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con Dios
LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"
AGOSTO2005
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Por Felipe Santos Campaña, s.d.b.

DÍA 20

PAZ CON VOSOTROS

“En el siglo IV, san Ambrosio de Milán escribía: «Comenzad en vosotros la obra de la paz, para que una vez pacificados vosotros mismos, llevéis la paz a los demás». La paz del corazón es como un nuevo nacimiento en lo más íntimo de cada uno.

El que busca esta paz permanece atento a las palabras de Cristo: «Ve primero a reconciliarte». ¡Ve primero! ¡No lo dejes para más tarde! Para comunicar a Cristo, ¿hay acaso una realidad más transparente que la de una vida en la que, día tras día, se concreta la reconciliación?... Reconciliarse es amar, perdonar... y expresarlo con la propia vida. Es también estar atento a permanecer en la compasión y la bondad de corazón” (Carta de Taizé, 1999-2001).

 

COMENTARIO

¿Estás en paz contigo mismo, o te perturban otras cosas que, sin duda, no son nada en comparación con este don de la paz de tu corazón?...

Hay gente que muere de infartos por el estrés de la vida, por la angustia que se apodera de su interior, por el afán de ganar y poseer, en lugar de mantener el corazón en paz. Fíjate que san Ambrosio en el siglo IV ya te lo advertía. Si eres una persona de paz interior, la podrás comunicar a todo el que está contigo. No camines a lo loco. Esta paz del corazón es un nuevo nacimiento que debes procurar recibirlo cada día tan tranquilo como la luz del alba.

Conoces a gente que no marcha bien porque está enfrentado con el jefe, con la mujer, el marido, el amigo o la amiga. Y siguen en esta grave situación durante años y años. Te cuesta reconciliarte. Esta palabra va desapareciendo paulatinamente de mucha gente. Hasta de los mismos cristianos.

En el margen de la carta dice el hermano Roger: “Un santo ortodoxo ruso de principios del siglo XIX, san Serafín de Sarov, escribía: «Adquiere la paz interior y miles de personas de tu alrededor encontrarán la salvación». Y san Pablo, el apóstol, nos invita cuando escribe: «Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4,7). ¿Y si dejáramos pasar la hora de las reconciliaciones?... Sin reconciliación, ¿qué futuro cabe esperar para esta única comunión de amor que es la Iglesia?

La vocación a reconciliarse entre cristianos separados se llama ecumenismo. Si bien, la vocación ecuménica ha provocado notables diálogos de intercambios, ¿cómo olvidar estas palabras de Cristo: “Ve primero a reconciliarte?” El ecumenismo se inmoviliza cuando deja que se creen vías paralelas que, por sí mismas, no pueden unirse y terminan por debilitar las fuerzas vitales de la llamada reconciliación. Es como si unos trenes avanzaran unos al lado de otros: se paran de vez en cuando para permitir un encuentro y después cada uno retoma su propio tren.

El ecumenismo, a fuerza de dejar la reconciliación para más tarde, podría mantener esperanzas ilusorias. ¿Quién se atrevería a llevar a los jóvenes hacia un espejismo? Cuando la vocación ecuménica no se concreta en reconciliaciones, no lleva a ninguna parte y la llama se apaga.

No hay nada tan obstinado como la memoria del pasado. Esa memoria consigue transmitirse de generación en generación. El perdón y la reconciliación permiten ir más allá de la memoria. Estamos llamados a vivir esta aventura de las reconciliaciones.

 

Preguntas:

  • ¿Vives en paz contigo mismo y con los demás?
  • ¿Tienes resentimientos que te impiden acercarte a la reconciliación?
  • ¿Te das cuenta de que si estás mal con alguien no puedes vivir tranquilo?

 

SANTORAL ROMANO

Ss. Bernardo ab. y dr.; Adoindo, Erberto obs.; Advino, Amador, Donorcio, cfs.; Brígida ab.; Cristóbal, Leovigildo, Porfirio, Eudosia, Seronio, Severo ms.; Filiberto, Máximo abds.; Lucio mj.; Osvino rey; Samuel profeta.