Las noticias sobre la vieja religión
egipcia, e incluso las referentes a toda su historia y
cultura, proceden íntegramente de dos fuentes: escritos de
autores griegos antiguos y los propios textos egipcios.
Aunque fragmentarios y de difícil interpretación, el número
de datos que proporcionan es suficiente para reconstruir el
mundo del Egipto antiguo.
El sabio francés Champollion aisló, el 14
de septiembre de 1822, los nombres de Ptolomeo y Cleopatra, y
en pocos años se resolvió uno de los más apasionantes
misterios de la Historia. Simultáneamente se emprendieron en
serio los trabajos arqueológicos, que aún continúan y que han
proporcionado no sólo espléndidas obras de arte, sino también
millares de textos de las paredes de templos y tumbas, de
estelas, obeliscos, sarcófagos y papiros, algunos de ellos
equivalentes a verdaderos libros, además de otros muchos
documentos de diverso carácter.
Suelen quejarse los historiadores de que
todas estas obras tengan carácter más o menos religioso, lo
que les obliga a complicadas interpretaciones para hallar la
verdad histórica; en cambio, esta circunstancia es sumamente
ventajosa para la Historia de las Religiones. Los más viejos
textos son las inscripciones de las paredes de las tumbas de
los faraones en las que abundan oraciones y otros textos
litúrgicos que, si no son claros relatos mitológicos, al
menos permiten reconstruir con seguridad las ideas religiosas
y muchas de las historias de los dioses.
El famoso "Libro de los Muertos", junto a
otras obras similares, nos informa sobre las creencias de
ultratumba. Existe también un pequeño grupo de textos
literarios con narraciones mitológicas, a los que hay que
añadir las numerosas inscripciones, pinturas y producciones
del arte suntuario. Estas materiales han proporcionado
también valiosos e interesantes datos para completar las
ideas religiosas egipcias.
¿Una o varias religiones egipcias?
Según los griegos, "los egipcios eran los
más religiosos de los hombres". En efecto, pocos grupos
humanos habrán tenido tan hondamente arraigadas las creencias
religiosas, desde el faraón hasta el último de los plebeyos.
No sólo se preguntan por el sentido del universo y la propia
existencia sino también por su destino, reforzada por las
ideas de ultratumba. Cualquier actividad de la vida llevaba
siempre el sello religioso.
Superficialmente considerada, la religión
egipcia presenta gran número de dioses importantes e
innumerables de segunda o tercera categoría, un panteón
pobladísimo que en principio llama la atención y que hasta
puede resultar alambicado y difícil de identificar por su
elevado número de divinidades. Así pues, en principio puede
hablarse de una religión claramente politeísta. Sin embargo,
un análisis profundo de las ideas, descubre un fondo
monoteísta, mucho más intenso de lo que parece.
En tiempos prehistóricos, cada clan
tuvo su tótem, que luego se convirtió en dios; todos los
dioses eran expresiones locales de una misma idea con nombres
y aspectos diferentes.
Cuando se unificó Egipto, el país
resultante estaba formado por un mosaico de ciudades-estados
(convertidas en "nomos" o provincias), pobladas por hombres
de grupos diferentes (que se fueron fundiendo entre sí), y
por los antiguos dioses que, al reunirse, dieron por
resultado el citado politeísmo. Sin embargo, no todos los
egipcios adoraban a todos los dioses, sino cada ciudad o
"nomo" a los suyos y a algunos generalizados, lo que ya es
una notable reducción. En el fondo, eran los mismos dioses
con diferentes nombres, ya que el creador se identificaba en
cada nomo con el propio dios local.
Más adelante, los sacerdotes-filósofos
hicieron notables esfuerzos para reducir cada vez más la
pluralidad de los dioses a una unidad cada vez más intensa.
Así, Atum, Ra, Horus, Anión y otros se identificaron
con el sol y todos representan el principio creador. Por
otra parte, las divinidades funerarias acabaron resumiéndose
en Osiris, y éste se unificó a su vez con el
Creador, como dos manifestaciones de una esencia única. Así
se explican las relaciones familiares. Los dioses de nombre
compuesto y una serie de historias, que sólo son
justificaciones y explicaciones gráficas de esta marcha hacia
el monoteísmo.
Es muy discutible si se debe hablar de una
o de varias religiones egipcias; pero en su desarrollo
histórico las ideas se van diferenciando cada vez más. En
realidad se trata de numerosos tótems prehistóricos que se
convirtieron en dioses de los nomos y luego en divinidades
locales que, a veces, forman familias. Una de ellas, por
razones políticas, adquiere especial importancia en los
Imperios tebanos: la de Amón-Hathor-Khonsú, y provoca la
llamada herejía de Atón. Sobresalen las citadas doctrinas
heliopolitanas y osiríacas. En tiempos tardíos renacen viejos
dioses, se introducen algunos extranjeros y se cae en una
especie de zoolatría o adoración de los animales
Con el tiempo se estructuraron varias
corrientes de pensamiento:
La religión popular, de aspecto
politeísta, basada en la evolución de los antiguos tótems
convertidos en dioses locales.
Las concepciones teológico-políticas,
simbolizadas en: a) un mito solar (doctrina heliopolitana) :
la creación y origen del mundo: b) un rico mito agrícola
(doctrina osiríaca); la resurrección y vida eterna.
Y las prácticas funerarias apoyadas en
todo lo anterior, derivadas básicamente del mito de Osiris.
formación de la religiosidad popular
(Primer ciclo de creencias)
Los dioses de Egipto son el resultado de
una larga evolución histórica. Antes de la era faraónica en
las orillas del Nilo los grupos humanos o clanes procedentes
de Asia, África y del mismo Mediterráneo convergieron
formando lo que conocemos por pueblo egipcio.
Primer núcleo de creencias
1. En el Paleolítico la mayoría seguía
creencias totémicas y animistas. Así pues, se creían
descendientes y emparentados con los animales, plantas o
cosas. Esos seres fueron la primera base de los dioses del
país del Nilo. Con el tiempo fueron evolucionando y creando
sus propias reflexiones y doctrinas religiosas que explicaban
el origen y organización del universo, la vida humana y su
destino de ultratumba, de una manera más evolucionada.
2. Con el sedentarismo neolítico fueron
fijando los territorios donde cultivaban y dominaban, con una
ciudad como capital y centro; eran las divisiones de los
griegos que llamaron "nomos", unos en el Delta o tierras
bajas y otros en el alto valle del Nilo. Solían luchar entre
sí y formar confederaciones. Primero estuvieron divididos y
rivalizaron entre sí, hasta que Menes, el primer faraón,
unificó los dos Egiptos a comienzos de la III dinastía. Así
nació el Egipto histórico.
Aparición de los dioses locales
Cada "nomo" conservó su antiguo tótem,
convertido ahora en dios muy elemental (halcón, perro, lobo,
cocodrilo..., o con figuración antropomórfica). Las ideas
animalísticas y humanizantes no tardaron en fundirse de
manera muy curiosa y dieron origen a seres híbridos con
cuerpo humano (de las ideas más avanzadas) y cabeza de animal
(peso totémico).
A veces, como fruto de las conquistas
aparecen los símbolos dobles (por ejemplo un halcón colocado
encima de un chacal indica la conquista de un nomo por otro).
Muchos de los totems-dioses desaparecieron o quedaron
reducidos a divinidades locales o populares sin importancia;
en cambio, otros, como el halcón, el chacal, el hipopótamo,
etc. fueron creciendo en importancia y antropomorfismo, se
les dotó de verdaderas biografías y sirvieron de base a
complicadas concepciones teológicas, convirtiéndose así en
los grandes dioses históricos.
Doctrinas teológicas de Helíópolis
Ya indicamos que el enorme conjunto de
creencias egipcias, de complicación verdaderamente
extraordinaria, tienden a agruparse en dos ciclos
fundamentales, uno de carácter solar, el de Heliópolis, y
otro de simbolismo agrícola, el de Isis y Osiris. Ambos
presentan a su vez abundantes variantes que se pueden agrupar
en las tradiciones populares de aspecto novelesco, y en una
doctrina mucho más culta, elaborada y filosófica, ligada a
los sacerdotes.
a) La doctrina de Atón (ciclo solar)
En su aspecto popular, todo arranca del
dios solar y local de Heliópolis, llamado Atum. Era el
creador primordial, que existía ya antes de los comienzos. De
sí mismo extrajo la primera pareja: Shu, dios del aire, y
Tefnet, diosa del vacío, de los que nacieron Geb (la tierra,
masculino) y Nut (el cielo, femenino) íntimamente unidos y
colocados horizontales uno sobre el otro hasta que Shu se
interpuso, levantó a Nut y separó así a los elementos. Ambos
quedaron unidos por los pies y las manos y Nut forma la
bóveda celeste estrellada, que aparentemente descansa sobre
el horizonte. Geb quiere apartar a Shu, se agita, pero sus
movimientos quedan petrificados, lo que explica los
terremotos y las montañas. De Nut y Geb nacieron otras
parejas Osiris (el Nilo) e Isis (el suelo fecundado); Set (el
desierto) y Nephtys. Atum y las cuatro parejas constituyeron
la Gran Enéada heliopolitana, origen no sólo del universo
físico, sino de todos los demás dioses y los hombres.
Existen variantes de dicho mito en otros
lugares de Egipto que suponen otras combinaciones. Pero todas
intentan explicar el origen del sol, la tierra, el espacio...
La doctrina heliopolitana Influyó
enormemente en toda la vida moral y práctica de Egipto, se
alió íntimamente con la realeza, que, al menos en teoría, se
fundamentaba en sus principios. En otras ciudades se
adaptaron sus ideas a los dioses locales, y así nacieron
divinidades complejas, como Amón Ra, de Tebas, Sebek-Ra, de
Cocodripolis, etc., y su esposa Hator se asoció a su vez a la
mayoría de diosas locales.
b) La doctrina osiríaca (ciclo agrario)
El otro gran mito que polariza las
creencias egipcias es el de la muerte y resurrección,
materializado en la historia de Osiris y de su esposa Isis.
Su importancia fue enorme, ya que de él dependen todas las
creencias y prácticas relacionadas con ultratumba,
fundamentales en el país de los faraones y de gran
repercusión en sus costumbres, literatura y arte. En cierto
modo complementa el ciclo heliopolitano. Osiris, acaso el
dios más popular de Egipto, fue en sus comienzos un dios de
la vegetación.
1. OSIRIS era un gran rey. Enseñó a
los hombres la agricultura y les dio el trigo, la cebada y la
vid, de donde salieron el pan, la cerveza y el vino.
Instituyó leyes para los egipcios, les enseñó a adorar a los
dioses, conquistó el Alto Egipto, rico en metales, y les legó
la metalurgia. Luego extendió su reinado de paz, bondad,
ciencia y cultura a todo el mundo; su constante colaboradora
y esposa era Isis, la sabia y poderosa hechicera, autora de
muchos de estos inventos. El dios Thot creó las letras y las
artes, era buen administrador y ayudaba también a Osiris.
Anubis, dios-perro, y Upuat, dios-lobo, acompañaron a Osiris
en sus conquistas: eran dioses guerreros procedentes de otros
nomos y aliados de Osiris.
2. SETH. Su malvado hermano Seth (el
tifón, el desierto), ayudado por 72 conjurados, lo encierra
en un cofre y lo arroja a al Nilo. Osiris se ahoga. Su
cadáver llega flotando hasta Byblos, en Siria, donde Isis, su
esposa, recoge el cuerpo. Pero Seth lo descubre, se lo
arrebata y corta el cadáver en pedazos distribuyéndolo entre
sus cómplices. Independientemente de esto, los hombres del
Alto Egipto (el Valle), donde reinaba Seth toman el Delta.
Los dos hermanos representan dos principios irreconciliables
y complementarios del universo: la vida y la muerte,
simbolizadas por la vegetación. Al final de su ciclo, las
semillas quedan enterradas, como los cadáveres, en el suelo.
Siguiendo este paralelo, la etapa
siguiente es la resurrección, del mismo modo que de los
granos ocultos nacen nuevas plantas que perpetúan
eternamente el ciclo vida-muerte-resurrección. Isis desempeña
aquí el papel principal, como diosa de las aguas y la
vegetación.
3. ISIS busca cada uno de los miembros
de Osiris y erige una tumba a cada uno. Aparecen todos menos
las partes sexuales, que devoró un pez. No contenta, vence a
la muerte con sus hechicerías, "Inventó el remedio que da la
inmortalidad". Para ello reunió todos los miembros, y ayudada
por Anubis, Thot y Nephtys, hizo un cuerpo eterno o "zert",
la primera momia, dotado de vida eterna y mágica, pero esta
nueva vida, que es la de ultratumba, la aleja del mundo, cuyo
gobierno directo confió a un sucesor.
La historia de Isis es el colofón de la
leyenda de Osiris. Esta recurrió de nuevo a la magia para ser
fecundada por el cuerpo muerto de Osiris, y dio a luz un hijo
póstumo, Horas, que por ello se llama preferentemente "hijo
de Isis". Creció en los pantanos del Delta —como el trigo que
renace del grano enterrado—y cuando llegó a la mayoría de
edad se transformó en el vengador de su padre. Ayudado por
numerosos dioses, incluso la concubina de Seth, y muchos
egipcios, venció al asesino. Éste pretendió ser inocente y
recurrió a un tribunal, que gracias a la intervención de Thot
le declaró culpable. Hotus le venció otras dos veces y le
sometió para siempre.
En todo esto vemos el reflejo de las
luchas entre el Alto y el Bajo Egipto, la organización social
y política de tiempos prehistóricos y uno de tantos mitos
agrícolas de la vida y de la muerte. Pero la teología de
Osiris, convertido en dios y juez de la muerte, es mucho más
profunda. Véase este fragmento del Himno de Osiris.
"El cielo y los astros le obedecen / y
se le abren las grandes puertas del cielo. / Señor de las
aclamaciones en el cielo Meridional, / adorado en el
cielo del Norte, / las estrellas indestructibles están
bajo su autoridad, /los planetas infatigables son sus
moradas"
"La ofrenda sube a él, por orden de
Geb; /la Enéada divina le adora, / los habitantes del
mundo inferior olfatean la tierra ante él;/ los de las
necrópolis del desierto se inclinan alegres cuando le
ven, /y los muertos que están allí le temen".
"Las Dos Tierras le adoran cuando se
acerca su Majestad,/ porque él es noble y gracioso que
preside a los nobles, /cuya función real está
establecida, y su gobierno es sólido".
"Buen jefe de la Enéada divina, de
rostro amable, /le ama quien le contempla. /Infunde su
respeto en todas las tierras /para que pronuncien su
nombre ante todos;/ todos le hacen ofrenda, a él, /señor
de los que se acuerdan del cielo /y para quien en la
tierra /se multiplican los ritos alegres de la fiesta Uag,/para
quien las Dos Tierras / celebran regocijos unánimemente".
La historia de Osiris recuerda desde luego
la organización y la constitución del Estado: la familia
osiríaca es modelo de la del faraón muerto y vivo. Más
profunda es la extensión de su carácter benéfico de divinidad
de la vegetación, que acaba convirtiéndole en el Ser-bueno.
Víctima que muere para la salvación de los hombres. Es
también importante que su venganza no sea solamente la
revancha de la fuerza bruta, sino que vaya seguida de un
juicio ante tribunal, lo que significa el triunfo de la
verdad y de la justicia.
Osiris como dios de la vegetación, nace,
vive, es desmembrado (el trigo molido, las uvas pisadas),
enterrado (siembra del grano) y resucita (nacimiento de la
vegetación en primavera). Como todos los dioses agrícolas, su
vida y resurrección se identifica con la vida del universo.
Osiris debe el prestigio a su carácter de
divinidad funeraria que se enfrenta con la muerte, la vence y
enseña a todos los hombres la manera de superarla. Esto
explica que reinase en las necrópolis y que su culto fuera
popular y universal.
Tebas se impone (Imperio Medio)
A finales del Imperio Medio, Tebas,
capital del Alto Egipto, sufrió la invasión de los reyes
iksos o pastores. Tras trágicas revueltas, Tebas se impuso
contra los extranjeros. Esto la convirtió en capital absoluta
de Egipto durante la época más brillante de su historia: el
Imperio Nuevo.
1) Tríada tebana y el culto a Amón
Amón, el viejo dios-carnero de Tebas,
sin grandes tradiciones teológicas, se fue enriqueciendo con
los simbolismos de otras divinidades a las que suplantaba, y
pronto se identificó con el sol como Amón-Ra. Así detentó la
dignidad de creador, señor de Egipto y usurpó todos los
atributos de la doctrina heliopolitana, entre otros, la
paternidad carnal de los faraones. Su culto fue pronto
espléndido, se le levantaron templos en todo el país, los dos
más importantes en Tebas y Luxor.
"¡Oh Ra!, adorado en Karnak (Tebas), /
grande en apariciones en la casa de los obeliscos; /tú de
Heliópolis, rey y señor de todos los dioses. / Halcón que
habita en el país de la luz, jefe de los hombres, /el que
oculta su nombre a sus hijos, /como dice el nombre Amón."
"El amor a ti se ha extendido por los
dos países; / tus rayos salen de tus dos ojos;/
beneficias a los hombres cuando sales, /debilitas a los
animales cuando brillas. /Tu bondad gana los corazones /y
el amor a ti desarma los brazos …" /(Himno a Amón-Ra,
escrito en torno al año 1450)
Amón tuvo por esposa a Hathor, gran
diosa-vaca del cielo y madre del sol, que como diosa de la
vida y del amor fue muy popular. No solo presidía el
nacimiento, sino también la muerte, y cultivaba los sicomoros
en la linde del desierto para alimentar a los muertos. Amón
se representaba con cabeza de carnero y dos plumas; Hathor
como vaca, mujer con cabeza de vaca, o mujer con cabeza
normal, pero de orejas vacunas. En cambio, el hijo de ambos,
Khonsú, siempre ofrecía aspecto de un joven muy bello.
Originariamente era una divinidad lunar, que luego se
popularizó como creador y exorcista.
La tríada tebana tuvo poca originalidad
teológica, pero su influencia política era inmensa, incluso
sobre los propios faraones. El rey no era ya el sumo
sacerdote, cargo que pasó al Primer Profeta de Amón. El
sacerdocio tebano tiranizaba al país, provocando las
revueltas dinásticas de tiempo de Amenofis III y la reina
Hapt-set-supt, y la religiosa de Akhenatón. Además, el pueblo
se atrevió en estos tiempos a dirigirse directamente a la
bondad y protección de la divinidad, acabando por crear una
especie de religión o devoción popular, práctica y
comprensible para todos, muy diferente de las oscuras
elucubraciones de los sacerdotes de Amón, comprensibles tan
sólo para una minoría selecta de iniciados.
2) La herejía de Akenatón y el culto a
Atón
Durante la dinastía XVIII se produjo uno
de los movimientos religiosos más interesantes de Egipto, la
llamada "herejía de Akenatón", que fue al mismo tiempo una
reacción de significado teológico y político, auténtica
revolución dirigida "desde arriba" por el propio faraón.
Desde el punto de vista religioso se
fundamenta en un aumento progresivo de la devoción al sol,
considerado como símbolo divino cada vez más abstracto, bajo
el nombre de Atón, que en realidad no era idea ni nombre
nuevo, pero que anteriormente aparecía de modo secundario o
confundido como atributo de otros dioses, como Ra o Amón. El
cambio teo1ógico se va preparando por la influencia asiática
aportada por los casamientos sucesivos de varios faraones con
princesas asiáticas, caso de Tutmosis IV, Amenofis III y,
sobre todo, Amenofis IV.
Amenofis IV era hombre extraño, débil
y deforme de cuerpo, enfermo y de aspecto poco agradable,
pero dotado de un gran espíritu y de indomable energía. Su
esposa, la famosa Tadukhipa, llamada, en Egipto, Nefertiti,
Nefertari o Nefertite, fue su constante colaboradora. Cuando
menos podía esperarse, rompió abiertamente con la tiranía de
los sacerdotes de Amón, hasta el punto de que cambió su
nombre de Amenofis (que significa «Amón está satisfecho») por
el de Akenatón (la gloria de Atón). Abandonó la ciudad de
Tebas y fundó otra nueva, Ikhunatón (Horizonte de Atón),
llamada hoy Tell el-Amarna, e incluso logró la persecución de
los sacerdotes del culto anterior y la destrucción de las
imágenes de los dioses.
"Cuán numerosas son tus obras, /lo que
has creado y lo que está escondido, /oh tú, el único dios
que ninguno iguala. /Has creado la tierra según tu
corazón, tú solo, /con los hombres, los rebaños y todas
las bestias salvajes, /todo lo que existe en la tierra y
anda con sus pies,/ todo lo que está en el aire y vuela
con sus alas, /(…)
Creas el Nilo en el mundo inferior, /y
lo traes (a la tierra), donde quieres, /para nutrir a los
hombres (de Egipto). /
Eres el Señor de todos, /quien ha
tenido cuidado de ellos, /el Señor de esta tierra, para
la que apareces, /poderoso Disco del día. /(…)¡Cuán
excelentes son tus deseos! /(…)
Tus rayos amamantan todos los
territorios /y cuando apareces viven y crecen para ti. /
Produces las estaciones del año /para
que exista todo lo que has creado, /el invierno para
refrescarlas /y el verano para calentarlas. /
Has creado el cielo lejano /para
aparecer en él /y ver desde allí arriba lo que has
creado, tú solo./ (…)
Estás en mi corazón;/ no existe nadie
más que te comprenda,/ excepto yo, tu hijo /(...) que ha
salido de tu carne, Akhenatón». (Himno de Atón)
La doctrina de Atón es profunda: un
monoteísmo que reconoce a la divinidad suprema llena de
dulzura, de justicia y de amor a los hombres. Se le
representa como un disco con numerosos rayos terminados en
manos que acarician al faraón, a los humanos y a todas las
cosas, simbolizando así su providencia. Esta reforma duró
poco tiempo, aproximadamente desde el 1370 al 1350 a. de J.C.
Akenatón murió joven y sus sucesores, entre los que se
encuentra el famoso Tutankamon, abjuraron pronto de la nueva
fe y los sacerdotes de Amón restablecieron pronto su tiranía
en Tebas con más fuerza que antes. Fue una época corta, pero
muy interesante en todos los aspectos, especialmente por sus
bellas producciones literarias, la renovación del arte, que
se transformó en expresión íntima y naturalista de la vida, y
por sus concepciones tan humanas y de ideales muy puros y
elevados.
ideas religiosas egipcias en la epoca
tardía
Magia y culto animalístico
La época saíta coincide con la decadencia
de Egipto. Éste sufre las conquistas de sus vecinos más
fuertes (asirios, persas y griegos). Destacan por su
importancia en esta época las dinastías llamadas saítas por
tener su capital en Sais, en el Delta, que intentaron en vano
reconstruir el antiguo esplendor del país. Son esfuerzos
marcados por el nacionalismo como medio de autodefensa ante
las influencias extranjeras.
La teología, sufre también la crisis. Se
descompone y divide en multitud de creencias, frecuentemente
supersticiosas y locales. La magia adquiere cada vez más
importancia y está al alcance de todos, con lo que la
religión se trivializa y pierde calidad. Fruto de esta crisis
es la nueva importancia y forma de adoración que recibe el
culto a los animales. Es una especie de vuelta a los orígenes
totémicos y animalísticos.
Nunca había faltado el culto a los
animales divinizados, como la vaca Hathor, el buey Apis o el
halcón Horus, o como símbolos (escarabajo sagrado lo era del
disco solar). Pero su número era siempre limitado y sometido
a ritos cuidadosos. En cambio, en los últimos tiempos se
multiplicaban las especies sagradas, hasta el punto de serlo
casi todas las que vivían en Egipto. En El Fayum, el dios
Sobk no se suponía encarnado en un cocodrilo, sino en todos.
No se adoraba a Bast en un gato determinado y especialmente
consagrado, sino en todos los del país. Lo que comenzó siendo
una aspiración sentimental e ingenua hacia las épocas
heroicas, y como una reivindicación nacionalista al destacar
los dioses más antiguos y nacionales, degeneró en
superstición, en una verdadera zoolatría o adoración ciega a
los animales por sí mismos.
"¿Quién sabe cuántas variedades de
monstruos adora el antiguo Egipto? Unos adoran al
cocodrilo, otros tiemblan ante el ibis harto de
serpientes... Ciudades enteras veneran a los gatos;
otras, un pez del río; otras, a un perro; pero nadie
honra a Diana. Es una impiedad no respetar y masticar el
puerro y la cebolla. ¡Oh, santas gentes que ven nacer
tales dioses en sus huertos!". (Juvenal , Sátira XV).
2) Crisis final
Durante la época de los Ptolomeos, Egipto
fue independiente, pero a continuación quedó bajo la
dominación de Roma, como provincia sometida, hasta la ruina
del Imperio. No pudo resistir Egipto la Influencia de los
cultos invasores (griegos, romanos). Seguía de moda la
adoración de los animales y se mantenían algunos dioses, pero
pronto surgieron mitos y ritos mixtos, con características de
ambos pueblos, y se intentó la identificación o equivalencia
de dioses de ambas partes: Zeus y Amón, Anubis y Hermes,
Atenea y Neith, Hathor y Afrodita, etc., constituyendo un
nuevo y abigarrado panteón sin personalidad ni grandeza. No
obstante, a los verdaderos egipcios les repugnaban estas
divinidades y seguían adorando a las suyas, que a su vez
resultaban ridículas y condenables para los griegos y, sobre
todo, para los romanos.
Aspectos puntuales
1) Sacerdotes y culto
Las ideas religiosas de los egipcios
fueron muy diversas a través de su larga evolución. A primera
vista pueden considerarse religiones diferentes, dada la
variedad de templos y de sus ritos. En tiempos más lejanos el
jefe del clan sería al mismo tiempo cabeza religiosa del
grupo, acaso auxiliado por brujos que adquirieron cada vez
más importancia. Al llegar los cultos solares del Imperio
Antiguo, el faraón se erigió en sacerdote supremo al mismo
tiempo que era jefe del Estado, auxiliado por numerosos
sacerdotes menores. Ello se justificaba por su carácter de
encarnación terrestre de la divinidad solar. Por lo tanto, el
Estado regía la religión.
Los sumos sacerdotes de los diferentes
cultos elaboraron las doctrinas dogmáticas que ayudaban al
faraón. Cada vez fueron adquiriendo más peso político debido,
en parte, por la debilidad de los faraones. Cuando el dios
local de Tebas, Amón, logró la supremacía religiosa oficial
sobre todo Egipto, lo hizo ayudado por la los sacerdotes.
La clase sacerdotal, rica, soberbia, culta
y con apetencias sin límites, era numerosa y perfectamente
jerarquizada. Llegaron a poseer la tercera parte de las
riquezas y tierras de Egipto, dominaron a los faraones, sin
que lograran triunfar ningún tipo de sublevaciones que
supusiera cambios en dicha estructura (como la de Hapt-set-supt
o la de Akenatón).
El pueblo tenía una escasa o nula
participación en la liturgia profunda celebrada en los
templos. Esta consistía esencialmente en ofrendas de
alimentos y bienes, en sacrificios de animales, cremación de
incienso, oraciones y cánticos. Especial relevancia tenían
los ritos funerarios y los solares como los de Ra.
2) Creencias y ritos de ultratumba
La creencia en la vida de ultratumba y los
ritos para asegurarla, caracteriza a la cultura egipcia
posiblemente más que cualquier otro de sus aspectos. Como
hemos visto en la religión, también las ideas y las prácticas
evolucionaron mucho a través de la larga historia. Desde de
tiempos de las primeras dinastías encontramos ya muestras
de la creencia en que el faraón divinizado seguiría viviendo
en otro mundo y protegiendo desde él a su pueblo.
En el viaje que el difunto emprende es una
travesía hasta el Más Allá. Por supuesto, esta travesía no es
fácil y el espíritu del muerto se enfrenta con innumerables
obstáculos que tratan de impedir su desplazamiento. Con el
fin de sortear estas últimas barreras, el espíritu viajero
requiere los servicios de una figura peculiar de la mitología
egipcia: Ma-haef , el Barquero Celestial.
"¡Despierta en paz, oh Ma-haef, en
paz! ¡Despierta en paz, oh tú que estás en el Cielo, en
paz! ¡Oh Barquero del Canal Tortuoso! ¡Dile mi nombre a
Ra! ¡Anúnciame a(nte) Ra, porque yo (= el Rey) estoy
asignado a aquella distante mansión de
Aquellos-quienes-poseen-<sus>-auras (= eg., ka), quienes
adoran a Ra, allí en los Montículos de Horus y en los
Montículos de Set, como su Dios de
Aquellos-quienes-han-marchado-hacia-sus-auras!" (Textos
de las Pirámides)
"¡Oh Ra, recomiéndame a Ma-haef, el
Barquero del Canal Tortuoso, por el que él transporta
(fluvialmente) a los dioses al otro lado del Canal
Tortuoso, al lado oriental del Cielo! ¡Porque soy yo (=
el Rey) quien está buscando al Ojo-de-Horus en peligro!
¡(Porque) soy yo quien está asignado a la
‘enumeración de los dedos’!". (Textos de las
Pirámides)
Más tarde, los textos de las pirámides nos
ilustran con profusión que ya no se trataba, como antes, de
una prolongación de las funciones reales después de la
muerte, sino de la auténtica divinización del faraón. Hay que
defender el cadáver real, hacerle revivir, asegurar su
duración eterna, porque con su suerte se identifica el
porvenir de toda la raza, en lucha contra la muerte.
En los mitos de Osiris, el dios real
asesinado y resucitado, los teólogos de Heliópolis,
identifican al faraón vivo con Horus, y muerto lo unen a Ra.
Ambas ideas se entremezclan sin excluirse, y el rey muerto
tiene al mismo tiempo dos destinos: el osiríaco y el solar.
Para los egipcios el hombre constaba de un cuerpo terrestre
vivo (ket), un cuerpo terrestre muerto y momificado (zet)
cuya duración se refuerza con varias estatuas o «dobles», y
los elementos espirituales: sustancia divina (ka), espíritu (alh)
y alma o principio vital (ba).
Por eso se organizó un rito litúrgico,
llevado por sacerdotes especializados, donde se estableció la
momificación. De esta manera el espíritu del faraón podía
sufrir el juicio ante un tribunal, presidido por Osiris. Se
procedía a una psicostasis o peso del alma en una balanza,
mientras se recitaban textos mágicos, según el Libro de los
Muertos, que se colocaba siempre en la tumba. Era una especie
de confesión en que relataba todo lo bueno que había hecho en
vida y negaba lo malo. El faraón se identificaba entonces con
Osiris y accedía a la inmortalidad.
El destino solar fue siempre privativo del
faraón. Los ritos osiríacos (de la inmortalidad y de la
resurrección) no estaban permitidos a todos los habitantes de
Egipto. Sólo 500 imakhu o elegidos del rey (parientes,
cortesanos y amigos), obtenían este privilegio y podían
construirse una tumba en la necrópolis real.
"He aquí a Seth que me habla a su
manera... Yo le respondo: «Tu balanza, en verdad, es en
nuestro Corazón donde hay que buscarla.» Su Majestad
Anubis me dice: «¿Conoces el Nombre de esta Puerta de
modo que puedas proclamarle ante mí?» Yo le respondo:
«El-dios-Shu-el-destructor, ¡he aquí el Nombre de esta
Puerta!» Su Majestad Anubis dice: «¿Conoces el Nombre de
la Bisagra superior de esta Puerta y el de la Bisagra
inferior?» Yo respondo:
«El-Señor-de-Verdad-y-de-Justicia-sobre-sus-piernas», es
el Nombre de la Bisagra superior.
«El-Señor-de-la-doble-Potencia-Domador-del-Ganado» es el
Nombre de la Bisagra inferior. Su Majestad Anubis
pronuncia: «Pasa entonces, puesto que conoces estos
Nombres mágicos.» Entrando en la Doble Sala de la
Verdad-Justicia, el difunto pronunciará lo que sigue, con
objeto de desembarazarse de sus pecados, y de poder
contemplar a los dioses" . (Libro de los muertos:
Sortilegio 125).
En el Libro de los muertos,
se encuentra esta descripción de un juicio y la justificación
del alma ante el gran juez:
(Lo que se ha de decir cuando se llega
a la sala de las dos verdades y hay que purificarse de
todo mal, lo que se ha de hacer para mirar la faz de los
dioses que están en ella)
"Mira, yo vengo a ti, yo te traigo
la verdad y ahuyento los pecados: No he cometido ninguna
injusticia contra los hombres, ni he hecho desgraciadas a
las gentes. No he cometido ningún pecado en el lugar de
la verdad... No he hecho nada de lo que Dios aborrece. No
he hecho mal a los súbditos ante sus superiores. No he
hecho pasar hambre. No he hecho llorar. No he asesinado.
No he ordenado asesinatos No he causado dolor a nadie. No
he disminuido los alimen tos en los templos. No he
disminuido los pasteles ofrecidos en sacrificios a los
dioses. No he quitado los panes de los transfigurados. No
he cometido adulterio. No he incurrido en ninguna
impudicia en el sagrado recinto del dios de mi ciudad. No
he hecho más grande ni más pequeña la medida de los
áridos. No he hecho más pequeña la medida de los campos.
No he hecho más pesados los pesos de la balanza. No he
quitado la leche de la boca del niño. No he capturado los
pájaros de los dioses. No he pescado los peces en sus
pantanos. No he detenido en su tiempo el agua de la
inundaaón. No he represado el agua corriente. No he
apagado el fuego en su hora... ¡Soy puro! ¡Soy puro!."
(Libro de los muertos, capítulo 124)
La situación era tan injusta, que al final
del Imperio Antiguo se produce la llamada revolución
social. Una de sus causas fue el deseo de los egipcios de
tener también derecho a la inmortalidad. La consiguieron a
partir de la época tebana—Imperios Medio y Nuevo—, lo que fue
la primera gran conquista social de la humanidad. Los ritos
osiríacos se aplicaron desde entonces a todos los que podían
pagar la costosa preparación de la momia (para lo que se
establecían tres sistemas y tres tarifas), construirse una
tumba que asegurara la conservación del zet y de la estatua,
y ofrendarle figurillas y pinturas (de respuesta) que
realizaran para ellos todos los trabajos y servicios en el
otro mundo.
Finalmente, conforme avanzaron los
tiempos, los ritos y derechos se fueron difundiendo y
simplificando, hasta que prácticamente todos tuvieron derecho
a la vida eterna de ultratumba. Se ha pasado del despotismo
sagrado al socialismo religioso del Estado.
Himno a Atón (fragmentos)
"Cuán numerosas son tus obras,/ lo que
has creado y lo que está escondido,/ oh tú, el único dios
que ninguno iguala./ Has creado la tierra según tu
corazón, /tú solo, con los hombres, los rebaños /y todas
las bestias salvajes,/todo lo que existe en la tierra /y
anda con sus pies,/ todo lo que está en el aire /y vuela
con sus alas,/los países extranjeros de Siria;/de Nubia;
la tierra de/ Egipto)/ (…)"
"Creas el Nilo en el mundo inferior,
/y lo traes (a la tierra), donde quieres,/ para nutrir a
los hombres (de Egipto)./ Eres el Señor de todos/(…)"
"Vienes en tu forma de Atón viviente,/
apareces radiante, te alejas, vuelves/(...)Estás en mi
corazón; /no existe nadie más que te comprenda,/excepto
yo, tu hijo /(…) que ha salido de tu carne, Akhenatón"./(…)"
(Akhenaton)
EL MÁS ALLÁ (fragmentos)
(Lo que se ha de decir cuando se llega
a la sala de las dos verdades y hay que purificarse de
todo mal, lo que se ha de hacer para mirar la faz de los
dioses que están en ella)
"Mira, yo vengo a ti, yo te traigo la
verdad y ahuyento los pecados: No he cometido ninguna
injusticia contra los hombres, ni he hecho desgraciadas a
las gentes. No he cometido ningún pecado en el lugar de
la verdad... No he hecho nada de lo que Dios aborrece. No
he hecho mal a los súbditos ante sus superiores. No he
hecho pasar hambre. No he hecho llorar. No he asesinado.
No he ordenado asesinatos No he causado dolor a nadie. No
he disminuido los alimentos en los templos. No he
disminuido los pasteles ofrecidos en sacrificios a los
dioses. No he quitado los panes de los transfigurados. No
he cometido adulterio. No he incurrido en ninguna
impudicia en el sagrado recinto del dios de mi ciudad. No
he hecho más grande ni más pequeña la medida de los
áridos. No he hecho más pequeña la medida de los campos.
No he hecho más pesados los pesos de la balanza. No he
quitado la leche de la boca del niño. No he capturado los
pájaros de los dioses. No he pescado los peces en sus
pantanos. No he detenido en su tiempo el agua de la
inundación. No he represado el agua corriente. No he
apagado el fuego en su hora... ¡Soy puro! ¡Soy puro!."
(Libro de los muertos, capítulo 124)