REFLEXIÓN
El sermón de las bienaventuranzas es todo un programa de vida para la humanidad. Si los hombres fuéramos capaces de vivir de acuerdo con ese programa, cada día el mundo sería más humano, más bello, más justo y más habitable. Para ello será preciso cambiar muchas actitudes y compromisos, trabajando y colaborando todos de verdad en la realización de ese programa.
Es evidente que Dios no quiere la pobreza por la pobreza, como tampoco quiere las injusticias y las desigualdades tan enormes que existen en la sociedad. Dios no quiere que existan tantos ricos, poderosos y dominadores, a costa de pueblos enteros que viven en la miseria y la marginación. Lo que Dios quiere son unas relaciones humanas fundamentadas en la justicia equitativa y en una equilibrada distribución de los bienes de la tierra. La pobreza que Jesús recomienda es una pobreza de espíritu, una actitud y un ejercicio constante del desprendimiento y de la generosidad en favor de los más demás. Y para ello es necesario desnudarse del egoísmo y de la ambición, hacerse pobre, humilde y sincero con todos, compartiendo los bienes que poseemos con nuestros semejantes.
El Señor llama también dichosos a los que lloran por su causa. Hay mucho llanto y mucho dolor en el mundo, producidos por las desgracias, las enfermedades y los reveses de la vida, pero, sobre todo, por las injusticias y las intolerancias reinantes. Dios no quiere para los hombres tanto sufrimiento. Jesús, durante su vida terrena, trabajó siempre por el bien y la paz de los que encontraba por pueblos y ciudades. Por paradójico que parezca, el hombre es uno de los destructores del propio hombre. Es él quien con sus egoísmos, sus ambiciones de poder, sus intransigencias y sus fanatismos produce el llanto, el dolor y la amargura de muchos seres humanos. Por eso Jesús presenta a su Padre como el gran consolador de los que lloran.
ORACIÓN
Jesús ayúdame a vivir cada día el espíritu de las bienaventuranzas
para colaborar en la transformación de un mundo,
donde reine la paz, el amor, la convivencia, la concordia y la belleza.
SANTORAL ROMANO
SS. Juan de Sahagún cf.; León III p.; Olimpio, Anfión, Nicolás, Esquilo, Geroboldo obs.; Antonina, Basílides, Cirino, Nabor, Nazarino ss.; Onofre anac.; Plácido ab.; Bto. Esteban Bandelli, o.p.