No vuelvas a estar pensando en él, / desecha su recuerdo y acuérdate del fin; / recuerda su ley, que es la tuya: / él ayer, hoy tú.
No sigas recordándolo, pues no tiene esperanza; / a él no le aprovecha, a ti te perjudicas. / Cuando muere, cesa su memoria; / consuélate una vez que ha muerto (Eclo 38, 16-23)
REFLEXIÓN PERSONAL
Hay momentos en mi vida que dudo de la posibilidad de alcanzar la felicidad. Quizás –pienso– uno pueda llegar a ser feliz en otra vida, pero no aquí en la tierra, donde tanto abunda el dolor y la desgracia. ¿Qué sentido tiene buscar la felicidad cuando, por ejemplo, se muere la persona a la que más quiero? ¿Es posible ser feliz sin ella? ¿No sería una traición a su memoria el querer ser feliz sin ella? Puede pensar que habría de convertirme en un monstruo sin sentimientos para ser feliz en un mundo donde un niño llora, donde un hombre sufre la opresión de la violencia, donde mueren los seres más queridos.
El sabio me dice, sin embargo, que la muerte es una cosa natural, que todo lo que nace alguna vez ha de morir, que la felicidad verdadera no se opone al dolor del que siente la muerte de un ser querido. Se sufre, pero se está en par con ese dolor, porque se le entiende. Y se puede ser feliz en medio de estos sufrimientos, como se puede ser feliz en un mundo tan injusto que viola el derecho de los más pobres.
En la medida en que está en mi mano parar este sufrimiento, mi felicidad consistirá en detenerlo. Pero si es algo que no está en mi mano, mi felicidad consistirá en aceptarlo. ¿Qué puedo yo hacer cuando se muere un ser querido? ¿Puedo evitarlo? Y si no pude evitarlo, ¿cómo su aceptación me hará feliz? No lo sé: quizás recordando que yo también he de morir un día, ¡y qué pérdida de tiempo habrá sido mi vida si cuando llego a la muerte no he conseguido ser todavía feliz!
SANTORAL ROMANO
La Conversión de san Pablo. Ss. Ananías, Proyecto, Juventino, Maximino, Donato, Ágape, Amarino, Elpidio, Saturo, Tito, Floro, Popón, Bretanión, Elvira...