Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
"salud de mi rostro, Dios mío".
REFLEXIÓN
“Como busca la cierva corrientes de agua...” Jesús se presentó como quien venía a calmar esta sed. “De pie en el Templo gritó: si alguien tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, ríos de agua viva correrán de su seno...” (Jn 3,37-38) El deseo ardiente de estar en la Casa de Dios, la nostalgia de la presencia, el sufrimiento del exilio, Jesús los vivió intensamente. Este Salmo ayuda a comprender cómo Jesús, que amaba profundamente al Padre, sufría al estar lejos de Él, y rodeado de incrédulos. “Si es el Hijo de Dios que baje de la Cruz y creeremos en Él”, le gritaron unos estando en el Calvario.
Los Padres de la Iglesia primitiva aplicaron este Salmo a Jesús, perseguido por proclamarse el Hijo de Dios. Ultrajado por sus opresores, quebrantaban sus huesos, diciendo: “¿Dónde está tu Dios?” De igual manera sus enemigos se burlaban de Él estando en la cruz: “Si Dios lo ama, que lo salve” (Mt 27, 43). Una vez más la mejor manera de orar con los salmos es orar con Jesús (Noël Quesson).
SANTORAL ROMANO
Ss. Vicente Ferrer pb.; Claudiano, Alberto de Montecorvino cfs.; Zenón, Dídimo ms.; Catalina Tomás, Juliana de Cornillón vs.; Gerardo ab.