COMENTARIO
Hay veces en que te sumerges en ti mismo. Y notarás que la tristeza inunda todo tu ser. Te sientes sacudido por un aire putrefacto. Casi todo huele mal a tu derredor. Palpas las injusticias cometidas contigo mismo, con los otros... Y la sociedad de consumo sigue su curso normal de indiferencia ante ti. A ella tan sólo le interesas como un consumidor. Tus penas y tus abandonos quedan relegados para ti mismo. Si eres joven, tu futuro laboral es incierto. Pocos vienen en tu ayuda.
¿Qué hacer en estas circunstancias? Lo dice el hermano Roger: “La fuente de la confianza está en Dios, que es amor”. Y en la misma carta trae una cita de un creyente del siglo VII, Isaac de Nínive: “Dios es amor. Dios no puede dar sino amor. Es cierto que Dios nunca suscita la desgracia humana, el miedo o la angustia. El no quiere las guerras, ni la violencia de los accidentes, ni las catástrofes naturales. Dios es inocente, Dios es la inocencia”.
Es el tema del mal que tantas veces atormenta a las personas. Culpan a Dios de todo mal. El vive tranquilo en su cielo. Nosotros aquí abajo nos desalentamos ante tantos males. ¿No te das cuenta de que todos ellos provienen de la libertad humana mal empleada?
Recuerda:
- El patrono de los periodistas –san Francisco de Sales– decía: “Jamás toméis tan a pecho un negocio que el temor del éxito llegue a inquietaros: dejad el resultado en manos de Dios”.
- También te interesa pensar y hacer vida de tu vida las palabras de Blas Pascal: “La principal enfermedad del hombre es la curiosidad inquieta de lo que no puede conocer”.
Reflexión:
SANTORAL ROMANO
Ntra. Sra. de los Ángeles; Ss. Eusebio de Vercelli ob.; Esteban p.; Máximo, Auspicio, Betario, Celsino, Eufronio, Pedro de Osma obs.; Catalina, Teódota, Evodio, Rutilio ms.; Guillermo ab.; Bta. Juana de Aza, o.p.