| Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. Y también con él estaba de acuerdo, y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.
Pero un día me dijo: “NO CAMBIES. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.
Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: “NO CAMBIES. NO CAMBIES. NO CAMBIES... TE QUIERO...”.
Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y ¡ oh maravilla!, cambié. (A. de Mello, en “El canto del pájaro”)
Tú, mi Amigo, ¿acaso me quieres como soy?... ¿Tienes idea de lo que eso significa?... ¡Si no me quiero ni yo!... ¿Qué tengo yo que Tú puedas querer?... Grande y pequeño, rico y pobre a la vez; tierno y al momento insensible y arisco; el más desprendido y generoso del mundo, a veces, y otras, las más, interesado y egoísta; unas veces amo intensamente, y otras, odio con fuerza, olvido, ignoro; unas veces perdono, y otras me muestro inflexible; trabajador y maestro en el arte del “escaqueo”; comprensivo y duro; discreto e imprudente; lleno, y al momento vacío; luchador y derrotado... CONTRADICTORIO.
“TE QUIERO ASÍ”, me dices. Y lo dices sonriendo. Y lo dices con los brazos abiertos y con el corazón disponible. Mirándome a la cara.
¿Tan importante soy para Ti, Señor, como para quererme entero?...
SANTORAL ROMANO
Ss. Ambrosio, Antonio, Arsenio, Macrina, Teodoro, Osén, Pedro Crisci cfs.; Áurea, Epafra, Macedonio, Justa, Rufina, Lampiros, Lilaria, Tecla ms.; Reticio, Bernoldo, Liberio, Lorenzo, obs.; Simaco p. |