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con Dios
LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"

 

FEBRERO 2005
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Por Sor Mª Ángeles Calleja, o.p.

DÍA 28

¿VIDA O MUERTE?... TÚ ELIGES

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche”
(Sal 1, 1-2).

El ser humano permanentemente se sitúa frente a la decisión de escoger, optar por. Dos caminos se le ofertan y pujan por ser elegidos: “ Mira, yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal” (Dt 30, 15).

Como cristianos, la pregunta clave podría ser la siguiente: ¿Quiero secundar el Proyecto del Padre para conmigo –senda del bien, por lo tanto, de vida– u opto por satisfacer mis propias expectativas, necesidades, pulsiones, lo cual –la mayoría de las veces– traerá aparejado el mal y con ello, la muerte (malestar, zozobra, desarmonía, tristeza, etc)?

Desde ya, es necesario apuntar que la cuestión que tratamos –la de vivir la vida y no la de sobrevivir– no se consigue de una vez por todas, como si se tratara de darnos unos golpecitos con una varita mágica en la cabeza y en el corazón. ¡Qué va!, la cosa es mucho más ardua y, por cierto, más emocionante, por la aventura que reviste: la de aprender a vivir, lo que conlleva un aprender a discernir, cuestionar... en definitiva: pensar , esa facultad tan extraordinaria y hermosa con la que Dios dotó al ser humano.

Así pues, ante el hombre se perfilan dos rutas, dos itinerarios, antagónicos entre sí:

  • Senda de la desgracia: aquella que es transitada por los corazones que no tienen y/o no quieren tener la capacidad agradecida de admirarse ante Dios cada día y de vivir la fraternidad con alegría y gratuidad. En definitiva, vivir de espaldas a Dios.
  • Senda de la dicha: ruta escogida por aquellas personas cuyo gozo está puesto en escrutar, conocer, meditar e intentar encarnar en su propia vida la Palabra del Señor: “Has dado bienes a tu siervo con tus palabras. Enséñame a gustar y a comprender, porque me fío de tus mandatos” (Sal 118, 65-66)

Hoy que está tan de moda todo lo que hace referencia a la “calidad de vida”, queremos poner el acento en que la consecución de ésta, no sólo viene de la mano por la promoción de una serie de mejoras en lo tocante a bienes materiales y/o físicos, si no también, y muy fundamental, a todo lo relacionado con la salud mental; y ésta se enmarca en aprender a pensar bien . Ya lo dice la máxima: “ Pienso bien. Me siento bien” (interrelación pensamiento-emoción).

De ahí, que la Palabra meditada por el hombre, sea fuente de gozo para éste, ya que tiene su origen en el mismo Dios: “A l recibir la palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece activa en vosotros, los creyentes” (1 Ts 2,13). Es por ello, que la Palabra genera estrategias de pensamiento que se concretizan en nuevas pautas de conducta. Nace la nueva criatura: “El que es de Cristo es una nueva criatura. Lo antiguo ya ha pasado, lo nuevo ya ha comenzado ya” (2 Co 5,17).

Con lo apuntado, sólo cabe decir: ¡Ánimo y adelante!, para que en nuestro cada hoy, sepamos patear las sendas que son manantial de vida. Para ello, tenemos una inmejorable compañera y guía: la SAGRADA ESCRITURA.

Señor, regálame la audacia para buscar y hacer siempre el bien

SANTORAL ROMANO

Ss. Macario, Abercio, Rufino, Justo, Teófilo, Cereal, Púpulo, Cayo, Serapión ms.; Barso, Ovaldo obs.; Román ab.; Basilio mj.