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RELIGIÓN - RELIGIONES

CREENCIAS DE LOS PUEBLOS EGIPCIOS

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Por José Luis Sierra Valentí o.p.

 

Las Fuentes

Las noticias sobre la vieja religión egipcia, e incluso las referentes a toda su historia y cultura, proceden íntegramente de dos fuentes: escritos de autores griegos antiguos y los propios textos egipcios. Aunque fragmentarios y de difícil interpretación, el número de datos que proporcionan es suficiente para reconstruir el mundo del Egipto antiguo.

El sabio francés Champollion aisló, el 14 de septiembre de 1822, los nombres de Ptolomeo y Cleopatra, y en pocos años se resolvió uno de los más apasionantes misterios de la Historia. Simultáneamente se emprendieron en serio los trabajos arqueológicos, que aún continúan y que han proporcionado no sólo espléndidas obras de arte, sino también millares de textos de las paredes de templos y tumbas, de estelas, obeliscos, sarcófagos y papiros, algunos de ellos equivalentes a verdaderos libros, además de otros muchos documentos de diverso carácter.

Suelen quejarse los historiadores de que todas estas obras tengan carácter más o menos religioso, lo que les obliga a complicadas interpretaciones para hallar la verdad histórica; en cambio, esta circunstancia es sumamente ventajosa para la Historia de las Religiones. Los más viejos textos son las inscripciones de las paredes de las tumbas de los faraones en las que abundan oraciones y otros textos litúrgicos que, si no son claros relatos mitológicos, al menos permiten reconstruir con seguridad las ideas religiosas y muchas de las historias de los dioses.

El famoso "Libro de los Muertos", junto a otras obras similares, nos informa sobre las creencias de ultratumba. Existe también un pequeño grupo de textos literarios con narraciones mitológicas, a los que hay que añadir las numerosas inscripciones, pinturas y producciones del arte suntuario. Estas materiales han proporcionado también valiosos e interesantes datos para completar las ideas religiosas egipcias.

 

¿Una o varias religiones egipcias?

Según los griegos, "los egipcios eran los más religiosos de los hombres". En efecto, pocos grupos humanos habrán tenido tan hondamente arraigadas las creencias religiosas, desde el faraón hasta el último de los plebeyos. No sólo se preguntan por el sentido del universo y la propia existencia sino también por su destino, reforzada por las ideas de ultratumba. Cualquier actividad de la vida llevaba siempre el sello religioso.

Superficialmente considerada, la religión egipcia presenta gran número de dioses importantes e innumerables de segunda o tercera categoría, un panteón pobladísimo que en principio llama la atención y que hasta puede resultar alambicado y difícil de identificar por su elevado número de divinidades. Así pues, en principio puede hablarse de una religión claramente politeísta. Sin embargo, un análisis profundo de las ideas, descubre un fondo monoteísta, mucho más intenso de lo que parece.

En tiempos prehistóricos, cada clan tuvo su tótem, que luego se convirtió en dios; todos los dioses eran expresiones locales de una misma idea con nombres y aspectos diferentes.

Cuando se unificó Egipto, el país resultante estaba formado por un mosaico de ciudades-estados (convertidas en "nomos" o provincias), pobladas por hombres de grupos diferentes (que se fueron fundiendo entre sí), y por los antiguos dioses que, al reunirse, dieron por resultado el citado politeísmo. Sin embargo, no todos los egipcios adoraban a todos los dioses, sino cada ciudad o "nomo" a los suyos y a algunos generalizados, lo que ya es una notable reducción. En el fondo, eran los mismos dioses con diferentes nombres, ya que el creador se identificaba en cada nomo con el propio dios local.

Más adelante, los sacerdotes-filósofos hicieron notables esfuerzos para reducir cada vez más la pluralidad de los dioses a una unidad cada vez más intensa. Así, Atum, Ra, Horus, Anión y otros se identificaron con el sol y todos representan el principio creador. Por otra parte, las divinidades funerarias acabaron resumiéndose en Osiris, y éste se unificó a su vez con el Creador, como dos manifestaciones de una esencia única. Así se explican las relaciones familiares. Los dioses de nombre compuesto y una serie de historias, que sólo son justificaciones y explicaciones gráficas de esta marcha hacia el monoteísmo.

 

Es muy discutible si se debe hablar de una o de varias religiones egipcias; pero en su desarrollo histórico las ideas se van diferenciando cada vez más. En realidad se trata de numerosos tótems prehistóricos que se convirtieron en dioses de los nomos y luego en divinidades locales que, a veces, forman familias. Una de ellas, por razones políticas, adquiere especial importancia en los Imperios tebanos: la de Amón-Hathor-Khonsú, y provoca la llamada herejía de Atón. Sobresalen las citadas doctrinas heliopolitanas y osiríacas. En tiempos tardíos renacen viejos dioses, se introducen algunos extranjeros y se cae en una especie de zoolatría o adoración de los animales

Con el tiempo se estructuraron varias corrientes de pensamiento:

La religión popular, de aspecto politeísta, basada en la evolución de los antiguos tótems convertidos en dioses locales.

Las concepciones teológico-políticas, simbolizadas en: a) un mito solar (doctrina heliopolitana) : la creación y origen del mundo: b) un rico mito agrícola (doctrina osiríaca); la resurrección y vida eterna.

Y las prácticas funerarias apoyadas en todo lo anterior, derivadas básicamente del mito de Osiris.

 

formación de la religiosidad popular (Primer ciclo de creencias)

Los dioses de Egipto son el resultado de una larga evolución histórica. Antes de la era faraónica en las orillas del Nilo los grupos humanos o clanes procedentes de Asia, África y del mismo Mediterráneo convergieron formando lo que conocemos por pueblo egipcio.

Primer núcleo de creencias

1. En el Paleolítico la mayoría seguía creencias totémicas y animistas. Así pues, se creían descendientes y emparentados con los animales, plantas o cosas. Esos seres fueron la primera base de los dioses del país del Nilo. Con el tiempo fueron evolucionando y creando sus propias reflexiones y doctrinas religiosas que explicaban el origen y organización del universo, la vida humana y su destino de ultratumba, de una manera más evolucionada.

2. Con el sedentarismo neolítico fueron fijando los territorios donde cultivaban y dominaban, con una ciudad como capital y centro; eran las divisiones de los griegos que llamaron "nomos", unos en el Delta o tierras bajas y otros en el alto valle del Nilo. Solían luchar entre sí y formar confederaciones. Primero estuvieron divididos y rivalizaron entre sí, hasta que Menes, el primer faraón, unificó los dos Egiptos a comienzos de la III dinastía. Así nació el Egipto histórico.

Aparición de los dioses locales

Cada "nomo" conservó su antiguo tótem, convertido ahora en dios muy elemental (halcón, perro, lobo, cocodrilo..., o con figuración antropomórfica). Las ideas animalísticas y humanizantes no tardaron en fundirse de manera muy curiosa y dieron origen a seres híbridos con cuerpo humano (de las ideas más avanzadas) y cabeza de animal (peso totémico).

A veces, como fruto de las conquistas aparecen los símbolos dobles (por ejemplo un halcón colocado encima de un chacal indica la conquista de un nomo por otro). Muchos de los totems-dioses desaparecieron o quedaron reducidos a divinidades locales o populares sin importancia; en cambio, otros, como el halcón, el chacal, el hipopótamo, etc. fueron creciendo en importancia y antropomorfismo, se les dotó de verdaderas biografías y sirvieron de base a complicadas concepciones teológicas, convirtiéndose así en los grandes dioses históricos.

Doctrinas teológicas de Helíópolis

Ya indicamos que el enorme conjunto de creencias egipcias, de complicación verdaderamente extraordinaria, tienden a agruparse en dos ciclos fundamentales, uno de carácter solar, el de Heliópolis, y otro de simbolismo agrícola, el de Isis y Osiris. Ambos presentan a su vez abundantes variantes que se pueden agrupar en las tradiciones populares de aspecto novelesco, y en una doctrina mucho más culta, elaborada y filosófica, ligada a los sacerdotes.

a) La doctrina de Atón (ciclo solar)

En su aspecto popular, todo arranca del dios solar y local de Heliópolis, llamado Atum. Era el creador primordial, que existía ya antes de los comienzos. De sí mismo extrajo la primera pareja: Shu, dios del aire, y Tefnet, diosa del vacío, de los que nacieron Geb (la tierra, masculino) y Nut (el cielo, femenino) íntimamente unidos y colocados horizontales uno sobre el otro hasta que Shu se interpuso, levantó a Nut y separó así a los elementos. Ambos quedaron unidos por los pies y las manos y Nut forma la bóveda celeste estrellada, que aparentemente descansa sobre el horizonte. Geb quiere apartar a Shu, se agita, pero sus movimientos quedan petrificados, lo que explica los terremotos y las montañas. De Nut y Geb nacieron otras parejas Osiris (el Nilo) e Isis (el suelo fecundado); Set (el desierto) y Nephtys. Atum y las cuatro parejas constituyeron la Gran Enéada heliopolitana, origen no sólo del universo físico, sino de todos los demás dioses y los hombres.

Existen variantes de dicho mito en otros lugares de Egipto que suponen otras combinaciones. Pero todas intentan explicar el origen del sol, la tierra, el espacio...

La doctrina heliopolitana Influyó enormemente en toda la vida moral y práctica de Egipto, se alió íntimamente con la realeza, que, al menos en teoría, se fundamentaba en sus principios. En otras ciudades se adaptaron sus ideas a los dioses locales, y así nacieron divinidades complejas, como Amón Ra, de Tebas, Sebek-Ra, de Cocodripolis, etc., y su esposa Hator se asoció a su vez a la mayoría de diosas locales.

b) La doctrina osiríaca (ciclo agrario)

El otro gran mito que polariza las creencias egipcias es el de la muerte y resurrección, materializado en la historia de Osiris y de su esposa Isis. Su importancia fue enorme, ya que de él dependen todas las creencias y prácticas relacionadas con ultratumba, fundamentales en el país de los faraones y de gran repercusión en sus costumbres, literatura y arte. En cierto modo complementa el ciclo heliopolitano. Osiris, acaso el dios más popular de Egipto, fue en sus comienzos un dios de la vegetación.

 

1. OSIRIS era un gran rey. Enseñó a los hombres la agricultura y les dio el trigo, la cebada y la vid, de donde salieron el pan, la cerveza y el vino. Instituyó leyes para los egipcios, les enseñó a adorar a los dioses, conquistó el Alto Egipto, rico en metales, y les legó la metalurgia. Luego extendió su reinado de paz, bondad, ciencia y cultura a todo el mundo; su constante colaboradora y esposa era Isis, la sabia y poderosa hechicera, autora de muchos de estos inventos. El dios Thot creó las letras y las artes, era buen administrador y ayudaba también a Osiris. Anubis, dios-perro, y Upuat, dios-lobo, acompañaron a Osiris en sus conquistas: eran dioses guerreros procedentes de otros nomos y aliados de Osiris.

2. SETH. Su malvado hermano Seth (el tifón, el desierto), ayudado por 72 conjurados, lo encierra en un cofre y lo arroja a al Nilo. Osiris se ahoga. Su cadáver llega flotando hasta Byblos, en Siria, donde Isis, su esposa, recoge el cuerpo. Pero Seth lo descubre, se lo arrebata y corta el cadáver en pedazos distribuyéndolo entre sus cómplices. Independientemente de esto, los hombres del Alto Egipto (el Valle), donde reinaba Seth toman el Delta. Los dos hermanos representan dos principios irreconciliables y complementarios del universo: la vida y la muerte, simbolizadas por la vegetación. Al final de su ciclo, las semillas quedan enterradas, como los cadáveres, en el suelo.

Siguiendo este paralelo, la etapa siguiente es la resurrección, del mismo modo que de los granos ocultos nacen nuevas plantas que perpetúan eternamente el ciclo vida-muerte-resurrección. Isis desempeña aquí el papel principal, como diosa de las aguas y la vegetación.

 

3. ISIS busca cada uno de los miembros de Osiris y erige una tumba a cada uno. Aparecen todos menos las partes sexuales, que devoró un pez. No contenta, vence a la muerte con sus hechicerías, "Inventó el remedio que da la inmortalidad". Para ello reunió todos los miembros, y ayudada por Anubis, Thot y Nephtys, hizo un cuerpo eterno o "zert", la primera momia, dotado de vida eterna y mágica, pero esta nueva vida, que es la de ultratumba, la aleja del mundo, cuyo gobierno directo confió a un sucesor.

La historia de Isis es el colofón de la leyenda de Osiris. Esta recurrió de nuevo a la magia para ser fecundada por el cuerpo muerto de Osiris, y dio a luz un hijo póstumo, Horas, que por ello se llama preferentemente "hijo de Isis". Creció en los pantanos del Delta —como el trigo que renace del grano enterrado—y cuando llegó a la mayoría de edad se transformó en el vengador de su padre. Ayudado por numerosos dioses, incluso la concubina de Seth, y muchos egipcios, venció al asesino. Éste pretendió ser inocente y recurrió a un tribunal, que gracias a la intervención de Thot le declaró culpable. Hotus le venció otras dos veces y le sometió para siempre.

En todo esto vemos el reflejo de las luchas entre el Alto y el Bajo Egipto, la organización social y política de tiempos prehistóricos y uno de tantos mitos agrícolas de la vida y de la muerte. Pero la teología de Osiris, convertido en dios y juez de la muerte, es mucho más profunda. Véase este fragmento del Himno de Osiris.

"El cielo y los astros le obedecen / y se le abren las grandes puertas del cielo. / Señor de las aclamaciones en el cielo Meridional, / adorado en el cielo del Norte, / las estrellas indestructibles están bajo su autoridad, /los planetas infatigables son sus moradas"

"La ofrenda sube a él, por orden de Geb; /la Enéada divina le adora, / los habitantes del mundo inferior olfatean la tierra ante él;/ los de las necrópolis del desierto se inclinan alegres cuando le ven, /y los muertos que están allí le temen".

"Las Dos Tierras le adoran cuando se acerca su Majestad,/ porque él es noble y gracioso que preside a los nobles, /cuya función real está establecida, y su gobierno es sólido".

"Buen jefe de la Enéada divina, de rostro amable, /le ama quien le contempla. /Infunde su respeto en todas las tierras /para que pronuncien su nombre ante todos;/ todos le hacen ofrenda, a él, /señor de los que se acuerdan del cielo /y para quien en la tierra /se multiplican los ritos alegres de la fiesta Uag,/para quien las Dos Tierras / celebran regocijos unánimemente".

 

La historia de Osiris recuerda desde luego la organización y la constitución del Estado: la familia osiríaca es modelo de la del faraón muerto y vivo. Más profunda es la extensión de su carácter benéfico de divinidad de la vegetación, que acaba convirtiéndole en el Ser-bueno. Víctima que muere para la salvación de los hombres. Es también importante que su venganza no sea solamente la revancha de la fuerza bruta, sino que vaya seguida de un juicio ante tribunal, lo que significa el triunfo de la verdad y de la justicia.

Osiris como dios de la vegetación, nace, vive, es desmembrado (el trigo molido, las uvas pisadas), enterrado (siembra del grano) y resucita (nacimiento de la vegetación en primavera). Como todos los dioses agrícolas, su vida y resurrección se identifica con la vida del universo.

Osiris debe el prestigio a su carácter de divinidad funeraria que se enfrenta con la muerte, la vence y enseña a todos los hombres la manera de superarla. Esto explica que reinase en las necrópolis y que su culto fuera popular y universal.

 

Tebas se impone (Imperio Medio)

A finales del Imperio Medio, Tebas, capital del Alto Egipto, sufrió la invasión de los reyes iksos o pastores. Tras trágicas revueltas, Tebas se impuso contra los extranjeros. Esto la convirtió en capital absoluta de Egipto durante la época más brillante de su historia: el Imperio Nuevo.

1) Tríada tebana y el culto a Amón

Amón, el viejo dios-carnero de Tebas, sin grandes tradiciones teológicas, se fue enriqueciendo con los simbolismos de otras divinidades a las que suplantaba, y pronto se identificó con el sol como Amón-Ra. Así detentó la dignidad de creador, señor de Egipto y usurpó todos los atributos de la doctrina heliopolitana, entre otros, la paternidad carnal de los faraones. Su culto fue pronto espléndido, se le levantaron templos en todo el país, los dos más importantes en Tebas y Luxor.

"¡Oh Ra!, adorado en Karnak (Tebas), / grande en apariciones en la casa de los obeliscos; /tú de Heliópolis, rey y señor de todos los dioses. / Halcón que habita en el país de la luz, jefe de los hombres, /el que oculta su nombre a sus hijos, /como dice el nombre Amón."

"El amor a ti se ha extendido por los dos países; / tus rayos salen de tus dos ojos;/ beneficias a los hombres cuando sales, /debilitas a los animales cuando brillas. /Tu bondad gana los corazones /y el amor a ti desarma los brazos …" /(Himno a Amón-Ra, escrito en torno al año 1450)

Amón tuvo por esposa a Hathor, gran diosa-vaca del cielo y madre del sol, que como diosa de la vida y del amor fue muy popular. No solo presidía el nacimiento, sino también la muerte, y cultivaba los sicomoros en la linde del desierto para alimentar a los muertos. Amón se representaba con cabeza de carnero y dos plumas; Hathor como vaca, mujer con cabeza de vaca, o mujer con cabeza normal, pero de orejas vacunas. En cambio, el hijo de ambos, Khonsú, siempre ofrecía aspecto de un joven muy bello. Originariamente era una divinidad lunar, que luego se popularizó como creador y exorcista.

La tríada tebana tuvo poca originalidad teológica, pero su influencia política era inmensa, incluso sobre los propios faraones. El rey no era ya el sumo sacerdote, cargo que pasó al Primer Profeta de Amón. El sacerdocio tebano tiranizaba al país, provocando las revueltas dinásticas de tiempo de Amenofis III y la reina Hapt-set-supt, y la religiosa de Akhenatón. Además, el pueblo se atrevió en estos tiempos a dirigirse directamente a la bondad y protección de la divinidad, acabando por crear una especie de religión o devoción popular, práctica y comprensible para todos, muy diferente de las oscuras elucubraciones de los sacerdotes de Amón, comprensibles tan sólo para una minoría selecta de iniciados.

2) La herejía de Akenatón y el culto a Atón

Durante la dinastía XVIII se produjo uno de los movimientos religiosos más interesantes de Egipto, la llamada "herejía de Akenatón", que fue al mismo tiempo una reacción de significado teológico y político, auténtica revolución dirigida "desde arriba" por el propio faraón.

Desde el punto de vista religioso se fundamenta en un aumento progresivo de la devoción al sol, considerado como símbolo divino cada vez más abstracto, bajo el nombre de Atón, que en realidad no era idea ni nombre nuevo, pero que anteriormente aparecía de modo secundario o confundido como atributo de otros dioses, como Ra o Amón. El cambio teo1ógico se va preparando por la influencia asiática aportada por los casamientos sucesivos de varios faraones con princesas asiáticas, caso de Tutmosis IV, Amenofis III y, sobre todo, Amenofis IV.

 

Amenofis IV era hombre extraño, débil y deforme de cuerpo, enfermo y de aspecto poco agradable, pero dotado de un gran espíritu y de indomable energía. Su esposa, la famosa Tadukhipa, llamada, en Egipto, Nefertiti, Nefertari o Nefertite, fue su constante colaboradora. Cuando menos podía esperarse, rompió abiertamente con la tiranía de los sacerdotes de Amón, hasta el punto de que cambió su nombre de Amenofis (que significa «Amón está satisfecho») por el de Akenatón (la gloria de Atón). Abandonó la ciudad de Tebas y fundó otra nueva, Ikhunatón (Horizonte de Atón), llamada hoy Tell el-Amarna, e incluso logró la persecución de los sacerdotes del culto anterior y la destrucción de las imágenes de los dioses.

"Cuán numerosas son tus obras, /lo que has creado y lo que está escondido, /oh tú, el único dios que ninguno iguala. /Has creado la tierra según tu corazón, tú solo, /con los hombres, los rebaños y todas las bestias salvajes, /todo lo que existe en la tierra y anda con sus pies,/ todo lo que está en el aire y vuela con sus alas, /(…)

Creas el Nilo en el mundo inferior, /y lo traes (a la tierra), donde quieres, /para nutrir a los hombres (de Egipto). /

Eres el Señor de todos, /quien ha tenido cuidado de ellos, /el Señor de esta tierra, para la que apareces, /poderoso Disco del día. /(…)¡Cuán excelentes son tus deseos! /(…)

Tus rayos amamantan todos los territorios /y cuando apareces viven y crecen para ti. /

Produces las estaciones del año /para que exista todo lo que has creado, /el invierno para refrescarlas /y el verano para calentarlas. /

Has creado el cielo lejano /para aparecer en él /y ver desde allí arriba lo que has creado, tú solo./ (…)

Estás en mi corazón;/ no existe nadie más que te comprenda,/ excepto yo, tu hijo /(...) que ha salido de tu carne, Akhenatón». (Himno de Atón)

 

La doctrina de Atón es profunda: un monoteísmo que reconoce a la divinidad suprema llena de dulzura, de justicia y de amor a los hombres. Se le representa como un disco con numerosos rayos terminados en manos que acarician al faraón, a los humanos y a todas las cosas, simbolizando así su providencia. Esta reforma duró poco tiempo, aproximadamente desde el 1370 al 1350 a. de J.C. Akenatón murió joven y sus sucesores, entre los que se encuentra el famoso Tutankamon, abjuraron pronto de la nueva fe y los sacerdotes de Amón restablecieron pronto su tiranía en Tebas con más fuerza que antes. Fue una época corta, pero muy interesante en todos los aspectos, especialmente por sus bellas producciones literarias, la renovación del arte, que se transformó en expresión íntima y naturalista de la vida, y por sus concepciones tan humanas y de ideales muy puros y elevados.

 

ideas religiosas egipcias en la epoca tardía

Magia y culto animalístico

La época saíta coincide con la decadencia de Egipto. Éste sufre las conquistas de sus vecinos más fuertes (asirios, persas y griegos). Destacan por su importancia en esta época las dinastías llamadas saítas por tener su capital en Sais, en el Delta, que intentaron en vano reconstruir el antiguo esplendor del país. Son esfuerzos marcados por el nacionalismo como medio de autodefensa ante las influencias extranjeras.

La teología, sufre también la crisis. Se descompone y divide en multitud de creencias, frecuentemente supersticiosas y locales. La magia adquiere cada vez más importancia y está al alcance de todos, con lo que la religión se trivializa y pierde calidad. Fruto de esta crisis es la nueva importancia y forma de adoración que recibe el culto a los animales. Es una especie de vuelta a los orígenes totémicos y animalísticos.

Nunca había faltado el culto a los animales divinizados, como la vaca Hathor, el buey Apis o el halcón Horus, o como símbolos (escarabajo sagrado lo era del disco solar). Pero su número era siempre limitado y sometido a ritos cuidadosos. En cambio, en los últimos tiempos se multiplicaban las especies sagradas, hasta el punto de serlo casi todas las que vivían en Egipto. En El Fayum, el dios Sobk no se suponía encarnado en un cocodrilo, sino en todos. No se adoraba a Bast en un gato determinado y especialmente consagrado, sino en todos los del país. Lo que comenzó siendo una aspiración sentimental e ingenua hacia las épocas heroicas, y como una reivindicación nacionalista al destacar los dioses más antiguos y nacionales, degeneró en superstición, en una verdadera zoolatría o adoración ciega a los animales por sí mismos.

"¿Quién sabe cuántas variedades de monstruos adora el antiguo Egipto? Unos adoran al cocodrilo, otros tiemblan ante el ibis harto de serpientes... Ciudades enteras veneran a los gatos; otras, un pez del río; otras, a un perro; pero nadie honra a Diana. Es una impiedad no respetar y masticar el puerro y la cebolla. ¡Oh, santas gentes que ven nacer tales dioses en sus huertos!". (Juvenal , Sátira XV).

 

2) Crisis final

Durante la época de los Ptolomeos, Egipto fue independiente, pero a continuación quedó bajo la dominación de Roma, como provincia sometida, hasta la ruina del Imperio. No pudo resistir Egipto la Influencia de los cultos invasores (griegos, romanos). Seguía de moda la adoración de los animales y se mantenían algunos dioses, pero pronto surgieron mitos y ritos mixtos, con características de ambos pueblos, y se intentó la identificación o equivalencia de dioses de ambas partes: Zeus y Amón, Anubis y Hermes, Atenea y Neith, Hathor y Afrodita, etc., constituyendo un nuevo y abigarrado panteón sin personalidad ni grandeza. No obstante, a los verdaderos egipcios les repugnaban estas divinidades y seguían adorando a las suyas, que a su vez resultaban ridículas y condenables para los griegos y, sobre todo, para los romanos.

 

Aspectos puntuales

1) Sacerdotes y culto

Las ideas religiosas de los egipcios fueron muy diversas a través de su larga evolución. A primera vista pueden considerarse religiones diferentes, dada la variedad de templos y de sus ritos. En tiempos más lejanos el jefe del clan sería al mismo tiempo cabeza religiosa del grupo, acaso auxiliado por brujos que adquirieron cada vez más importancia. Al llegar los cultos solares del Imperio Antiguo, el faraón se erigió en sacerdote supremo al mismo tiempo que era jefe del Estado, auxiliado por numerosos sacerdotes menores. Ello se justificaba por su carácter de encarnación terrestre de la divinidad solar. Por lo tanto, el Estado regía la religión.

Los sumos sacerdotes de los diferentes cultos elaboraron las doctrinas dogmáticas que ayudaban al faraón. Cada vez fueron adquiriendo más peso político debido, en parte, por la debilidad de los faraones. Cuando el dios local de Tebas, Amón, logró la supremacía religiosa oficial sobre todo Egipto, lo hizo ayudado por la los sacerdotes.

La clase sacerdotal, rica, soberbia, culta y con apetencias sin límites, era numerosa y perfectamente jerarquizada. Llegaron a poseer la tercera parte de las riquezas y tierras de Egipto, dominaron a los faraones, sin que lograran triunfar ningún tipo de sublevaciones que supusiera cambios en dicha estructura (como la de Hapt-set-supt o la de Akenatón).

El pueblo tenía una escasa o nula participación en la liturgia profunda celebrada en los templos. Esta consistía esencialmente en ofrendas de alimentos y bienes, en sacrificios de animales, cremación de incienso, oraciones y cánticos. Especial relevancia tenían los ritos funerarios y los solares como los de Ra.

2) Creencias y ritos de ultratumba

La creencia en la vida de ultratumba y los ritos para asegurarla, caracteriza a la cultura egipcia posiblemente más que cualquier otro de sus aspectos. Como hemos visto en la religión, también las ideas y las prácticas evolucionaron mucho a través de la larga historia. Desde de tiempos de las primeras dinastías encontramos ya muestras de la creencia en que el faraón divinizado seguiría viviendo en otro mundo y protegiendo desde él a su pueblo.

En el viaje que el difunto emprende es una travesía hasta el Más Allá. Por supuesto, esta travesía no es fácil y el espíritu del muerto se enfrenta con innumerables obstáculos que tratan de impedir su desplazamiento. Con el fin de sortear estas últimas barreras, el espíritu viajero requiere los servicios de una figura peculiar de la mitología egipcia: Ma-haef , el Barquero Celestial.

"¡Despierta en paz, oh Ma-haef, en paz! ¡Despierta en paz, oh tú que estás en el Cielo, en paz! ¡Oh Barquero del Canal Tortuoso! ¡Dile mi nombre a Ra! ¡Anúnciame a(nte) Ra, porque yo (= el Rey) estoy asignado a aquella distante mansión de Aquellos-quienes-poseen-<sus>-auras (= eg., ka), quienes adoran a Ra, allí en los Montículos de Horus y en los Montículos de Set, como su Dios de Aquellos-quienes-han-marchado-hacia-sus-auras!" (Textos de las Pirámides)

"¡Oh Ra, recomiéndame a Ma-haef, el Barquero del Canal Tortuoso, por el que él transporta (fluvialmente) a los dioses al otro lado del Canal Tortuoso, al lado oriental del Cielo! ¡Porque soy yo (= el Rey) quien está buscando al Ojo-de-Horus en peligro! ¡(Porque) soy yo quien está asignado a la  ‘enumeración de los dedos’!". (Textos de las Pirámides)

 

Más tarde, los textos de las pirámides nos ilustran con profusión que ya no se trataba, como antes, de una prolongación de las funciones reales después de la muerte, sino de la auténtica divinización del faraón. Hay que defender el cadáver real, hacerle revivir, asegurar su duración eterna, porque con su suerte se identifica el porvenir de toda la raza, en lucha contra la muerte.

En los mitos de Osiris, el dios real asesinado y resucitado, los teólogos de Heliópolis, identifican al faraón vivo con Horus, y muerto lo unen a Ra. Ambas ideas se entremezclan sin excluirse, y el rey muerto tiene al mismo tiempo dos destinos: el osiríaco y el solar. Para los egipcios el hombre constaba de un cuerpo terrestre vivo (ket), un cuerpo terrestre muerto y momificado (zet) cuya duración se refuerza con varias estatuas o «dobles», y los elementos espirituales: sustancia divina (ka), espíritu (alh) y alma o principio vital (ba).

Por eso se organizó un rito litúrgico, llevado por sacerdotes especializados, donde se estableció la momificación. De esta manera el espíritu del faraón podía sufrir el juicio ante un tribunal, presidido por Osiris. Se procedía a una psicostasis o peso del alma en una balanza, mientras se recitaban textos mágicos, según el Libro de los Muertos, que se colocaba siempre en la tumba. Era una especie de confesión en que relataba todo lo bueno que había hecho en vida y negaba lo malo. El faraón se identificaba entonces con Osiris y accedía a la inmortalidad.

El destino solar fue siempre privativo del faraón. Los ritos osiríacos (de la inmortalidad y de la resurrección) no estaban permitidos a todos los habitantes de Egipto. Sólo 500 imakhu o elegidos del rey (parientes, cortesanos y amigos), obtenían este privilegio y podían construirse una tumba en la necrópolis real.

"He aquí a Seth que me habla a su manera... Yo le respondo: «Tu balanza, en verdad, es en nuestro Corazón donde hay que buscarla.» Su Majestad Anubis me dice: «¿Conoces el Nombre de esta Puerta de modo que puedas proclamarle ante mí?» Yo le respondo: «El-dios-Shu-el-destructor, ¡he aquí el Nombre de esta Puerta!» Su Majestad Anubis dice: «¿Conoces el Nombre de la Bisagra superior de esta Puerta y el de la Bisagra inferior?» Yo respondo: «El-Señor-de-Verdad-y-de-Justicia-sobre-sus-piernas», es el Nombre de la Bisagra superior. «El-Señor-de-la-doble-Potencia-Domador-del-Ganado» es el Nombre de la Bisagra inferior. Su Majestad Anubis pronuncia: «Pasa entonces, puesto que conoces estos Nombres mágicos.» Entrando en la Doble Sala de la Verdad-Justicia, el difunto pronunciará lo que sigue, con objeto de desembarazarse de sus pecados, y de poder contemplar a los dioses" . (Libro de los muertos: Sortilegio 125).

En el Libro de los muertos, se encuentra esta descripción de un juicio y la justificación del alma ante el gran juez:

(Lo que se ha de decir cuando se llega a la sala de las dos verdades y hay que purificarse de todo mal, lo que se ha de hacer para mirar la faz de los dioses que están en ella)

"Mira, yo vengo a ti, yo te traigo la verdad y ahuyento los pecados: No he cometido ninguna injusticia contra los hombres, ni he hecho desgraciadas a las gentes. No he cometido ningún pecado en el lugar de la verdad... No he hecho nada de lo que Dios aborrece. No he hecho mal a los súbditos ante sus superiores. No he hecho pasar hambre. No he hecho llorar. No he asesinado. No he ordenado asesinatos No he causado dolor a nadie. No he disminuido los alimen tos en los templos. No he disminuido los pasteles ofrecidos en sacrificios a los dioses. No he quitado los panes de los transfigurados. No he cometido adulterio. No he incurrido en ninguna impudicia en el sagrado recinto del dios de mi ciudad. No he hecho más grande ni más pequeña la medida de los áridos. No he hecho más pequeña la medida de los campos. No he hecho más pesados los pesos de la balanza. No he quitado la leche de la boca del niño. No he capturado los pájaros de los dioses. No he pescado los peces en sus pantanos. No he detenido en su tiempo el agua de la inundaaón. No he represado el agua corriente. No he apagado el fuego en su hora... ¡Soy puro! ¡Soy puro!." (Libro de los muertos, capítulo 124)

 

La situación era tan injusta, que al final del Imperio Antiguo se produce la llamada revolución social. Una de sus causas fue el deseo de los egipcios de tener también derecho a la inmortalidad. La consiguieron a partir de la época tebana—Imperios Medio y Nuevo—, lo que fue la primera gran conquista social de la humanidad. Los ritos osiríacos se aplicaron desde entonces a todos los que podían pagar la costosa preparación de la momia (para lo que se establecían tres sistemas y tres tarifas), construirse una tumba que asegurara la conservación del zet y de la estatua, y ofrendarle figurillas y pinturas (de respuesta) que realizaran para ellos todos los trabajos y servicios en el otro mundo.

Finalmente, conforme avanzaron los tiempos, los ritos y derechos se fueron difundiendo y simplificando, hasta que prácticamente todos tuvieron derecho a la vida eterna de ultratumba. Se ha pasado del despotismo sagrado al socialismo religioso del Estado.

 

Himno a Atón (fragmentos)

"Cuán numerosas son tus obras,/ lo que has creado y lo que está escondido,/ oh tú, el único dios que ninguno iguala./ Has creado la tierra según tu corazón, /tú solo, con los hombres, los rebaños /y todas las bestias salvajes,/todo lo que existe en la tierra /y anda con sus pies,/ todo lo que está en el aire /y vuela con sus alas,/los países extranjeros de Siria;/de Nubia; la tierra de/ Egipto)/ (…)"

"Creas el Nilo en el mundo inferior, /y lo traes (a la tierra), donde quieres,/ para nutrir a los hombres (de Egipto)./ Eres el Señor de todos/(…)"

"Vienes en tu forma de Atón viviente,/ apareces radiante, te alejas, vuelves/(...)Estás en mi corazón; /no existe nadie más que te comprenda,/excepto yo, tu hijo /(…) que ha salido de tu carne, Akhenatón"./(…)" (Akhenaton)

 

EL MÁS ALLÁ (fragmentos)

(Lo que se ha de decir cuando se llega a la sala de las dos verdades y hay que purificarse de todo mal, lo que se ha de hacer para mirar la faz de los dioses que están en ella)

"Mira, yo vengo a ti, yo te traigo la verdad y ahuyento los pecados: No he cometido ninguna injusticia contra los hombres, ni he hecho desgraciadas a las gentes. No he cometido ningún pecado en el lugar de la verdad... No he hecho nada de lo que Dios aborrece. No he hecho mal a los súbditos ante sus superiores. No he hecho pasar hambre. No he hecho llorar. No he asesinado. No he ordenado asesinatos No he causado dolor a nadie. No he disminuido los alimentos en los templos. No he disminuido los pasteles ofrecidos en sacrificios a los dioses. No he quitado los panes de los transfigurados. No he cometido adulterio. No he incurrido en ninguna impudicia en el sagrado recinto del dios de mi ciudad. No he hecho más grande ni más pequeña la medida de los áridos. No he hecho más pequeña la medida de los campos. No he hecho más pesados los pesos de la balanza. No he quitado la leche de la boca del niño. No he capturado los pájaros de los dioses. No he pescado los peces en sus pantanos. No he detenido en su tiempo el agua de la inundación. No he represado el agua corriente. No he apagado el fuego en su hora... ¡Soy puro! ¡Soy puro!." (Libro de los muertos, capítulo 124)