Oigo un lenguaje desconocido:
"retiré los hombros de sus cargas,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos...
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti:
¡ojalá me escuchases, Israel!
REFLEXIÓN
Dios quiere un pueblo alegre. ¿Lo somos nosotros? ¿Irradiamos alegría? ¿Nuestras asambleas litúrgicas son lo que Dios espera? ¿Utilizamos los instrumentos musicales para que la fiesta sea más completa?... La mayoría de nuestros jóvenes, hoy, encuentran nuestras Eucaristías aburridas. ¡Qué pena! Es verdad que se necesitan momentos de silencio y de recogimiento, pero también han de haber otros de aclamaciones y de alegría exultante.
Este Salmo nos invita también a quitar las cargas, descargar fardos, salvar a los oprimidos. ¡Ser libre! ¡Acabar con los opresores! El tema aparece en toda la Biblia. Hoy el salmista nos recuerda que Dios entró en combate y se comprometió a liberar a Israel de los males que sufría en la tierra de esclavitud, simbolizada por Egipto. Y yo, ¿no seré una especie de tiranuelo para tal o cual persona que sufre con mi presencia, con mi autoridad, con mi temperamento? ¿No echo cargas sobre los hombros de los demás, en la familia, en mi lugar de trabajo?... (Noël Quesson)
SANTORAL ROMANO
Ntra. Sra. del Buen Consejo; Ss. Isidoro ob. y dr.; Anacleto (Clero), Marcelino pp.; Pascasio, Clarencio, Lucidio obs.; Pedro, Basileo obs. y ms.; Ricario mj.; Exuperancia (Esperanza), Guillermo, Peregrino cfs.; Rafael Arnaiz mj. bto.