| Después de verte ayer en mi amigo emigrante no puedo simplemente abandonarme a la alegría de haberte visto, no puedo estar quieto y callado. Necesito proclamarte, defenderte, ayudarte... Necesito sentirte mi hermano y que Tú sientas que yo lo soy tuyo.
Debo ser la voz que no tienes, proclamando tus derechos, desde los más elementales; tus derechos pisoteados por nuestra intransigencia, nuestra injusticia que te esclaviza, nuestro racismo que nos hace creer en diferencias que nos hacen superiores a Ti.
Debo ser tu presencia física en aquellos lugares en los que no te dejamos entrar por ser diferente, a los que no te invitamos para no compartir perdiendo así nuestros privilegios.
Debo ser tu abogado en las causas que abrimos contra Ti por tu mera presencia entre nosotros, por denunciarte cuando intentas vivir junto a nosotros, por negar tu existencia en nuestro mundo.
Debo ser el hermano, el hijo, el padre, que dejaste en tu tierra, el amigo que te escucha y te ayuda, el hombre que te comprende y comprende tu situación.
He de ayudarte a mejorar las condiciones de tu vida, a traer a tu familia contigo, a escolarizar a tus hijos, a buscarte trabajo digno y justamente remunerado.
En definitiva, he de amarte.
Otra vez, como tantas otras, necesito tu ayuda, Señor.
SANTORAL ROMANO
Ss. Arnaldo ob.; Bertoldo, Conrado abs.; Clemente, Celio, Nemesio, Simeón estilita cfs.; Eterio, Félix, Mauro, Desiderato, Valeriano obs.; Jorge, Aurelio, Natalia, Liliosa, Julia, Jocunda, Sergio, Pantaleón ms.; Bto. Roberto Nutre, o.p. |