El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas,
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad...
El Señor está cerca de todos los que le invocan,
de los que le invocan sinceramente...
REFLEXIÓN
Dime cómo es tu oración, y te diré quién eres . Hay personas que dicen “amar” a otra y, de hecho, sólo se aman a sí mismas. Todo su lenguaje, todas sus actitudes, son únicamente para “aprovecharse” del otro y no para “servirlo”...
A menudo somos también con Dios interesados egoístas. Aunque decimos a Dios “hágase tu voluntad”, de hecho estamos diciendo “que mi voluntad sea hecha”. La recitación frecuente de este Salmo podría enseñarnos a adoptar con más frecuencia hacia Dios un verdadero lenguaje de amor, orientado hacia Él, y no orientado hacia nosotros. Dime si tu oración es “contemplación”, “admiración”, “mirada extasiada hacia Dios”..., y te diré si tú lo amas sinceramente. Dime si aceptas “perder el tiempo” con Él y te diré si tú lo amas de verdad. Dime si pasas el tiempo hablando, o si tú dejas de hablar para escuchar, y te diré si tú le amas a Él (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Anselmo de Cantorbery ob. y dc.; Anastasio, Simeón, Abdécalas, Ananías, Apolo, Alejandra (Sandra), Arador, Fortunato, Félix, Silvio, Vidal, Apolo, Isacio ms.; Conrado Parzham cf.