REFLEXIÓN PERSONAL
Ver a Dios en sus obras para nosotros. Ver su cercanía continua, su ternura. Al igual que se entretuvo modelando el barro de Adán, nos ha diseñado a cada uno con su propia mano. Tenemos nuestro nombre propio, somos únicos para Él. Nos envuelve su Espíritu, su amor. Su mano está siempre junto a la mía, siempre que lo invocamos: “si tu hijo te pide pan, ¿le darás una piedra?”
Magnífico el regalo que nos ha hecho el Padre: ¡ser sus hijos!. Si ha hecho esto por nosotros, ¿qué podrá escatimarnos?...
“Dios nos eligió primero para reproducir los rasgos de su Hijo Jesús”, él anduvo primero nuestro camino, él es la verdad del hombre, en él está la plenitud de la vida: el Espíritu.
Reconocer todo esto, y lo que cada uno sabemos de nuestra propia historia, agradecerlo, celebrarlo..., y aprender de Jesús cómo se ama a los hermanos, cómo se comunica la noticia de toda esta vida de Dios. Eso constituye nuestro ver, aquí y ahora, a Dios. Le vemos en sus obras a favor nuestro.
Poco a poco, paso a paso, partiendo de la realidad personal, sin saltos maratonianos, “como una brisa tenue”, cada día un poco más, cada día un poco más abiertos a Dios.
ORACIÓN
Gracias, Señor, por invitarnos ya a vivir en tu compañía. Gracias por la alegría, la paz, la gloria que nos concedes sin merecerlo. Gracias por Jesús que nos precede, por tu Espíritu que nos acompaña, por concedernos que de algún modo podamos adivinar que eres tú quien nos cuidas.
SANTORAL ROMANO
Ss. Bartolomé ap.; Tación, Cándido ms.; Aurea v.; Jorge Limniota mj.; Audoeno, Patricio, Tolomeo, Román obs.; Eutiquio cf.; Emilia de Vialar fdra.