El buen hombre le contestó con una débil sonrisa: Pienso que en ella está sentado Jesús. Estaba hablando con él. Hace años me era dificilísimo pensar en la oración. Hasta que un amigo me descubrió que la oración consiste en hablar con Jesús. Así que ahora me imagino que es Jesús el que está sentado en la silla a mi lado. Le hablo, le escucho y pienso en lo que me dice. Desde entonces jamás se me ha hecho difícil orar.
Unos días después, se presentó en el despacho parroquial la hija del anciano para comunicarle que su padre había muerto. Le dijo: Lo dejé sólo un par de horas. Al volver a su habitación, lo encontré muerto con la cabeza apoyada en la silla vacía que tenía siempre al lado de su cama” (Bruno Ferrero, “La silla vacía y otras historias”)
Sueño con tener siempre un amigo a mi lado, dispuesto a escucharme.
Sueño con tener cerca un hombro donde yo pueda reclinar mi cabeza.
Sueño con alguien preparado siempre para escucharme.
Sueño con unos brazos fuertes, delicados, prestos a acogerme, a abrazarme.
Sueño con unas manos que enjuguen mis lágrimas.
Sueño con una mirada, de un rostro amable, que calme mis iras y enfados.
Sueño con tener siempre a mi lado un corazón dispuesto a amarme, sin condiciones.
Sueño con tenerte siempre, Señor, a mi lado...
¿Por qué no tendré yo una silla vacía en mi habitación?...
SANTORAL ROMANO
Ss. Ignacio de Loyola; Banto, Beato, Juan, Benigno, Goselino, Natal, Eudócimo cfs.; Calimero, Folamón, Firmo, Germán, Pedro obs.; Demócrito, Segundo, Dionisio ms.