A diario, la sangre inocente de millares de hermanos nuestros clama justicia. Y no sólo es el clamor de los hombres y mujeres que entierran a sus muertos, existe también un clamor —oprimido, la mayoría de la veces— de muchas personas que en vida son amordazados por “fuertes”, confinándoles a malvivir, privándoles de lo que por justicia es suyo.
¿Hasta cuándo va a primar la ley de los prepotentes?... ¿Hasta cuándo vamos a seguir escuchando el cuento, de que la solución al “problema” demográfico está en diseñar y poner en práctica controles de natalidad; en reuniones y más reuniones; en Cumbres de Naciones que diseñan programas que la mayoría de las veces no pasan de ser papeles escritos?...
Cada día, a cada momento, Dios Padre nos pregunta a cada uno: “¿Dónde está tu hermano?” Esta pregunta no nos puede dejar indiferentes, exige una respuesta traducida en un compromiso de vida . No puedo, ni debo, ni quiero — escribía B. Häring — ser cómplice de “ un mundo que pone toda su confianza en lo factible y organizable, en el progreso de la técnica y las ciencias empíricas, haciéndose a sí mismo cada vez más incapaz de conocer y aceptar el nombre de Jesús”.
“El hombre es plenamente humano
cuando está unido a Dios y transformado en Él,
y mientras viva escindido de su origen,
la soledad, el vacío y la carencia reinarán en su ser contingente”
(Fr. Antonio Mª Martín)
SANTORAL ROMANO
Ss. Eulalia v.; Modesto, Cándido, Damián, Julián, Ammonio ms.; Melecio, Antonio,
Benedicto, Gaudencio obs.; Anastasio mj.; Bto. Reginaldo, o.p.