Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen y me conduzcan
hasta tu monte santo, hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que té de gracias al son de la cítara,
Señor, Dios mío.
¿Por que te acongojas, alma mía,
por que te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo,
"salud de mi rostro, Dios mío".
REFLEXIÓN
Hoy es un buen día para recitar una y otra vez este Salmo con Cristo que camina a su Pasión pidiendo justicia y libertad de la mano de todos los oprimidos, verdad frente a tanta mentira y falsedad, luz frente a tantas tinieblas que envuelven nuestro mundo y la fuerza de la esperanza para llegar al final: al triunfo definitivo de la mano de Dios.
SANTORAL ROMANO
Ss. Guillermo ab.; Celestino I p.; Celso, Prudencio, Ireneo obs.; Platónides, Ciriaca cfs.; Marcelino, Timoteo, Diógenes, Amando, Macario, Máximo ms.; Urbano, Geramaro abds.; Eutiquio patriarca.