Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
Para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
REFLEXIÓN
La victoria de la que se trata en este Salmo es, ante todo, el triunfo de Dios sobre la muerte en la Resurrección pascual de Jesús, de la cual participaremos todos un día.
Orando este Salmo entramos de lleno en el pensamiento evangélico sobre los pobres: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos”. Y escuchamos ya en este Salmo el Magnificat de María: “Derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes”.
Por otra parte este Salmo invita a la alegría y a la alabanza por el triunfo de Cristo: “cantadle con tambores y cítaras”, “danzad en honor de su nombre”. Por esos algunos jóvenes de hoy ritman sus cantos con “baterías y guitarras”. En nuestras asambleas litúrgicas debemos incrementar el calor humano y la alegría (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Estanislao ob. y m.; Felipe, Lustrano obs.; Eustorgio pb.; Isaac mj.; Néstor, Antipas, Filón, Ceremonio ms.; Barsanufio erm.; Beatriz de Belmonte, Raniero bts.