En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa...
REFLEXIÓN
La psicología moderna ha puesto en evidencia hasta qué punto el hombre está marcado por determinismos que provienen de condicionamientos muy diversos. El Salmista se siente aplastado por el peso de estos determinismos. Consciente del mal que había hecho, se sentía incapaz de realizar la reparación tan deseada. Por eso pide la intervención de Dios. Descubre que la raíz del pecado, antes que en la culpabilidad personal, está en la misma condición humana: “Mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre”.
Pero esto no es fatalismo. “Reconozco mi pecado... Lo que es malo lo he hecho”. Se trata de un hombre responsable que no quiere de ninguna forma justificarse. No hay peor enemigo del hombre que la actitud de autojustificarse. Esto es a menudo una dimisión. ¡Haz, Señor, que veamos claro! Ayúdanos a tomar conciencia del mal que hacemos: las agresividades inconscientes, los reflejos dominantes, los egoísmos camuflados, las cobardía ocultas... (Noël Quesson)
SANTORAL ROMANO
Ss. Tiburcio, Valeriano, Máximo, Antonio, Juan, Eustaquio ms.; Próculo, Lamberto ob.; Domnina, Liduvina (Ludiwina) vs.; Tomaides, Ardalión ms.; Frontón ab.; Abundio cfr.; Raúl (Rodolfo) ob.; bto. Pedro González Telmo, o.p.