REFLEXIÓN PERSONAL
Jesús pasaba siempre de la misericordia a la ayuda. Nosotros no siempre. El corazón se nos conmueve fácilmente, pero ayudar a costa de nuestro esfuerzo, no es tan fácil.
¡Estamos ante el misterio del amor: “Dios es amor”!
“Amor al prójimo como a sí mismo”, nos dice Jesús. La referencia es importante. Amarse a sí mismo puede ser como el ensayo para saber cómo amar al prójimo. Aceptarse, acogerse después de un error. Entender nuestros desfallecimientos y retrocesos. Es decir, tener una buena relación con nuestro propio interior, facilita la relación con el otro. Si nos amamos a nosotros mismos correctamente, podremos ocuparnos mejor de las necesidades del hermano.
¿Quién es mi prójimo?... Aquel que necesita de mi ayuda. Jesús respondió con la parábola del buen samaritano (Lc 10,30-37)
Ser generosos, comprensivos y oportunos, al ayudar. Que vuestro amor no sea una farsa. No busquemos salvar las apariencias, que nos mueva la necesidad ajena y la alegría personal de hacer el bien.
Reconocer el amor que Dios nos tiene, experimentar de nuevo lo que Él ha hecho de nosotros, será fuerza y referente para nuestro amor a los demás. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6,36)
ORACIÓN
Señor, amigo de la vida, sácanos de nuestro vivir individualista y cómodo. Ayúdanos a que no veamos una necesidad sin hacerla nuestra. Que sepamos ayudar con alegría y generosidad. Que sepamos, también, dejarnos ayudar.
SANTORAL ROMANO
Ss . Esteban rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, Roque ms.; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano obs.; Tito cf.; Queremón erm.