Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 16-20).
REFLEXIÓN
El Señor nos encargó y confió la misión de ser apóstoles, sobre todo, de su mensaje de amor. Ser apóstol es, antes que nada, realizar nuestra existencia desde el dinamismo de la fe. Es responsabilizarnos del encargo recibido de hacer que el amor de Dios penetre en la vida cotidiana. Es responder a la llamada de Dios que me empuja a meterme entre la gente para preocuparme de sus problemas. Ser apóstol no es tanto hablar de Dios, cuanto vivir de Él y transmitir esa vivencia a los que me rodean. Ser apóstol es tener un corazón cargado y rebosante de amor que lo transmita a todos. Si fuéramos capaces de caminar por el mundo con esta actitud de vida, habríamos cumplido la misión del Señor: «Id por todo el mundo enseñando a los hombres a guardar todo lo que yo os he mandado». Así demostraremos además, como verdaderos testigos de Jesús, que el Dios-Amor está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
ORACIÓN
Señor, quiero ser un auténtico apóstol y mensajero tuyo:
que toda mi razón de ser consista en VIVIRTE a tope,
más que en sólo hablar de ti.
SANTORAL ROMANO
Ss. Marcos, Marceliano, Ciriaco, Paula, Leoncio, Eterio, Germán, Paulino, Equicio, Teódulo, Martiria, Félix, Emilio, Crispín ms.; Amando ob.; Marina s.; Erasmo anac.