Respondió el Satán a Yahveh: “¿Es que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!”
Dijo Yahveh al Satán: “Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él”. Y el Satán salió de la presencia de Yahveh (Job, 1, 8-12)
REFLEXIÓN
A Satanás le toca en la Biblia salir siempre de malo. Consigue logros ocasionales –la traición de Judas, por ejemplo– pero normalmente suele salir escaldado, sobre todo cuando se encuentra con Jesús –véase, por ejemplo, las tentaciones en el desierto–.
Aquí hace una especie de apuesta con Dios. Y la va a perder. Porque se enfrenta con una persona, Job, de las que se encuentran muy pocas por mucho que se busquen.
Satanás –o Satán, en esta traducción– comete una equivocación: pensar que si Job pierde sus bienes terrenales va a perder también su confianza en el Dios que se los ha dado. O que, posteriormente, si es vencido por la enfermedad, o pierde a sus hijos, renegará del Dios que permite tanto daño.
Job lo va a pasar mal, muy mal. Pero suya es esa frase que denota todo su carácter: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Hágase su voluntad!”
Tienes más paciencia que Job, se dice de la gente que destaca en esa poco frecuente virtud. Y es que los humanos no solemos andar sobrados de paciencia. Por eso nos quejamos de todo. Si nos salen las cosas mal, porque nos salen mal; si nos salen bien, porque podrían salirnos mejor. Si no conseguimos algo, porque no lo conseguimos; si lo logramos, porque queremos algo más que todavía no hemos logrado.
Yo creo que por eso no tenemos mucho “éxito” en nuestras oraciones y peticiones a Dios: porque no tenemos paciencia. Pedimos algo, pero lo queremos aquí y ahora, no cuando quiere el Señor. Y Él, para quien el tiempo no es un factor determinante, debe mover decepcionado la cabeza pensando que estos hombres y mujeres que creó podrían vivir su vida de un modo menos acelerado.
Y es curioso. Pensad que la paciencia que no tenemos, solemos pedírsela a los demás.
SANTORAL ROMANO
Ss. Urbano V, Anastasio I pp.; Sindimio, Nemesio, Darío, Zósimo, Segundo, Ciriaco, Pablito, Anastasio, Maura, Eusebio, Marcelo, Hipólito, Máximo, Fausta, Polieuto ms.; Gregorio, Crescencio obs.; Protasia v.; Riberto ab.; Timoteo anacoreta.