No así los impíos, no así:
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos:
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
REFLEXIÓN
Muchas veces estamos tentados a decir que este Salmo es irreal, demasiado bello para ser verdadero. Vemos, en efecto, santos que fracasan y malvados que prosperan. Ya Job lo había comprobado. Éste es el escándalo de todas las épocas. Jesús, el justo por excelencia, terminó su vida en el árbol seco de la cruz, bajo apariencia del fracaso más radical. Pero el sabio que escribe este Salmo habla como hombre de experiencia, y afirma que “cuanto emprende el justo tiene buen fin”.
Hay que escuchar esta afirmación paradójica y comprenderla en el nivel de la fe, y no en el nivel de los éxitos materiales inmediatos. Pascal, al finalizar su famoso “Apuestas sobre Dios” nos da la clave del problema. El justo es profundamente “dichoso”, aún si es probado dolorosamente en su vida. “¿Qué perdéis escogiendo a Dios? ¿Qué mal os alcanzará si estáis a su lado?... Seréis fieles, honestos, humildes, agradecidos, bienhechores, amigos sinceros, veraces. En realidad no estaréis en medio de placeres opuestos, en la gloria, en las delicias, pero tendréis otra clase de placeres. Os digo que ganaréis en esta vida y que cada paso que avancéis por este camino, veréis con certeza la ganancia, y la nada de aquello que arriesgáis; conoceréis finalmente que habéis apostado por una cosa cierta, infinita, por la cual no habéis dado nada” (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Toribio de Liébana, Fructuoso obs.; Lamberto, Calixto, Cayo, Cremencio, Carisio, Irene, Leónidas, Baudilio ms.; Benito José Labre, Joaquín cfs.; Magno, conde; Engracia v. y m.; María Bernarda Soubirous v.