COMENTARIO
Puede que Dios se haya fijado en ti para que te entregues totalmente a su servicio. No te extrañes. El sigue llamando ayer, hoy y mañana a personas libres para que trabajen con un amor total en el reino evangélico. Si sientes esa llamada, no la rechaces por otros caminos diferentes. Dios te llama para que seas feliz en la comunicación y vivencia de su Evangelio. No pienses tanto en lo que dejas cuanto en lo que ganas estando siempre con él. No tengas miedo. El Espíritu Santo será el guardián de tu vocación. Estará contigo siempre.
Observarás que hay gente que teme dar un sí definitivo a su vida en el matrimonio o en estado de consagración a Dios. Sí, hay gente miedosa y comodona. Postergan la decisión hasta muy tarde. Y mientras tanto cambian de opinión una y mil veces.
Si en tu vida sientes el simple deseo de acoger la presencia de Dios, en lo más profundo de ti se enciende una llama. Esta te conduce directamente a sus brazos de amigo y de Padre. Hoy el Evangelio necesita de brazos, de bocas que lo anuncien a este mundo que, debido a muchas circunstancias, ha aparcado la vida de lo religioso para entregarse simplemente a lo material.
Si te decides, no lo hagas como un refugio. No. Hazlo con la elegancia que merece el Dios que te invita a seguirle de cerca.
Dice el hermano Roger en el margen de la carta: “Son más numerosos de lo que pensamos quienes, al menos una vez en su vida, han deseado una comunión con Dios. Para alimentar esta llama, necesitamos referirnos a oraciones muy breves y repetirlas con frecuencia; ellas expresan a Dios lo más esencial de nuestra espera. «Tú que nos amas, tu perdón y tu presencia son en nosotros una fuente de alabanza». O también: «¡Jesús, ten compasión de mí»”.
Inalterable en el fondo, la oración reviste expresiones muy diferentes. Algunos rezan en silencio, otros con muchas palabras. Santa Teresa de Ávila escribe: “Cuando hablo al Señor, a menudo no sé lo que digo”. Hay quienes rezan con varias palabras, siempre las mismas. En la oración buscamos expresar a Dios aquello que es más personal en nosotros. A veces brota de lo más profundo de nuestra persona una inspiración, una intuición. Sin embargo, no tenemos por qué preocuparnos si no nos viene ninguna palabra. “Cuando nuestros labios están cerrados y nuestra alma está abierta a Dios, nuestro corazón habla de Dios” ( San Agustín).
Sin restar valor a la oración personal, nada lleva tanto a una comunión con Dios como una oración común, entre dos o varias personas, con la belleza del canto. Una alegría inspirada por el Evangelio encuentra ahí una de sus más vivas expresiones.
Si Dios te convoca a que le sigas para siempre, no mires para atrás sino siempre adelante, en la avanzadilla del Evangelio. Este te permitirá atravesar las largas noches con la luz resplandeciente que Dios te da en cada instante. Por favor, no le digas no a tu llamada, porque escoger lo es de todos.
Recuerda:
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“Los presuntuosos se presentan sin ser llamados, los hombres de verdadero mérito prefieren que se les solicite” (Luis G. Bonald, filósofo)
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“De entre todos, el mejor sistema filosófico es el de Jesús: el sistema de la benevolencia –amor gratuito–.” (Carlo Dossi, escritor).
Preguntas:
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¿Por qué no das el sí definitivo a Dios?
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¿Por qué te niegas a una llamada tan original hoy en día?
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¿Por qué no piensas en el seguimiento a Jesús? Te da ya aquí el ciento por ciento de tu trabajo por el Evangelio y... la vida eterna.
SANTORAL ROMANO
Ss. Agilo, Amaltrudis, Bonifacio, Tecla, Gaudencia, Dasio, Fantino, Félix, Adaucto ms.; Loarno, Palmaquino, Pelayo, Arsenio, Silvano cfs.; Rumón ob.; Pedro erm