En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo, no temo:
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres;
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los poderosos...
Éste es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad...
REFLEXIÓN
Sí, Pascua es el día que ha hecho el Señor. He ahí “la obra de Dios”. Vanamente buscaríamos en el pasado la victoria o el acontecimiento histórico de Israel, en honor de los cuales se compuso esta exultante “Eucaristía”, este himno de acción de gracias. El salmista no conoció a Jesús de Nazaret, su muerte y su resurrección, pero esperaba al Mesías, al Rey, al Ungido, al Christos. Recitando este Salmo con Jesús, en Pascua, cantamos la victoria de Dios sobre el mal. ¡Alegrémonos por este día de fiesta! ¡Jesús cantó su propia resurrección esa tarde! (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. León IX p.; Jorge, Ursmaro, Elfego obs.; Vicente, Hermógenes, Cayo, Expedito, Aristónico, Rufo, Gálata, Sócrates, Dionisio ms.; Crescencio cf.; Emma vda.; Timón dc.; Trifón patriarca; bto. Isnardo de Chiampo y bta. Sibilina Biscossi, o.p.