“¿Quién decís que soy yo?” Esta pregunta “lleva a sus espaldas” 2000 años de historia habiendo recibido las respuestas más variopintas. No es ésta una pregunta impersonal, no es una pregunta para “masas”, ¡no!; es una pregunta personalizada: para ti, para mí y dependiendo de la respuesta que le demos, nuestra vida tomará una u otra dirección.
¡Bendito! el hombre cuya boca proclama lo que nace por la fe en su corazón: “Tú eres el Cristo” . Confesar que Jesús es el Cristo es apuntarse a la fila de los que creen en la vida, porque siguen al que dijo de sí mismo: YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.
Confesar que Jesús es el Único Señor, es estar dispuesto a dar la vida –cruenta o incruentamente — por la Buena Noticia, porque sabemos que “gratis la hemos recibido y se nos invita a darla gratis” (Mt 10,8); porque creemos que dando la vida — por Jesús y por el Evangelio — no la perdemos, sino que la ganamos. A este respecto se cuestionaba Napoleón: “Alejandro Magno, César Augusto y yo fundamos grandes imperios por medio de la fuerza y, después de muertos no tenemos ningún amigo. Cristo fundó su Reino sobre el amor y, aun hoy en día, millones de hombres irían por él voluntariamente a la muerte”.
¡Señor Jesús, Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!
SANTORAL ROMANO
Ss. Claudio de la Colombière; Saturnino, Cástulo, Lucio, Magno, Agape, Cástula y Domnina,
Faustino y Jovita ms.; Quinidio, Decoroso obs.; Severo pb.; José dc.; Eusebio anac.