COMENTARIO
¿Estás tranquilo? ¿Has elegido unos minutos para sentirte solo contigo mismo, para apreciar la vida que corre por tus venas, para no ser una veleta que agitan y mueven los vientos?... En esta soledad deseada y querida, sondea y examina poco a poco tu propio corazón, la sede de tus afectos y de tu amor. ¿Qué encuentras en él? ¿Cómo lo ves: tímido, lanzado, vacío, lleno de ilusiones y proyectos para este día y para mañana?...
Puede que encuentres en su interior la sorpresa de que Alguien está presente en su palpitar continuado. Sí, Alguien que da sentido a tus quehaceres. Un corazón, el tuyo, poseído no por tontadas y pasiones inmundas, sino un corazón entregado a amar a los otros: a tu familia, a tu amiga o amigo, tu trabajo...
Si tu corazón quiere ser una bomba que lance amor, debes estar en comunión con toda la humanidad. No le acortes sus espacios amplios para los que está llamado. Es en este silencio en donde puedes darte cuenta de tus valores cultivados en el yunque de tu esperanza y de tu confianza contigo mismo y con los demás.
No hay nadie como tú. Eres irrepetible. Dios no crea a las personas en serie o clonadas. Cada una de ellas tiene su propia particularidad. Tú tienes la tuya. No debes ajarla ni marchitarla por algo que te da un placer pasajero. Debes hundir las raíces de tu ser único en aquello que te engrandezca siempre. Por ejemplo, la solidaridad.
Recuerda:
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“La solidaridad es una virtud del corazón y no de las manos”, decía Joseph Addison, político, literato y autor dramático inglés.
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Y nuestro Jaime Balmes, sacerdote, filósofo y publicista escribió: “El corazón necesita amar. Celestial o terreno, ha de amar algún objeto, y es vano luchar contra esta ley”.
Reflexión:
SANTORAL ROMANO
Ss . Ponciano e Hipólito ms.; Antioco, Casiano, Landolfo obs.; Antonino, Ariolfo, Erufo, Centola, Elena ms.; Juan Berchmans, Irene cfs.; Máximo, Narsete, Radegunda reina; Vitalina, Aurora vs.; Ludolfo, Vigberto abds.; Bto. Aimón Taparelli, o.p.