De entrada y con toda razón, podríamos pensar que es éste, un texto durísimo, pues ordena a la criatura abandonar a sus progenitores por una tercera persona. Este mandato se da de “bofetadas” con el cuarto mandamiento que nos dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre”
¿Qué pensar? Aunque este texto nos describe el origen del matrimonio en los planes de Dios, me “atrevo” a hacer una lectura de él, desde la perspectiva de las diversas vocaciones a las que el Padre, de forma personal e intransferible, llama a cada persona. Me explico. Ese abandono del padre y de la madre ¿no irá más allá de los progenitores? ¿No será acaso un abandonar ese “resto” que todos en mayor o en menor medida llevamos en lo más profundo de nuestro ser y que en definitiva nos mantiene en una cierta desarmonía? ¿No serán esos dos pueblos (padre-madre) que cohabitan en nosotros, pero que por ser antagónicos, nos zarandean para llevarnos a su terreno y nos mantienen en una alta tensión? Pueblos enfrentados que sólo pueden unificarse en el Hombre Nuevo, CRISTO JESÚS, quien según san Pablo: “De los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y sus decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo” (Ef 2,14-15)
La armonía en la criatura se da como resultado de la compenetración del hombre-mujer en una sola carne: “El que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado ya” (2 Co 5,17). Uno puede dejar muchas cosas en el camino y hasta hacer grandes opciones, pero si en ese caminar no vamos aligerando cada día nuestra mochila de las cosas que nos tienen esclavos, somos los más desgraciados, porque la unificación de nuestro ser, seguirá siendo asignatura pendiente, y con ello, nuestro Proyecto de Felicidad.
Señor, que tu Luz nos enseñe a eliminar problemas,
a vivir sin problemas;
pues sólo el AMOR es lo único que no es un problema.
SANTORAL ROMANO
Ss. Jerónimo Emiliano pb.; Juan de Mata fd.; Pablo, Lucio, Ciriaco, Dionisio, Quinta, Emiliano, Sebastián, Filadelfo y Policarpo ms.; Juvencio, Honorato, ob.; Esteban ab.