Allí le a puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor...
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
REFLEXIÓN
Esta meditación habría que hacerla al aire libre un día de primavera: levantarse de madrugada para contemplar la salida del sol, permanecer en el campo siguiendo su curso deslumbrante, y aguardar hasta la tarde para admirar la mágica luz del poniente. Luego a través del crepúsculo, presenciar el nacimiento de la noche, adivinar las primeras estrellas que brillan en la penumbra, y finalmente en medio de las tinieblas dejarse embriagar por el firmamento estrellado. ¡Todo es obra de las manos de Dios!
Y si la luz del sol canta la gloria de Dios, es necesario descubrir, como el salmista, la maravilla de la noche. El día es el esplendor, la acción, la vida. La noche es la discreción, el descanso, el misterio. Si es placentero estar al sol, lo es también sumergirse en la noche como un baño de silencio, que tanto necesita el hombre moderno. Hay que hacer la experiencia de orar con los ojos cerrados, haciendo la noche. Sabemos todo el partido que San Juan de la Cruz sacó del tema de la noche. Para él, el hombre no podía llegar al encuentro con Dios fuera de la “noche oscura” (Noël Quesson)
SANTORAL ROMANO
Ss. Jorge m.; Gerardo, Márolo, Ibar obs.; Adalberto ob. y m.; Félix, Terino, Fortunato, Aquiles ms.; Etelredo rey.