REFLEXIÓN
Todos sabemos cuán necesaria es la sal para la vida humana. Incluso ha habido guerras por ella. Al decir Jesús que sus discípulos han de ser sal, quiere significar algo mucho más importante aún. Éstos, con su comportamiento diario, están llamados a ayudar a otros, a saborear la vida que el Creador nos ha dado y a gustar el mensaje de Cristo, convirtiéndose ellos mismos en sal, es decir, en portadores de su mensaje de salvación. Por eso los verdaderos discípulos de Jesús no deben ser tibios en sus creencias, porque entonces se volverían insípidos y sin ninguna fuerza de convicción. Y esta convicción se manifiesta por las obras, no sólo por las palabras. Por nuestra forma de vivir y comportarnos nos conocerán como discípulos suyos, y convenceremos donde quiera que sea.
Jesús nos compara también con la luz. Cuán necesaria y bella es la luz. Donde hay luz hay alegría, visibilidad y estabilidad. La luz del sol, de las estrellas, de las velas..., cuánto calor y compañía nos hacen. Así hemos de ser los discípulos de Cristo: calor y luz para los demás.
ORACIÓN
Señor, que nuestra vida sea sal,
que ayude a saborear los bienes que nos comunicas,
y que sea también luz que ilumine el sendero que conduce hacia ti.
SANTORAL ROMANO
Ss. Antonio de Padua pb. y dr.; Ana, Juan, Antipatro, Arnobio, Pedro, Asquirión, Argénides, Belfijo cfs.; Fándila, Felícula, Aquilina vs.; Aventino, Primo, Feliciano, Concorde, Fortunato, Luciano ms.; Trifilio, Prisco, Ceteo obs.; Jacobo mj.