

 

Hay que acomodar la propia persona a la ‘santidad’ del Misterio Ultimo para poder relacionarse con él, y así alcanzar la plenitud de la propia existencia. En el fondo, todo se reduce, como dice el libro del Levítico, a un solo precepto: ‘Sed santos, porque yo, Yawé, vuestro Dios, soy Santo’ (Lv.19,2)"

 

3. MANIFESTACIONES EN LA ÉTICA, LA ESTÉTICA Y LA SOCIEDAD

Otras manifestaciones externas de la actitud religiosa se dan en la ética, la estética y la sociedad.

a) En la ética. Si no se puede reducir la religión a la moral, lo que sí resulta claro es la ineludible repercusión de la vivencia religiosa en las costumbres. ¿Por qué? Porque la relación del hombre religioso con lo divino es totalizadora y abarca todas las facetas y dimensiones del ser humano. Así también la dimensión operativa o ética de la persona.

Si las pautas de conducta dependen de los valores y del misterio (lo santo), la relación con Él ha de implicar obligaciones morales y de relación con los demás. Si lo Santo abre al hombre a la esperanza y a la fascinación con el Más Allá (el otro nivel), lo que sucede aquí no puede, ni debe seguir deshumanizando a las personas, autoderrotándolas obligándolas a vivir una existencia sin horizonte.

En fin, la fe en lo Santo y su adoración son hechos sociales que conllevan ordenaciones morales y jurídicas a las que llamamos una actitud de exigencia moral ( ej. moral budista, moral hinduista, moral cristiana…)

b) En la estética. La actitud religiosa se manifiesta también en el arte, en una manera muy especial de arte: el arte "religioso". Este es un medio privilegiado de comunicación inter-subjetiva. El objetivo de dicha comunicación no es primariamente una verdad sino un sentimiento, una emoción, que implica por sí misma esa vivencia (el ámbito de lo sagrado).

Íntimamente emparentado con la espiritualidad y la mística el arte religioso manifiesta una pluralidad de templos, estatuas, símbolos, objetos de culto… que invaden la mayor parte del arte desarrollado por el ser humano. El arte religioso tiene también su simbolismo y sus interpretaciones pedagógicas y catequéticas conectadas con la doctrina y los mitos.

c) En la sociedad. Sin pretender medir el grado de influencia de la religión sobre la sociedad o viceversa, hay que reconocer que el carácter social es constitutivo de la actitud religiosa como expresión de la misma, hasta el punto de que la experiencia religiosa individual debe homologarse con la colectiva. No se salva uno solo sino junto con otros.

La razón es simple: la absoluta superioridad axiológica (de los valores) de la religión (axiología de máximos) respecto a un mundo intra-profano (una axiología de mínimos).

Cualquier nueva comunidad religiosa se organiza: creando símbolos religiosos (el culto edifica la comunidad); elaborando relatos religiosos (mitos explicativos de la vida); fijando en fórmulas dogmáticas (las creencias del grupo); proveyéndose de un ceremonial litúrgico para la celebración comunitaria. Dichos aspectos fomentan la cohesión social, estructurando unos estamentos de personas especializadas (jerarquía social, magisterial y sacerdotal).

 

4. MEDIACIONES EN LAS QUE SE HACE PRESENTE EL MISTERIO ("HIEROFANÍAS")

Entendemos por "hierofanía" la manifestación de la realidad trascendente en una realidad mundana. "Lo sagrado se manifiesta en un objeto profano" (M.Eliade). La existencia de las hierofanías es un hecho fácilmente observable en todas las religiones. Además de muy numerosas, esas realidades son muy variadas. Toda la historia religiosa es un proceso permanente de sacralización de determinadas realidades antes tenidas por profanas y por otro lado de un proceso de secularización de otras antes consideradas sagradas. Pero la hierofanía («algo sagrado se nos muestra») tiene su estructura.

El lugar hierofánico elegido suele estar ubicado en la misma la naturaleza (un monte, un río, un nacimiento, un camino), y también la historia y los acontecimientos de un pueblo (es el caso de la historia religiosa de Israel). Se materializa en la misma persona humana. Lo santo se presenta bajo un aspecto humano. Avatares de Krishna (Hinduismo), Jesucristo (Cristianismo)

 

Hay además una ruptura de nivel gloriosa y triunfal. Lo Santo se manifiesta con esplendor, con gloria, colorido, sonidos, impresiones sobre-humanas ("por encima de lo que el ojo vio, el oído oyó, la mente entendió…")

La hierofanía es una limitación del Misterio. En todas las clases de hierofanía el Misterio se acerca al hombre, se mundaniza, se objetiva, se limita, para ser captado mejor por éste. El Misterio se hace presente en las realidades hierofánicas, pero se hace presente como Misterio, es decir, que no se convierte en objeto del mundo. Las realidades mundanas quedan así "transfiguradas"; son convertidas en símbolos (la zarza ardiendo) de una realidad invisible que, sin perder su condición invisible, se hace presente a través de ellas. Es indudable que el hombre no inventa esos símbolos por completo, pero también parece claro que el hombre interviene en el proceso hierófanico proyectando sus categorías culturales y su experiencia interna.

Existen, también, otras manifestaciones relacionadas con el misterio hierofánico. En íntima conexión con las mediaciones en que el Misterio se hace presente al hombre se sitúan las expresiones de todo tipo en que el hombre manifiesta, y así vive y realiza, su actitud interior de acatamiento y de adoración ante el Misterio.

Así las diferentes capacidades del hombre hacen surgir manifestaciones diferentes de reconocimiento de la trascendencia.

 

- Su capacidad espacial provoca la creación de lugares sagrados, santuarios...

- Su capacidad temporal provoca tiempos litúrgicos o sagrados, fiestas...

- Su capacidad racional provoca doctrinas, dogmas, teologías...

- Su capacidad sentimental provoca fervores y emociones religiosas...

- Su capacidad social provoca grupos, comunidades, iglesias, sectas...

 

CONCLUSIÓN

Las religiones, sobre todo las monoteístas, reclaman una vivencia no sólo individual de sus creencias sino también social: el "creo" va unido al "creemos". No se trata de negar las diversidades sino de confrontarlas para enriquecer, fortalecer y compartir las creencias.

Difícilmente habrá una fe sin práctica, sin ética. Una y otra se inscriben en la realidad humana. Si la experiencia espiritual se sitúa en el lugar más íntimo del ser, éste precisa de una fundamentación de su fe contrastándola con la comunidad o institución de creyentes de su mismo credo, incluso de otros credos.

Cuando la fe es comprometida y comprometedora, precisa de la ayuda de quienes están más capacitados por razonables motivos para orientar la pureza y el sentido de las creencias. Mientras encauza, fortifica la convivencia y salvaguarda de fanatismos o de la seducción de las sectas, la creencia religiosa esquiva tanto el vértigo del individualismo como el del colectivismo.