Tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto, y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.
REFLEXIÓN
Jesús vivió esta paz y esta confianza total en el Padre, hasta en su reposo en el sepulcro, esperando en paz la resurrección. Jesús habló de la muerte como un sueño: “Nuestro amigo Lázaro duerme y voy a despertarlo” (Jn 11,11). Y la absoluta confianza en la oración, que testimonia este Salmo, era igualmente la certeza de Jesús cuando decía: “Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá” (Mt 7,7).
Este Salmo es tradicionalmente utilizado como oración de Completas. Hoy el Oficio de lecturas comienza con él. Es una bella oración decir a Dios que Él es nuestro único necesario. Hacer silencio, haciendo callar las preocupaciones. Promover en nosotros mismos los valores de “paz”, de “tranquilidad”, de “felicidad”. Luego nos entregaremos al sueño confiando como Jesús que la acción misteriosa de Dios continúa en nosotros durante nuestro descanso. [También la Virgen María debió vivir el Sábado Santo en esta actitud de abandono y espera confiada en la manos del Padre] (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Ezequiel pf.; Miguel de los Santos cf.; Pompeyo, Terencio, Africano, Alejandro, Máximo, Edormon, Zenón, Teodoro ms.; Macario, Pablo, Fulberto obs.; Bto. Antonio Neyrot, o.p.