REFLEXIÓN PERSONAL
Cuando era joven creía que la felicidad consistía en tener una buena carrera, que me permitiese ocupar un buen puesto en la sociedad; así ganaría un buen sueldo, me casaría con una hermosa y prudente mujer, tendría hijos hermosos e inteligentes... La verdad es que no he alcanzado ninguno de esos objetivos, y no pienso que fuese más feliz si hubiese realizado lo que de joven planeaba.
A diferencia mía, hay personas que desde jóvenes han buscado la sabiduría. Han puesto todo su empeño en descubrir esa senda que conduce a la felicidad. Han sido capaces de ir a donde fuese necesario para escuchar la enseñanza de un maestro que le pudiese abrir las puertas de la sensatez y del juicio. Han sido capaces de entrar valerosamente por el camino que han descubierto, y haciendo esto, han alcanzado la sabiduría, la verdadera sabiduría, aquella que proporciona la felicidad.
El sabio recuerda sus años mozos. Pero no para vanagloriarse de ellos, sino para enseñarnos a nosotros cómo hemos de comportarnos si, como él, queremos hacer un buen negocio con nuestra vida. Y su corazón se muestra agradecido a su maestro, al que tanto le enseñó. Haría yo bien si escuchase con atención sus palabras; si expresase mi agradecimiento a quien se ha preocupado para que yo obtenga la felicidad. Y el mejor modo de agradecer al maestro los favores que te hace consiste en hacer caso a sus enseñanzas: convirtiéndose uno también en maestro para poder ayudar a los demás.
SANTORAL ROMANO
Ss. Gelasio, Valero, Sulpicio Severo, Potamión, Constancio, Papías, Sarbelio, Seustio, Mauro, Radegunda, Cesáreo,...