Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas a favor de los hombres...
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies...
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
REFLEXIÓN
Releamos este Salmo poniéndolo es boca de Jesús, que pasó de la muerte a la vida por su resurrección. Jesús es el nuevo Israel, el hombre universal que fue purificado en el crisol de su pasión. Nadie mejor que Él ofreció un sacrificio de acción de gracias. Nadie mejor que Él invitó a todo el universo a asociarse a su eucaristía.
¡Aclamad! ¡Celebrad! ¡Cantad! ¡Venid! ¡Mirad! ¡Dad gracias!... No estamos a merced de los poderes infernales. ¡El mal no es un dios! ¡Solamente Dios es Dios! Yo “creo” en la acción victoriosa de Dios. Creo en la resurrección y en la vida eterna. Todas las eucaristías de mi vida terrena no son suficientes para agradecer a Dios. ¡Bendito sea Dios que nos salva! (Noël Quesson)
SANTORAL ROMANO
Ss. Landricio ab.; Elías, Pablo, Isidoro, Mapálico, Marciano, Fortunato, Hermógenes ms.; Inocencio, Pantágato obs.; Pedro dc.; Esteban, Roberto abs.; Acacio cf.; Aniceto p.; btas. Clara Gambacorta y María Mancini, o.p.