| ...Ah –dijo Merlín– no nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. ¿Os habéis preguntado por qué?...” (R. Fisher. “El caballero de la armadura oxidada”).
¡Hija, siempre te estas quejando!...
¿Yo?... ¿De qué me quejo?... ¿Tal vez de que...
Las cosas no se hacen como YO quiero...
De que las personas no me aceptan como YO quisiera...
De que mi trabajo no se valora como YO merezco...
De que mi cuerpo no funciona como A MI me gustaría...
De que los demás no responden A MIS deseos rápidamente...
De que los demás no son tan atentos conmigo como YO desearía...
De que no dispongo de tiempo para MI...
De que no se me alaba cuando YO hago las cosas bien...
De que no se me agradece lo que YO hago por los demás...
De que nadie se fija en MI...
De que los otros no ME dedican suficiente tiempo...
De que no gira todo en torno a MI...
De que los demás no son tan desinteresados como YO...
De que sólo trabajo YO...
De que si no fuera por MI, el mundo dejaría de funcionar...
De que...
Pues es verdad, Señor. Siempre me estoy quejando. Y esto va generando en mí resentimiento hacia los demás. Y el resentimiento no deja que la alegría brote. Y el resentimiento lleva a la falta de amor, al egoísmo. Y el resentimiento me aleja de Ti.
Y fuera de Ti..., ¿qué hay?...
SANTORAL ROMANO
Ss. Juan Gualberto ab.; Andrés, Probo, Lucio, Marciana, Miguel, Félix, Nabor, Proclo, Hilario ms.; Teodoro, Juan protomártires rusos; Ansbaldo, Arduino, Ultán, Colman, Dagila, Desiderio cfs.; Hermágoras, Menulfo, Jasón, Partenio obs.; Fortunato dc.; León I ab. |