Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?
¿el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre,
en toda la tierra!
REFLEXIÓN
Jesús citó explícitamente este Salmo para defender, contra los fariseos y escribas, las gentes sencillas del pueblo que lo aclamaban el Domingo de Ramos. ¿No oyes lo que dicen éstos?... Y Jesús responde: Perfectamente, pero ¿no habéis oído jamás el texto de la Escritura que dice “de la boca de los niños, de los bebés, has hecho brotar una alabanza? (Mt 21,16). Para Jesús la verdadera grandeza del hombre está en los pequeños, en aquellos que aceptan recibir todo con sencillez. Por otra parte Jesús insistió muchas veces en la necesidad de la humildad: “Padre, te bendigo porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a la gente sencilla” (Lc 10,21).
Pablo cita varias veces este Salmo para expresar la maravilla de la resurrección de Jesús como una victoria total sobre la muerte (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ntra. Sra. de la Cabeza; Ss. Pedro Chanel pb. y m.; Agapito I p.; Prudencio, Pánfilo, Marcos, Patricio obs.; Teodora, Dídimo, Acacio, Menandro, Afrodisio; Agapio, Eusebio, Vidal, Valerio, Ursicino ms.; Luis Mª Grignion de Monfort cf.