COMENTARIO
Eres consciente de que en tu propia persona se agitan ideas, pensamientos y deseos contradictorios. Por una parte, anhelas salir de tu estado de indiferencia, de tu mal humor, de tu inestabilidad psicológica, de tus relaciones superficiales con la gente, incluso con tus seres queridos. Es el mundo de la luz quien actúa en ti de forma continuada. Es un especie de resplandor que te impulsa siempre a salir del mal que existe en ti y a buscar las sendas que le aporten a tu persona horizontes de felicidad.
El mundo de la luz es exigente contigo mismo. Te demanda una y otra vez que abandones lo peor que hay en ti y que, por el contrario, aparezca –desde dentro– toda la riqueza que posees inexplorada e inexplotada para tu propio bien y para el bien de los demás.
Tienes unos talentos maravillosos. Eres tú quien debe darles brillo y que aparezcan ante los ojos de los otros como un homenaje que haces de ti mismo al mundo que te rodea. Es la parábola evangélica de los talentos. No los sofoques por entretenimientos en cosas que no conducen a nada positivo en tu ser.
Y, al mismo tiempo que existe en ti el mundo de la luz, con él coexiste el mundo de la tiniebla o del mal. Es un combate librado cada día en tu interior. Nadie lo conoce excepto Dios.
En esta lucha eres tú quien debe coger el mando para salir airoso del combate. La ayuda de Dios nunca te falta. El nunca defrauda a quienes se confían a su amor. La tiniebla es el enemigo que te hace sentirte apesadumbrado muchas veces. Deseas escalar los puestos de la bondad, de la generosidad, de la castidad... y, sin embargo, a veces, aunque luches, te esclavizan. Recuerda a san Agustín. Tuvo tus mismas dificultades. Se hartó de vivir en el mal y, con humildad, le pedía a Dios: “ Señor, haz que en mi corazón nunca entren las tinieblas”.
Sé una persona luminosa y radiante de virtudes y buenas obras. Quien hace el bien está expuesto a menos peligros y la luz lo invade casi siempre, incluso en los momentos de duda. Lucha, combate sin descanso. Tu vida interior bien merece la pena.
Recuerda:
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“Para la mayoría de los hombres la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan sólo el camino que queda a la espalda” (Thomas Edison)
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“La razón humana es una gota de luz en un lago de tinieblas” (Jean Louis Commerson).
Preguntas:
SANTORAL ROMANO
Ss. Mónica, Margarita vdas.; Marcelino, Juan, Serapión, Pedro, Antusa ms.; Cesáreo, Licerio, Siagrio, Rufo, Narno obs.; Hugo, Sabas, Alejandro ms.; Eulalia v.; Pemón anac.