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con Dios
LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"

FEBRERO 2007

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Por Sor Mª Ángeles del Corazón de Jesús,
Monja dominica contemplativa

DÍA 9

“ PECCATA MINUTA ”

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yhaveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: “¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?.” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.

Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.” Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió (Gn 3,1-7).

Este relato nos presenta el gran drama de la humanidad: el pecado. Por cierto, es algo que hoy parece dar grima a las personas y por ello, o bien lo obvian, o bien lo cargan en la cuenta de los “haberes sociales”, con lo cual, quedan libres de toda responsabilidad propia. Este relato es tu historia, mi historia, nuestra historia.

Varios protagonistas en escena: la criatura humana; el instigador, tentador, que trae consigo lo que le es propio por naturaleza: la mentira . Y la cosa que es presentada como apetitosa, y por ello, genera el deseo de ser poseída.

Es curioso, antes de aparecer el instigador, la criatura humana se encuentra feliz y gozosa con todo lo que el Creador le ha regalado para que lo disfrute. El problema surge cuando se siente insatisfecho con lo que posee. Ésta es una insatisfacción insana, pues lejos de conducirle a sentirse “logrado” con lo que es y tiene, le pone “en bandeja” al instigador sus argucias, con las que mareará a las personas hasta hacerlas caer en el pecado. ¿Qué hacer entonces?... ¿Desanimarse?... ¿Pasar del rollo del pecado, como si tal cosa? Nada de eso. Escribe San Pablo: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20). Por tanto, no habrá que sucumbir al pecado, sino superarlo con la gracia.

“Hay una cosa que es realmente mía: la pequeñez, la debilidad, la miseria, la impotencia. Y tengo tanta abundancia de ella, que es imposible que no sirva para alguna cosa. Hay que pensar en ello, hay que explotar este inmenso capital. ¿Es posible que la ola de fuego, llamado pecado, que ha invadido el mundo casi desde el origen del hombre y que en ciertos instantes adquiere proporciones gigantescas y espantosas, sea un material inútil para la omnipotencia de Dios? ¿Es posible que la debilidad, en sus formas tan generales de cansancio, vejez, enfermedad, incapacidad, error, muerte, sea sólo algo que me aplasta sin tener dentro de sí algún poder escondido?” (C. Carretto).

 

“¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 50)

 

SANTORAL ROMANO

Ss. Apolonia, Alejandro, Ammonio, Nicéforo, Primo y Donato dcs.; Marta, María y Licarión ms.; Sabino ob.; Miguel Febres cfs.; Emiliano erm.; Reinaldo, Conrado mjs.