El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones alzad los dinteles,
levantaos, antiguas compuertas:
va a entrar el rey de la gloria.
¿Quién es ese rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el rey de la gloria.
REFLEXIÓN
San Pablo aplicó este Salmo a un problema de su tiempo: “¿Se pueden comer los alimentos ofrecidos a los ídolos”? Responde: “Coman, sin hacer problema de conciencia, todo lo que les venden en el marcado, porque la tierra y todo lo que hay en ella es del Señor” (1 Co 10,25-26). Considerar la fe en Dios como liberadora es una esperanza del mundo actual. Sólo Dios es Dios. Sólo Dios merece sumisión. Y es que existe siempre el peligro de sacralizar abusivamente las realidades terrestres: las costumbres tradicionales, los tabúes ancestrales, las ideologías, los partidos políticos. Sólo Dios es Rey.
Este Salmo trae a cuento también una verdad esencial que Jesús repitió frecuentemente. Dios, más que aclamaciones rituales, más que recitación de “credos”, más que gestos cultuales..., espera de nosotros rectitud de vida...Seremos juzgados sobre el amor. No llegarán a la montaña del Señor aquellos que se contenten con decir “Señor, Señor”, sino aquellos que tengan el corazón puro y las manos inocentes (Noël Quesson)
SANTORAL ROMANO
Ss. Sixto I p.; Pancracio, Ricardo, Urbico obs.; Benigno, Evagrio, Ágape, Quiona, Irene hnas,. Engracia, Vulpiano ms.: Nicetas ab... |