REFLEXIÓN PERSONAL
La “tierra”, la vida diaria, no puede germinar si el grano permanece entero. Actitudes, creencias, costumbres que han cristalizado mal en nosotros tendrán que morir. Se muere a lo defectuoso, es la transformación exigida para la fecundación.
A simple vista no se descubre la vida que surgirá de una semilla a cambio de su muerte. Mientras sufrimos no sabemos, no descubrimos su sentido, no sabemos a dónde nos conduce el dolor. Sólo cuando surge un diminuto brote verde comprendemos que aquella muerte encerraba vida. ¡Felices los que lloran!
Resulta duro, pero la experiencia enseña que hay un modo de sufrir, de morir, que germina brotando de él un modo mejor de vivir.
ORACIÓN
Señor de la vida, que has creado el tiempo para gozar y el tiempo para llorar, para morir y para vivir. Que no se pierda en nuestro mundo la alegría, que las tinieblas del dolor no apaguen la luz y la vida que renace.
SANTORAL ROMANO
Ss. Sixto II p. y cros. mrs.; Cayetano pb.; Justino, Veriano, Pedro, Julián, Fausto, Carpóforo, Exanto, Casio, Severo, Segundo, ms.; Domecio mj.; Cayetano, Celso, Claudia, Conrado cfs.; Victricio, Donato, Donanciano obs.; Domecio mj.; Alberto carmelita; Abel de Mesopotania.