| Cuando más seguros veo mis pasos por la vida, cuando más segura estoy de que el camino discurre sin problemas, cuando más segura estoy de que he logrado sembrar a mi alrededor tranquilidad, buena convivencia, cordialidad..., al menor descuido, salta una chispa y un fuego fuerte, destructor, insolente y enemigo, convierte en cenizas toda esa seguridad, toda esa tranquilidad. Y dentro de mí, aparece entonces el fantasma del fracaso, de la impotencia, de la rabia, de la culpabilidad.
Hoy he vivido uno de esos “incendios”. En cuestión de segundos una velada tranquila, agradable, distendida y enriquecedora, ha derivado, sin saber cómo ni por qué, en gritos, pelea y más gritos. Y otra vez el amargo sabor del fracaso, de la impotencia, del dolor. Todo lo construido se viene abajo. El fuego destruye todo lo que encuentra a su paso: la alegría, la amistad, la sinceridad, la reciprocidad, la fraternidad... el amor.
Señor, Tú sabes lo que cuesta construir la paz, la convivencia, incluso (o tal vez más) en nuestros hogares. Lo sabes porque lo viviste y también porque yo te lo he contado muchas veces, porque has visto mis lágrimas, mis noches sin dormir. Has visto mi corazón dolido ante situaciones de inquietud, de intransigencia, de imposición, de enemistad. ¿Qué puedo hacer?... ¿De verdad todo se quema?...
Cuando, tras un incendio, las brigadas forestales vuelven al monte, no sólo van en busca de posibles nuevos focos de fuego para atajarlos, sino también en busca de árboles, plantas o animales a los que les quede un mínimo rescoldo de vida. Y siempre encuentran algo por lo que seguir luchando. Algo que cuidar para que siga viviendo.
Ayúdame, Señor, a seguir buscando rescoldos de vida, a estar alerta ante el fuego para apagarlo a tiempo, a seguir trabajando por la paz allí dónde me encuentre.
SANTORAL ROMANO
Ss. Brígida, Ana, Rómula, Redenta, Erúndina vs.; Trófimo, Teófilo, Vicente, Raveno, Rasifo, Apolonio, Eugenio, Primitiva ms.; Casiano, Hidulfo, Lasar, Olimpio, Brígida cfs.; Apolinar, Liborio, Plenmondo, Vodino obs. |