El Señor bajó en la nube y pasó ante Moisés proclamando: “el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel” (Ex 34,6).
REFLEXIÓN PERSONAL
“Déjame ver tu gloria...” Viene de lejos el deseo del hombre de ver el rostro de Dios. Ya Moisés quiso verlo. ¡Cuantas preguntas, cuántas rebeliones a cuenta de este deseo!
“Mi rostro no lo puedes ver...” No podemos ver el rostro de Dios, nuestra inteligencia no capta más allá de lo que le presentan los sentidos, pero tenemos otras capacidades que pueden ajustarse y experimentar a Dios en nuestra vida, al igual que por intuición se percibe el amor o el agradecimiento del otro.
“Verás mi espalda...” Mi espalda, es decir, la huella que voy dejando en la creación, la que dejo en tu propia vida. Tendrás que estar atento, afinar tu percepción para intuir que por ella pasó Alguien... ¿el amor? Pero mi rostro no lo verás, tendrás que confiarte a los indicios que puedes razonablemente aceptar y puedes –¡ojalá no!– desechar.
“El Señor bajó... pasó ante Moisés proclamando: el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. ¿No es lo que el hombre en su limitación necesita, necesitamos, fidelidad, misericordia? Él nos hizo y es fiel, muchas veces nos lo ha demostrado... pero nosotros quisiéramos ver, palpar.
Cuando pasó el tiempo también Moisés hablaba con Dios “como un hombre con su amigo, cara a cara” (Ex 33, 11). ¿Será ese también nuestro destino?...
ORACIÓN
Oh Señor, Tu eres un Dios escondido pero misericordioso y fiel. ¡Bendito seas!
SANTORAL ROMANO
Ss. Pío X p.; Basa, Teogonio, Agapio, Pisto, Bonoso, Maximiliano, Ciriaca, Donato, Rómulo, Luxurio, Ciselo ms.; Cuadrado, Euprepio, Privado, Juliano, Leoncio obs.; Teocleta, Paterno, Natal cfs.