COMENTARIO
Cada vez que haces oración sincera a Dios aumenta en ti la capacidad de hacerte más fraterno. Y lo contrario: en la medida en que rezas poco, tu fraternidad y solidaridad bajan. Haz la prueba contigo mismo. Notarás que una oración contemplativa bien hecha y, sin mirar el reloj, te lleva de inmediato a actuar según los criterios de Dios: en su pensamiento, en su corazón y en todas las manifestaciones propias de Alguien que se moja en cada instante por cada ser humano, sea de la raza y condición social que sea. Lo importante es que las fuerzas creativas que llevas en tu interior, no queden sofocadas o aisladas sin salida.
Ya sabes que, por tu esencia cristiana, estás a disposición del Evangelio. Ten en cuenta que cualquiera que se entregue a su servicio, no queda nunca defraudado. Tu misión principal es construir a tu lado –no hace falta irse a otros países– un oasis en el que la gente se sienta a gusto y percibiendo el buen aroma de Cristo que se desprende de tus buenas acciones y vida interior.
Te hace falta –aunque no te des ni cuenta– más carga de amor. Todas tus baterías deben respirar y transpirar el amor de Dios inserto en tu corazón. No rehuyas las responsabilidades que te incumben como criatura de Dios. Al contrario, siéntete feliz y realizado actuando simultáneamente con Dios. De la lucha nadie puede librarte. Va inscrita en tu alma de creyente a base de golpes de amor y no de espada o cincel.
Dice el hermano Roger al margen de esta carta: “Una comunión con Dios lleva a una comunión con el ser humano en sus luchas y aspiraciones. Son muchos los que encuentran en la oración el coraje para asumir responsabilidades por los demás”.
Algunos manifiestan su solidaridad con los jóvenes; otros acompañan a los ancianos que están solos; otros dedican tiempo a los niños cuando uno de sus padres falta o cuando necesitan apoyo escolar; otros acogen a los que viven lejos de su país o pertenecen a otras culturas... Estos gestos se pueden realizar con muy pocos medios materiales. Otros acogen por la calle a personas sin domicilio y les preparan una bebida caliente o algo de comida. Otros sostienen comedores populares y «bancos de alimentos»...
Si los jóvenes quieren compartir estas acciones, es indispensable que se unan a los adultos que han adquirido experiencia y discernimiento. Recordemos que, cuando compartimos, lo que cuenta es la escucha.
Recuerda:
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“No es de los ligeros la carrera, ni de los fuertes la lucha, sino que tiempo u ocasión acontecen a todos (Eclesiastés 9,11)
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“Todo derecho que no lleva consigo un deber no merece la lucha para defenderlo” (Gandhi)
Preguntas:
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¿Sacas energías de tu interior?
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¿Rezas al mismo tiempo que trabajas?
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¿Tienes responsabilidades pastorales en tu parroquia o colegio?
SANTORAL ROMANO
Ss. Bartolomé ap.; Tación, Cándido ms.; Aurea v.; Jorge Limniota mj.; Audoeno, Patricio, Tolomeo, Román obs.; Eutiquio cf.; Emilia de Vialar fdra