Menú Cinco Minutos con Dios LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"

Las reflexiones
parten del libro:
"La Sabiduría de
Jesús ben Sirá"

(Eclesiástico)
ENERO 2007
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Por Ángel García Santos, o.p.

Día 20

PALABRAS DEL SABIO

Muchos procuraron obtener un préstamo / y perjudicaron al que les prestó: / hasta conseguirlo le besan las manos, / ante las riquezas del prójimo humillan la voz; / a la hora de devolver dan largas / y piden una prórroga.

 

Importunando apenas recobrará la mitad, / y lo considerará un hallazgo; / en otro caso se quedará sin dinero / y se habrá echado un enemigo de balde, / que le pagará con maldiciones e insultos, / con injurias, en vez de honor. / Muchos se retraen no por maldad, / sino temiendo que lo despojen sin razón.

Con todo, sé generoso con el pobre / no le des largas en la limosna; / por amor a la Ley recibe al menesteroso, / y en su indigencia no lo despidas de vacío; / pierde tu dinero por el hermano y el prójimo, / no lo eches a perder bajo una piedra; / invierte tu tesoro según el mandato del Altísimo, / y te producirá más que el oro (Eclo 29, 4-11).

 

REFLEXIÓN PERSONAL

El que presta dinero a un amigo, pierde dinero y amigo. Ésta es una constatación triste y dolorosa, pero bien real. Por eso si lo que yo quiero es no perder mi dinero, no puedo prestárselo a un amigo, y mucho menos a un desconocido o a un enemigo.

Quizás no me doy cuenta que unas reflexiones como éstas parecerán muy prudentes, pero no son sabias, ya que no me proporcionan la felicidad. Para que el hecho de dar me produzca felicidad, ha de ser hecho sin sentimiento de que dando pierdo algo. Cuando presto algo a alguien, si surge en mí la sensación de que me he quedado sin algo que es mío por dárselo a alguien, entonces no seré feliz. Estaré preocupado pensando si me lo devolverá o no, si se va a aprovechar, o no, de mi generosidad. Eso no es ser feliz, sino aumentar mis pesares y dolores.

El sabio me dice que esa concepción de las cosas es errónea. Es cierto que si presto algo puedo perderlo; incluso es probable que, además de perder el dinero pierda a un amigo, y me cree un enemigo de balde. Es cierto, pero sin embargo hay algo más grande que el dinero, o que hablen mal de mí, y es que actuando con generosidad imito el comportamiento generoso de Dios. Dios sabe bien que no todo hombre agradece el sol o la lluvia que Él le da de balde. Unos puede que sí lo hagan, otros ciertamente no; sin embargo Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. Y si lo hace es porque sabe que el hombre lo necesita para ser feliz, aunque no se lo agradezcan. Su mandato, su Ley, es que seamos tan generosos como Dios. Es el único camino que conduce a la felicidad.

 

SANTORAL ROMANO

Ss. Fructuoso de Tarragona, Eulogio y Augurio, Fabián, Sebastián, Neófito, Eusebio, Eutiquio y Basílides, Mauro, Desiderio, Eutimio, Eusebio...