| La cara y las manos sucias. Mal vestido, peor alimentado, con cara triste, pero... con un brillo especial en los ojos, con una mirada diferente a los demás, con una suave sonrisa en los labios. Extendiendo su mano me dice: “DAME ALGO”.
Pero yo tengo prisa, acelero y paso de largo.
¿Esa mirada?, ¿esa cara?, ¿ esa sonrisa?, ¿ esa mano extendida?... ¡ TÚ, Señor!...
Tú en la mirada del pobre, Tú en su sonrisa, Tú en las manos del necesitado, Tú que me pides limosna, algo de lo mío, algo de lo que tengo... porque Tú me lo has dado.
Y yo tenía prisa, he acelerado y he pasado de largo...
¿Cuántas veces has de aparecer ante mí, extendiéndome tu mano y llamando a mi corazón para que me dé cuenta de tu presencia?... ¿Cuántas veces has de pasar hambre y necesidad para que pueda verte?... ¿Cuántas veces has de gritarme, en voz baja, que me necesitas, para que pueda oírte?...
Desde mi vida acomodada, desde mis obras socialmente correctas, desde mis necesidades cubiertas... pienso que todo está bien. Y hasta pienso que los pobres son... otros.
Pero Tú no estás bien cuando hay gente que sufre y otros, los tuyos, pasamos de largo. Esa mano extendida me abre los ojos, Señor. Nada valgo si no es por Ti y para Ti. Nada tengo si no es por Ti y para Ti. Mi vida no tiene sentido si no la pongo en tus manos, a tu servicio, si no te la entrego. Cuando lo haga y alguien extienda su mano y me diga: “DAME ALGO”, seguro que no tendré prisa, seguro que no pasaré de largo.
SANTORAL ROMANO
Ss. Lorenzo de Brindis pb. y dr.; Abamón, Víctor, Elio, Adrián, Práxedes, Julia, Claudio, Justo ms.; Arbogasto ab.; Domnino, Ignacio, Crimoaldo, Gondulfo cfs.; Zótico ob.; Reinilda v.; Juan mj.; Daniel prof. |