Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria...
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos con el Señor,
celebrad su santo nombre.
REFLEXIÓN
Cinco veces en este Salmo somos invitados a estar “delante” de Dios. Lenguaje muy elocuente. El Dios ante quien estoy es viviente. El hombre, en el fondo, no tiene existencia autónoma, su ser no lo tiene por sí mismo. Él está solamente “delante” de Dios. ¡Yo soy solamente “delante de Él”, porque Dios es YO-SOY!
Por otra parte el salmista nos habla del fuego como símbolo de Dios. Hace referencia ciertamente a un viejo fondo mítico. Sin embargo la ciencia moderna nos ha revelado que vivimos sobre ciclones de fuego: el corazón de la tierra es un fuego temible que aflora a veces en los volcanes; el universo es un ensamblaje fantástico de “bolas de fuego”, los astros. Y en este grandioso, y a veces aterrador, universo de fuego, una mano creadora ha preparado un espacio tibio en que la vida puede existir: el planeta tierra. ¡Sí, Dios nos ha permitido “ser” y “vivir” delante de Él (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Marcos evang.; Erminio, Esteban obs.; Filón, Agatópode dcs.; Hermógenes, Calixta, Evodio ms.; Aniano cf.; Uña vda.; Teresa Ansúrez abdsa.