REFLEXIÓN
Resulta significativo que el saludo de Jesús, después de resucitado, sea siempre el mismo: «¡Paz! ¡Paz a vosotros!» ¿Por qué?... Porque lamentablemente uno de los males que azota la vida humana es la inquietud, el desasosiego, la zozobra, la angustia y la desazón que se producen en nuestro interior cuando perdemos el rumbo y la orientación que Dios ha dado a nuestra existencia e invertimos la escala de valores. Entonces en nuestro corazón se producen vacíos. Nada ni nadie nos contenta y satisface, y nos lanzamos a los bienes terrenos buscando dónde agarrarnos, pero nada nos llena: ni el dinero, ni el poder, ni el figurar, ni el poseer muchos bienes. Sólo la paz interior, la paz que resulta de encontrarse uno a gusto consigo mismo, la paz que viene del Espíritu, la paz de sentirse uno bien con los demás, sólo esa paz nos resucita y nos hace felices. Por eso Jesús nos desea la paz: la Paz del Amor, la Paz de la Justicia, la Paz de la Verdad.
ORACIÓN
Señor, ayúdame a vivir en paz contigo,
conmigo mismo y con mi prójimo.
Que en todos los ambientes sea un instrumento de tu Paz.
SANTORAL ROMANO
SS. Bernabé, ap.; Félix, Fortunato ms.; Remberto, Apolo obs.; Alejo, Aleida, Juan, Teófilo cfr.; Hugo ab.; Parisio mj.