Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas...
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto...
Señor, ¡qué numerosas son tus obras!
Tú las hiciste todas sabiamente,
tus criaturas se ven en todas partes...
REFLEXIÓN
Debemos descubrir constantemente la belleza, la fecundidad, el poder de la creación. A fuerza de vivir entre estas maravillas, nos habituamos a los paisajes, a los bosques, a las flores... No somos sensibles a su mensaje.
No olvidemos que la “creación” es un acto siempre actual de Dios. Dios mantiene el ser de cuanto existe. Crea sin cesar, en este instante. Y el Génesis afirma que Dios no hace nada sin nosotros, claro está, bajo su dependencia: “dominad la tierra y sometedla”. Pero estas maravillas evocadas por el Salmo, pueden ser destruidas por el hombre. El pensamiento cristiano es optimista: la creación es buena, ella alegra a Dios (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Eleuterio, Cosme, Eugenio, Eusebio, Galdino, Gebuino obs.; Apolonio, Atanasia, Aya, Abrahán cfs.; Antía, Ciro, Corebo, Calócero ms.; Perfecto de Córdoba pb.